Psiconomía

PGE 2013: más impuestos, más recortes y (mucha) más imaginación

Con las líneas generales de los Presupuestos Generales del Estado en la mano hay ya una conclusión clara: el Gobierno apuesta por mantener una política agotada: la de subir impuestos y recortar servicios. Así lo refleja un ajuste de 13.400 millones de euros que sigue pasando factura a los servicios públicos (3,9% de recorte en funcionarios, un tijeretazo del 5,4% a la seguridad ciudadana y una mengua del gasto en justicia del 4,3%, entre otros) mientras suben IVA, IRPF e Impuestos Especiales. 

Más impuestos ya no significan más recaudación. La ciudadanía tiene agotada su capacidad para seguir pagando y las recaudaciones con las nuevas tasas son, como mucho, simbólicas: en total, 1.704 millones entre un ajuste que casi multiplica por 10 esa cifra.

  • El gravamen del 20% a los premios de la lotería reportan 824 millones
  • La prórroga del impuesto sobre patrimonio, 700;
  • El fin de la deducción por vivienda, apenas 90;
  • La tasa a las plusvalías, unos 90

Para colmo, esa política de subida de impuestos no se está reinvirtiendo en generar crecimiento futuro sino en tapar agujeros pasados. Así, los intereses de la deuda se comen ya la suma de los nuevos impuestos, algo en lo que comparten mérito tanto el PSOE (con la herencia de la anterior legislatura) como del PP (que ha engordado esa deuda un 10% del PIB por el rescate bancario). 

Así pues, la subida de impuestos a la ciudadanía no sólo parece agotada sino que, además, parece mal dirigida. 

La segunda pata de la política está también coja. Junto a la subida de impuestos, el Gobierno sigue recortando gastos en lugar de aplicar políticas de estímulo al crecimiento. Entre la inmensidad del ajuste, la única política de estímulo económico la representan las subvenciones para la renovación de vehículos (el Plan PIVE). En total 75 millones o un 0,007% del total de las partidas. La desproporción es visible. 

Más allá, pues, de la propaganda política, la realidad de las cifras se empeña en sugerir que ha llegado el momento de cambiar de rumbo: de aumentar los estímulos al crecimiento y redistribuir la subida de impuestos (p.ej. el impuesto a las empresas sigue estando en España por debajo de la media de la UE lo que permite aumentar la recaudación por esa vía sin la amenaza de la “fuga de empresas”).

Sin ese cambio de rumbo sólo se pueden cuadrar las cuentas de otra manera: anunciando una recesión menor de la que realmente ocurrirá (p.ej. del 0,5% en lugar de la caída del 1,3 al 1,8% prevista) y unos ingresos mayores de los que realmente se obtendrán. Es decir, con contabilidad creativa.


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