Punto de equilibrio

Ahora somos 'euracas'

El milagro español se nos viene abajo como en la gloriosa película de Berlanga aunque durante muchos años hemos visto riadas de gente llegando de Quito, Bogotá, Lima… a los que hemos tratado con cierto desprecio. Los sudacas, panchitos o como se quiera que les hayamos llamado despectivamente, venían a ganarse el pan honradamente, pero nunca se nos ocurrió pensar que algún día las tornas podrían darse la vuelta. Aunque estos términos ya se aplicaban a cualquier cantautor o psicólogo latinoamericano hace lustros, lo cierto es que la sociedad española se ha sentido superior a esta mano de obra barata que ha cubierto los puestos de trabajo que no queríamos desempeñar, porque nuestro nivel de vida había subido y se nos caían los anilos de manera ostentosa.

Claro que, a su vez, Europa también nos miraba un poco como unos advenedizos que nos habíamos quitado la boina hace relativamente poco. El caso es que occidente ha disfrutado de un efecto riqueza que pensábamos que estaba aquí para quedarse.

Pero ha llegado el llanto y rechinar de dientes. Si el mundo desarrollado no se hunde hasta lo impensable es porque está totalmente sujetado por las inyecciones de liquidez de los bancos centrales de Japón, Reino Unido, EE UU y el Banco Central Europeo (BCE). Por este orden de importancia, seguramente. Así lo corroboran desde Attitude Asesores: “desde la caída de Lehman Brothers en el año 2008, la Fed ha incrementado su balance en un 347% y Gran Bretaña en un 433%”. Sus artículos periódicos son de lo mejor que leo, aunque al terminarlos dan ganas de cortarse las venas. Pero la cifra es impactante. 

Que lo invite a cenar

Un escenario a la japonesa, aunque esta semana el desesperante Rajoy haya sacado pecho en el Congreso, en una comparecencia a petición propia para explicar las reformas adoptadas. El presidente presumió de prima de riesgo y de que ya no hace falta el rescate, como si fuera mérito propio. ¡Lo que tiene que hacer el gallego es reservar mesa en Lucio y llevarse a Mario Draghi, que al menos no se ha puesto tonto y sigue en modo “voy a darle a la máquina cuanto haga falta”! Es él y no otro quien le ha permitido respirar.

Porque lo de las reformas es un chiste. Ahora que no hay tanta presión con la prima de riesgo viene el alargamiento de calendarios para el déficit, la suspensión de las bajadas de sueldos públicos y pagas extras, la mano laxa con los bancos, el anuncio de más planes a proveedores, incrementos del Fondo de Garantía de Depósitos (para pagar a más preferentistas; me lo expliquen)… pero reformas, lo que es reformas, cero.

No se habla, por ejemplo, de una de las más urgentes: la de las pensiones. No hay el menor coraje. Faltan huevos siquiera para decir que se van a congelar, aunque eso ahorre entre 4 y 5.000 millones de euros anuales al estado (3-4 puntos de déficit) y al ciudadano le suponga dejar de ingresar ¿20 euros al mes? Que no es quitar, que es dejar de ingresar. Tampoco es tan terrible. 

No sólo es España, por supuesto. El modelo europeo de sociedad hace aguas por todas partes. Reino Unido aguanta porque se niega a integrarse en una moneda única y ceder soberanía monetaria. Lo de Francia es otro drama larvado y Alemania, el día que quiera nos dice cuál es la deuda bancaria real de sus lander banks y sus sofisticados bancos comerciales que en realidad son unos Lehman Brothers en versión germánica.

Estamos en una espiral de la que de momento nadie ha sabido salir. Ahí está Japón, con más del 200% de deuda sobre PIB y un estancamiento que dura más de 20 años.

Nos miran mal

Es así que ahora los países emergentes nos miran mal. Desde el cono sur comienzan a llegar algunas voces que nos llaman ‘euracas’ a los más de 50.000 españoles que, por ejemplo, están en Chile, más del doble que chilenos hay aquí. Colombia, Perú... un éxodo total se está produciendo entre la clase profesional media-alta hacia esos países que mirábamos antes con la ceja enarcada de suficiencia. 

A mediados del pasado mes, asistí a un desayuno para ver de cerca al embajador de Chile, que se esmeró en promocionar la Alianza del Pacífico; un bloque comercial de libre mercado entre Chile, Colombia, México y Perú.

El diplomático fue preguntado sobre la posibilidad de que los bloques comerciales fueran la antesala de una América unida e institucionalizada, como hemos hecho nosotros en Europa. Con educación pero mucha mala leche en el fondo dijo que “en el sentido europeo no”. Quieren ser una potencia mundial, con desarrollo, seguridad jurídica, libre comercio, crecimiento, bajos impuestos, “pero sin parlamentos ni cosas de esas como las que ustedes tienen en Bruselas, que sale muy caro”.

Menuda manera de señalar un modelo de sociedad arcaico, lleno de políticos profesionales, que no logran dar con soluciones porque son el principal problema. Menuda manera de poner de manifiesto sutilmente al dinosaurio europeo, encantado con sus estructuras y oropeles, mientras hace aguas por todas partes. El Titanic se hundió con todo su esplendor, pero se hundió.

El BRIC Bank

A su vez, los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) están montando su propio banco mundial, al margen del FMI. Sin alharacas, con 50.000 milloncejos de dólares de partida, pero cuidado con lo que puede suponer eso.

Tiene toda la lógica. Son ellos los emergentes y en muchos casos los que están financiando a los países desarrollados. Pues comienzan a montarse la fiesta ellos, sin depender de un FMI politizado, en el que se procura que mande siempre un europeo o un estadounidense.

Ya somos los ‘euracas’, y podemos dar gracias de que ‘españolacas’ o similar queda muy feo. Nos queda el consuelo de que ese término engloba a los que, a su vez, nos metían en el acrónimo PIGS.

Los países emergentes juegan con la semántica y hacen sus deberes. “Que venga cualquier español a Chile, no se va a sentir defraudado”, dijo el embajador, aunque le faltó añadir "ojo, a trabajar, ¿eh? No a traernos sus anticuadas ideas".

Reto a cualquier miembro de la Fed, el BCE o el Banco de Japón a que presente la fórmula que rompa el círculo vicioso: el dinero se imprime y va a los bancos. Estos, a su vez, financian a los Gobiernos en forma de deuda, quienes, para pagarla, necesitan emitir aún más bonos, que les vuelven a comprar las entidades financieras con más dinero impreso por parte de los bancos centrales.

Hay más dinero que nunca en la vida. Pero no llega a la economía. No sale de esa espiral ni a tiros. El que sepa cómo hacerlo, tiene el Nóbel de Economía casi seguro. Mientras tanto, mucha gente se reía de Alfredo Landa, pero la película Vente a Alemania Pepe (a trabajar de currela en lo que salga) resulta ahora una obra maestra visionaria. 


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