Punto de equilibrio

El Índice Cortijero de la Bolsa española

Podría llamarse el Cortijex también, aunque quizá no, porque las malas prácticas de las que quiero hablar están tanto en las compañías de gran capitalización como las de pequeña. Se trata de un problema que chirría con fuerza en este país, sin que pase nada para remediarlo, como es habitual. Malas prácticas empresariales y, por encima de todo, duro impacto en el maltratado accionista.

Estos días hemos tenido ejemplos recientes, absolutamente impactantes. Por encima de todo, Pescanova, que el pasado año apeló a los inversores, pidiéndoles que suscribieran unos bonos convertibles y también una ampliación de capital, con la consiguiente dilución y después de todo ese duro esfuerzo en 2012, va y presenta preconcurso de acreedores el 1 de marzo de 2013, por la incapacidad de negociar el monto de la deuda. ¿Tanto esfuerzo para eso?

Mientras, sus consejeros históricos han ido vendiendo poco a poco o no han hecho signos estentóreos de acudir a las colocaciones citadas. El banco de inversión independiente que contrataron para reconducir la cosa les ha dejado por imposibles en dos días. La rápida presentación del 5bis hace sospechar (a mi, y a la CNMV) de que se presentó ese blindaje inmediato para protegerse de males mayores. ¿Sabían sus ejecutivos de antemano que no iban a ser presentadas las cuentas por distintas irregularidades?

Pescanova es un pedazo de empresa y en ellas están los principales fondos de inversión españoles, de casas grandes y pequeñas, que tienen un rebote considerable, aunque confían en que la cosa salga adelante. Pero denuncian que han fallado totalmente en transparencia y reporting con ellos, a pesar de que los accionistas son los verdaderos dueños de la empresa.

Conviene recordarlo una y otra vez, porque parece que gestores y políticos no lo tienen tan claro. La confusión entre titularidad y gestión es continua en la empresa española, sobre todo si es cotizada. Lo malo es que esta broma se ha traducido en Pescanova en una caída desde los 18 a los 8 euros en pocos días. Los fondos, encantados, como decía. Sigamos.

Maquinón

Tenemos otro ejemplo parecido: el de CAF. Otro maquinón de compañía (nunca mejor dicho) que, sin embargo, ha caído desde los casi 380 euros a los 280 en menos de un mes. Más del 25%. Ahora, acaba de rebotar un poco y la sostienen por encima de 300 (ayer se metió otro -2,72%).

La compañía ha cambiado su modelo de negocio. Ya no se dedica tanto a vender vagones, sino a alquilarlos y mantenerlos. Por tanto, también tiene fuertes necesidades de financiación y debe tener una exquisita y fluida relación con los bancos. Pero no suelta ni prenda al respecto.

La penalización bursátil de estos días llega por eso. La pasada semana tuvieron lugar varias reuniones con gestores de fondos (una, en la sede de Ahorro Corporación, otra, en sus propias oficinas madrileñas; quizá alguna más) y algunos de los asistentes no daban crédito con las respuestas de sus ejecutivos: las cifras que ofrecen son las que obliga la ley, pero ni una aclaración sobre márgenes, reducción de plantilla, situación financiera… Son lentejas: el que quiera, que aguante, y el que no… que le den. Claro que luego se extrañan de los desplomes. En su día, Societe Generale les aplicó un correctivo del 20% en su valoración por “opacidad”, algo que generó un enfado monumental en la empresa vasca, pero estas prácticas vienen de antiguo, por lo que se ve. Insisto, también aquí se trata de una buena (excelente) compañía.

Podemos seguir con NH Hoteles y el festival que ha habido en años pasados con presuntas ofertas de chinos o fondos de capital riesgo, anunciadas oficialmente en la CNMV, así como sus fusiones con Hesperia. Al final, se ha tenido que poner el Santander al frente a ver si pone orden, que le va mucho (bueno, digamos bastante) en este envite. Otro caso de empresa con la que resulta complicadísimo tener interlocución.

Me sabe mal haber hecho sangre con estas tres, porque son legión, por desgracia. 

En el Ibex también

Pasando al Ibex, hay otro caso digno de estudio: Técnicas Reunidas. Nadie duda de que la compañía es motivo de orgullo patrio. Una empresa que es líder mundial en tecnología industrial es un raro ejemplo en este país de servicios. Pero hace un tiempo, apareció Morgan Stanley avisando de que le habían revocado unas licencias en Arabia Saudí y que aquello podía traer cola.

El asunto lo adelantó Vozpópuli. Intentamos ponernos en contacto con la compañía y nos atendió una persona con más miedo que otra cosa que nos dijo que no nos podía decir nada. De acuerdo, las empresas no están para atender periodistas. Lo fuerte es que unos días después, algunos fondos de inversión nos comentaban lo mismo. ¡Tampoco a los inversores (dueños) les decían nada!

“Es una empresa magnífica, pero más complicadita…” dicen también algunos managers. “Si te gusta, apuesta por ella, toma posiciones y olvídate un poco de lo demás. Pretender estar al tanto de la estrategia, los contratos, la situación financiera… es ciencia ficción”. Lo que ocurre es que un fondo que compra acciones no es un periodista cotilla: es un pequeño dueño de la empresa. O grande, si compra muchas.

Vean, sin no, lo que me comenta por escrito un amigo gestor sobre el súper coloso Arcelor-Mittal: "La deuda no es asumible y veremos ampliación de capital y más ventas de activos relativamente buenos, dejando los malos y más cíclicos (...) Lakshmi Mittal se merece perder el imperio que ha creado por inútil; se pensó que por tener el apellido Mittal iba a ser capaz de manejar las minas de forma rentable y ha ahogado la empresa. Muy grave que el hijo de 34 añitos esté de CFO y fuera el de M&A en la época de la OPA de Arcelor". 

¿Y las grandes corporaciones? ¿Cuántas han recortado o anulado el dividendo, o inventado fórmulas de pago con papelitos que penalizan al inversor? ¿Cuántas han echado directivos a toda prisa para que cobren sus blindajes sin que les penalice Hacienda? ¿Cuántas siguen dando cobijo a políticos en sus múltiples consejos de administración?

¿Qué confianza se puede tener en un management quese marcha a toda prisa para cobrar el dinero que se le niega al accionista?  ¿Cuándo se sabrá la lista real de los ‘directivos a la carrera’ para cobrar al 100% sus contratos blindados; no vaya a ser que Montoro les chafe la fiesta? Porque es interminable. 

En estas empresas tampoco pasa nada: sus gestores conocen el mecanismo de la permanencia mejor que nadie. Basta con tener un consejo de administración bien controlado (y untado) y las juntas de accionistas totalmente cocinadas. Eso se logra, sobre todo, gastando un dineral con las firmas especializadas en rastreo de capital (proxies) a las que se les da un mandato específico de delegación de voto, con el porcentaje de quorum deseado para la reunión anual. Cuanto más alta sea la cifra de accionistas que entreguen la papeleta aprobando todo lo que se diga en la junta, más caro es el fee, evidentemente.

Es cierto que cada año cuesta un poco más conseguir esos porcentajes de voto tan altos, especialmente en lo tocante a reelecciones del consejo, pero se siguen obteniendo sin muchos problemas. Paga el accionista.  

Folclore y poco más

Así, las juntas han quedado como un elemento folclórico, en ocasiones más divertido que El club de la Comedia. Con un compañero de la redacción siempre hemos dicho que deberíamos escribir un libro con anécdotas de algunas de ellas, porque son realmente cachondas. Sin embargo, hace años que han dejado de ser una auténtica rendición de cuentas de los gestores. De hecho, ¿lo han sido algún día?

Para variar, Inditex vuelve a ser el paradigma de la buena práctica. Siendo una empresa que podría ser ‘cortijera’, porque un solo señor controla la mayoría del capital, hay un consejo bastante profesional o al menos sin políticos; ha habido dividendo de verdad siempre, se ha relevado al equipo gestor cuando ha convenido, hay un potente departamento de relaciones con inversores y también otro de comunicación que responde con razonable diligencia. No es tan difícil, ¿no? ¿O sí?

Ahora estamos viendo el juicio de Bankia y seguramente está muy bien que se quiera arrojar luz sobre esa calamitosa colocación en Bolsa, que los políticos están terminando de hundir. Sin embargo, ¿cuántas actuaciones similares hemos visto en el pasado que han hundido a los accionistas? ¿Cuántas OPV han salido a un precio altísimo y luego se han excluido por menos de la mitad de su valor? ¿Cuántas indemnizaciones escandalosas? ¡Ha habido decenas de bankias!

La dura crisis no ha acabado con las grandes carencias de governance y transparencia del mundo de la empresa. Se gestiona con maneras cortijiles en muchos casos. Comprendo que en BME no les hará ninguna gracia, pero habría que elaborar aparte ese Índice Cortijero de empresas, en el que figuraran compañías gestionadas desde el personalismo, el desprecio al inversor y en las que los gestores se creyeran los auténticos dueños. ¿Quiénes lo compondrían? 


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