Porque nada es casual

¿Qué hacemos contigo, Pablo?

Dicen los devotos de Pedro Sánchez que a Susana Díaz se le ha pasado el arroz, que dejó escapar el tren que conducía a Ferraz y que este ya no volverá a pasar por su puerta. Puede que el tiempo acabe dándoles la razón (si no se la ha dado ya). Lo que no dicen es que igual que Sánchez tiene la llave del gobierno, Díaz custodia la del partido. No la de todo el partido, pero sí la que precisamente pone en marcha el convoy que te lleva en volandas hasta la secretaría general; o lo hace descarrilar. Con Díaz a tu lado, todo es mucho más sencillo. Sin su apoyo o, peor aún, con su pública reprobación, vete buscando otro trabajo.

Sí, claro que Pedro Sánchez puede acabar ganando la batalla, aunque sea como el Madrid, en el minuto 93, o en la prórroga. Pero incluso teniendo éxito en el empeño, habrá perdido. El PSOE no volverá a ganar unas elecciones mientras no resuelva esta pelea por el poder. Y, desde luego, ninguna solución que pretenda doblar el pulso de la federación andaluza será viable. Con Susana o con quien sea al frente de los socialistas del sur. Andalucía es hoy el fortín del PSOE, le guste o no a Sánchez, y lo peor para él es que esa evidencia convierte de forma natural a su adversaria en fuente de autoridad. En ocasiones, de mayor autoridad que la que transmite el secretario general.

Si hay terceras elecciones, Iglesias no podrá eludir repartirse con Sánchez la responsabilidad de un nuevo fracaso de la izquierda

El último ejemplo de esa bicefalia no bien avenida es altamente revelador. Frente a la estrategia borrosa de Sánchez, la presidenta andaluza ha puesto las cartas boca arriba. Y ha enseñado un trío: 1) Con 85 diputados no se puede gobernar; 2) Hay que dejar paso al partido más votado; 3) La condición es la cabeza de Mariano Rajoy. Claro como el agua. Por fin el PSOE tiene una hoja de ruta. La otra, la de Sánchez, que es la que debiera ser la buena, no la conocemos, pero se intuye. Hasta el último segundo intentará formar gobierno. En contra de la opinión de Díaz y los barones más mesurados, partidarios de no jugar otra vez con el destino. La pregunta es, ¿tiene Sánchez ‘plan C’? Puede. El B, el llamado gobierno Frankenstein, pasó a mejor vida. ¿Hay alguna otra fórmula? Sí. Vayamos por partes.

Los efectos de la abstención

¿Quién de los candidatos se sentiría más cómodo si se repitieran las elecciones? Respuesta: sin duda, Rajoy. Si se rompiera el bloqueo, el flamante y débil gobierno sería sistemáticamente sometido a estrecha vigilancia por sus socios y zarandeado con prodigalidad por la oposición. Eso sin contar con el vía crucis que supondría para el presidente y sus ministros la cadena de juicios que afectan al PP programados en la nueva temporada otoño-invierno. Nada que ver con la confortable mayoría absoluta de la pasada legislatura.

Esta hipótesis de trabajo cada vez le seduce menos al presidente en funciones. A este fastidioso panorama, habría que añadir, como argumento en favor de dejar pasar el cáliz de la gobernabilidad e ir a una tercera ronda, que los pronósticos anuncian un nuevo trasvase de voto de Ciudadanos al PP y una pérdida de peso del conjunto de la izquierda en el Parlamento resultante. Producto, todo ello, del hartazgo ciudadano y del efecto que un considerable y seguro aumento de la abstención tendría en la ley D'Hont.

Frente a la hoja de ruta de Susana Díaz, Sánchez va a persistir en el intento de convencer a Iglesias para que apoye un gobierno PSOE-C,s

Ya hay estudios que profetizan el subidón del PP en caso de nuevas elecciones. Por encima de los 150 escaños. ¡Qué gran negocio el de Sánchez y Pablo Iglesias! Dos genios, oiga. Nuestros dos brillantes cancerberos de la zona roja del hemiciclo no parecen haber caído en la cuenta de que puede que sean ellos los que más tengan que perder si se vuelven a colocar las urnas. Que del “cualquier cosa menos que el PP siga gobernando”, podemos pasar a un Ejecutivo popular reforzado y un Mariano Rajoy definitivamente indultado por los electores. Olvídense, la corrupción, con Rita o sin Rita, ya le ha descontado al PP todo lo que tenía que descontarle, como se puso de manifiesto el 26 de junio. Si hay tercera vuelta, los que han votado a Rajoy lo van a seguir haciendo en su gran mayoría, y algunos de los que le dieron la espalda en diciembre y junio volverán al redil.

Mientras, en los terrenos de las “fuerzas de progreso” se cotiza al alza el puesto de afilador. Facas y tajamares brillan en la sombra que proyectan las espaldas de unos dirigentes políticos cuyos relatos desnudan en exceso las propias ambiciones. Su falta de experiencia en la gestión de los tiempos, y las urgencias derivadas de sus inseguridades orgánicas, pueden precipitar su declive. Pongamos por caso que Podemos, con el PSOE desmembrado, también desaprovecha esta nueva oportunidad para adelantar a los socialistas. ¿Qué vamos a hacer entonces contigo, Pablo?

De todos los candidatos, ya no hay duda de que, visto lo visto, al que más interesa la repetición de elecciones es a Rajoy

Porque Iglesias también se la juega. Tres fracasos de tres intentos es mucho fracasar. De momento, al que todos los reflectores señalan como malo de la película es a Sánchez, pero, a medida que nos acerquemos a la fatídica fecha en la que ya no habrá marcha atrás, el foco se abrirá, y descubrirá a un Iglesias agazapado que podría haber evitado las elecciones apoyando un gobierno de PSOE y Ciudadanos para “echar del poder al partido de la corrupción” (este es el ‘plan C’ de Sánchez), pero que prefirió volver a jugar sus exclusivas bazas personales.

Un buen amigo y excelente observador resumió todo este contradiós con su habitual clarividencia: “La bofetada del PSOE, si vamos otra vez a votar, puede ser mayúscula. Buena parte de las posibilidades de supervivencia de Pedro Sánchez pasan por gobernar. Podemos ha tocado techo y sufre el desgaste natural que afecta a los que tocan poder. Iglesias, con Sánchez de presidente, se convertiría en el indiscutido líder de la Oposición de izquierdas. Y Rivera sería el más perjudicado si se repitieran los comicios, opción que, objetivamente, solo interesa al PP. ¿A qué juegan entonces estos chicos de la nueva política?”


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