Punto de equilibrio

Patriotas a la fuerza

La palabra ‘patria’ sólo puede ser utilizada ahora por las minorías nacionalistas, tal vez por el  superlativo y a la vez manido uso que se le dio durante el franquismo, que provoca que ahora no pueda ser empleada en términos estatales sin que se sienta mal todo ese regionalismo periférico y un buen sector de la izquierda. Probablemente, España es el único caso mundial en el que ocurre esto. Lo cuentas en Francia o Chile y alucinan.

No pasa nada, seguramente toca buscar en el Siglo XXI otro concepto para el “lugar, ciudad o país en que se ha nacido”, según define la Real Academia Española de la Lengua el concepto ‘patria’. Es innegable que el lenguaje evoluciona con la sociedad, aunque la definición de la RAE parece bastante inofensiva.

Lo malo es que quien suele invocar más veces al patriotismo siempre es alguien que va de salvapatrias; una especie de Mesías que se ríe de su gente envolviéndola en la bandera. Así se ha escrito la historia y se sigue escribiendo, porque el ser humano tropieza continuamente en las mismas piedras.

Pero toca especialmente las narices que esto, además, lo hagan exprimiéndote el bolsillo. Es lo que ha ocurrido con los llamados ‘bonos patrióticos’, emitidos por varias comunidades autónomas haciendo un llamamiento a sus ciudadanos a que pongan dinero porque Madrid se lo roba. Ni una mención, claro, a la mala gestión de lo público en origen y menos todavía a los casos de corrupción.

Después de emitir estos activos con tanta sensibilidad nacional, las autonomìas se han visto obligadas a pedir un rescate al estado, a través del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), capitalizado por el Tesoro con deuda pública que recae sobre los hombros de toda la sociedad. 

Los más penosos

Entre las que han pedido un SOS a Madrid están Cataluña, Andalucía y Valencia. Merece la pena detenerse en estas tres regiones porque sus circunstancias son las más penosas de toda la piel de toro. La primera, solicitó dinero al FLA a la vez que hacía oficial su propuesta independentista. Sus gobernantes hicieron un llamamiento que pretendió ser histórico, metiendo a la región en un proceso rupturista híper convulso del que se ha salido con un govern todavía más inestable, que amenaza con una crisis institucional en toda regla. Una jugada para los anales. Seguramente, el mayor ridículo de la historia de la democracia. 

Artur Mas tiene ganas de romper con España. Eso jura y perjura, entre otras cosas porque es la única vía que tiene para evitar que el partido le fulmine, cosa que inevitablemente deberá pasar más pronto que tarde. Mientras, ha anunciado el inicio de un proceso híper complicado desde todos los puntos de vista: pone en jaque el derecho constitucional, también el internacional (cada uno tiene su teoría personal sobre cómo quedará el marco europeo), por no hablar del mercado único y, sobre todo y más importante, afecta a las personas, que son lo importante. En Cataluña se ha elevado el grado de tensión hasta ponerse los odios a flor de piel entre familiares, amigos, vecinos… compatriotas (con perdón) ¿Era necesario? ¿Merece la pena? ¿Es técnicamente posible la separación de dos territorios tan absolutamente entrelazados el uno con el otro? Una vez mezcladas dos arenas distintas ¿se pueden volver a separar?

Patriotismo al 5,25%... para todos

El caso es que mientras ese debate político hierve en la sociedad, toda España se tiene que hacer cargo de esos bonos patrióticos emitidos a 24 meses y con tipos de interés del 5,25% que han colocado Cataluña y otras más.

Lo mismo vale para Andalucía, que se vio obligada a sacar bandera blanca al FLA por 600 millones que vencían en octubre; al 4,25%, pero en marzo ya tiene otros 369 millones al 5% y también a 12 meses. Casi 1.000 millones, también con unos enormes extratipos, pues conviene recordar que un 5% se abona en España por un bono del Tesoro a 10 años y en este caso se ha ofrecido a sólo 12 meses.

Pura pólvora del rey, que no era otra cosa más que un alarde de orgullo (por calificar esa emisión de la manera más amable posible) y que recae ahora sobre los hombros de los españoles, que a su vez continúan sin grandes novedades sobre el escándalo de los Ere de la Junta, de Invercaria, del tres per cent, de la Gurtel, de...

De Valencia, región fantasma, casi mejor no hablamos. De la Fórmula 1 y la Copa de América, a cómo quedarse sin bancos ni cajas de ahorros, ni proyectos empresariales, ni ladrilleros ilustres, ni... También pasó por caja. 

Presión asfixiante

De lo que sí hay que hablar y además, conviene insistir a diario, es que a los españoles les ha comenzado el año 2013 con subidas sobre la fiscalidad de las plusvalías, anulación de la deducción por cuenta vivienda o compra de vivienda habitual, endurecimiento fiscal a las indemnizaciones, así como a las aportaciones a los planes de pensiones de empleo; anulación de los incentivos al alquiler de vivienda como pago en especie, impuestos a los premios por loterías, gravamen especial sobre bienes inmuebles y recuperación del impuesto de sociedades en casi todas las regiones.

A esto, súmese subidas en la tarifa de la luz que nos van a llegar ya y otras ideas que están sobre la mesa y pueden irrumpir por sorpresa en cualquier 'viernes de consejo' como los peajes en autovías, los impuestos a los depósitos bancarios o las tasas a las transferencias financieras.

Y ya hemos sufrido subidas en el irpf, en el iva, el alargamiento de la edad de jubilación, así como el copago sanitario, la imposición de tasas judiciales y una reforma laboral que nos pone en la calle con dos de pipas. Y los intentos del Gobierno por que bajara el precio de la gasolina no sé en qué habrán quedado, pero llenar del depósito sigue poniendo los pelos de punta, por no hablar de los costes energéticos para la industria. 

Todavía más

Pese a esa insoportable presión fiscal, en Cataluña, las primeras palabras del nuevo govern fueron toda una declaración de intenciones: quieren 5.000 millones más, aplicando impuestos hasta a las bebidas con azúcar. Yo no sé qué genio tienen ahí pensando en nuevos tributos, pero el que día que se sepa quién es no podrá salir a la calle porque cuestiones como la mayor fiscalidad según el grado de dulzura del refresco ya no es que indignen, es que dejan estupefacto.

Sinceramente, alucino con que estos políticos autonómicos sigan instalados en la total impunidad, echando las culpas al estado, cuando harán recaer su mala gestión sobre los hombros de todos. Mutualización total del patrioterismo, con exaltación nacional y paso de factura a la vez. Patriotas a la fuerza. Sería un buen título para una película ochentera de Tom Cruise, pero por desgracia, es lo que nos toca sufrir, queramos o no. ¿No hay ninguna responsabilidad que exigir en estos casos? El caso de Díaz Ferrán no debería quedar en un hecho aislado. 


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