CRISIS PSOE La gran farsa

Felipe González junto a Pedro Sánchez.
Felipe González junto a Pedro Sánchez. EFE

Tras el batacazo electoral del 26 de junio, Pedro Sánchez reveló confidencialmente a varias personas, no todas del Partido Socialista, su decisión de asumir su papel de líder de la Oposición y abandonar toda idea de intentar de nuevo formar gobierno. A Felipe González, y a otros relevantes militantes socialistas, les añadió un dato más: votaría en contra de Mariano Rajoy en primera vuelta y en la segunda se abstendría. A González le dio a entender que no estaría de más que escribiera un artículo en El País, defendiendo esta salida tras el desenlace electoral e ir así mentalizando a los cuadros y bases del partido.

Paralelamente, y a la vista del “recado” que Sánchez trasladó a Felipe y otros, alguien hizo llegar al presidente en funciones la conveniencia de que buscara el acuerdo con Albert Rivera y anunciara al Rey su disposición de intentar la investidura. Rajoy, en contra de su determinación inicial de no presentarse como candidato si no tenía garantías de ser elegido, aceptó el encargo de Felipe VI tras ser informado de las intenciones de Sánchez: “Es el tiempo de Rajoy”.

Felipe VI fue informado de lo que Pedro Sánchez le dijo a Felipe; fue entonces cuando Rajoy accedió a intentar la investidura

Todos contentos. Pedro, decían, ha recapacitado, hay que darle otra oportunidad, el resultado es malo, pero nosotros no teníamos como él enfrente a Podemos. El recado estaba pasado; y comprado. La parroquia, la propia y la ajena, había sido aquietada. De nuevo, se había ganado tiempo. Una gran mentira. Pedro Sánchez no tenía la menor intención de rendirse.Seguía soñando en la intimidad del hogar conyugal con llegar a ser presidente del Gobierno, incluso con el apoyo del diablo, si hubiera sido preciso su concurso.

En un contexto de creciente preocupación por la falta de Gobierno, muchos respiraron aliviados cuando el líder socialista pareció asumir que no podía ser, que desde esos 85 raquíticos diputados no era factible el asalto a la Moncloa, salvo que se quisiera llevar al país a una situación difícilmente tolerable y se estuviera dispuesto a asumir el riesgo de implosión del PSOE. Craso error.

Resultó que no, que la sensación de alivio solo era un reflejo del deseo, que todo era una estratagema para hacerse perdonar el peor resultado de la historia del partido, que el que en realidad respiró aliviado fue él, Pedro Sánchez, cuando gracias a sus habilidades como hechicero pudo comprobar que, tras el 26-J, los dirigentes de su partido, uno a uno o en bloque, no convocaban a los medios para pedir la dimisión inmediata del secretario general.

Militancia monitorizada

Alfonso Guerra llamó en cierta ocasión “tahúr del Mississipi” a Adolfo Suárez, aludiendo a cierta inclinación natural del ex presidente a decirle a cada interlocutor lo que éste quería oír. Un aficionado al lado de Sánchez, cuya habilidad, incomparable, ha sido engañar a todos durante todo el tiempo, del Rey al último de los cortesanos, y ahora pretende utilizar a la militancia para legitimar su indecorosa maniobra y su ambición desmedida.

Por cierto, una militanciaque no es la de los años 80 o 90 del pasado siglo, entusiasta, joven, abierta a la sociedad de la que procedía, sino cuasi profesionalizada, en buena parte monitorizada, cuya voluntad está en muchos casos ligada a quien tiene la capacidad de abrir las puertas a un trabajo en el ayuntamiento o en la comunidad autónoma de turno. Ya sé que no soy justo con muchos afiliados al PSOE. Que me perdonen si no se sienten concernidos con lo que digo. Pero ellos saben que tengo razón; porque los ejemplos los tienen bien cerca.

En su estrategia de resistencia, Sánchez busca ahora el apoyo de una militancia que representa poco más del 3 por ciento del voto socialista

La política es en gran medida la ordenación sensata de las prioridades. El orden en el que se afrontan los problemas es lo que, en el siglo XXI, más allá de viejas retóricas, determina la ideología de cada gobernante. Y la generosidad y el coraje para anteponer los intereses comunes a los propios, incluso pasando por encima de los adeptos, son componentes esenciales de un liderazgo solvente y mesurado.

Una vez neutralizada la rebelión, Sánchez sorprendió a sus crédulos interlocutores dando un giro de 180 grados a sus iniciales intenciones y señalando como prioridad fundamental de su política la frontal oposición a que gobernara el PP. ¿De verdad ese era y es el deseo preferente de los votantes -incluso muchos militantes- del PSOE? ¿No serán en mayor medida, y entre otros, promover un amplio acuerdo contra el paro, un nuevo modelo nacional de educación, una posición común para reconducir el pulso independentista catalán o una reforma que garantice el futuro de las pensiones?

En su estrategia de resistencia destructiva, Pedro Sánchez busca ahora legitimarse parapetado en una militancia que representa poco más que el 3 por ciento del electorado socialista, personas, los votantes, mayoritariamente identificados con posiciones templadas que podríamos encajar en lo que se llama centro-izquierda. Para su desgracia, el ala izquierdista del PSOE ya solo resiste, y más bien poco, en las agrupaciones. Un fatídico 20 de diciembre de 2015 se cambió de acera.

Ser muleta del PP puede pasar factura; pero serla de Podemos es la garantía de que el socialismo democrático no volverá a ganar jamás unas elecciones generales

Pretender recuperar ese voto despreciando al que más fidelidad te ha demostrado, desocupando el único espacio desde el que algún día el PSOE podría aspirar de nuevo a ser alternativa real de gobierno, es, habría sido, algo más que una temeridad. Ser muleta del PP puede pasar factura; pero serla de Podemos es la garantía de que el socialismo democrático no volverá a ganar jamás unas elecciones generales.

Si al evidente giro estratégico que Sánchez pretendía, contra toda lógica y consenso, añadimos la alarmante falta de escrúpulos que ha evidenciado para llevar a cabo sus planes, las calificaciones utilizadas por algunos para describir el golpe de mano de los críticos (asesinatoindecenciafraude…) se quedarán necesariamente cortas para juzgar la que ha sido una de las mayores farsas protagonizadas por un líder político en nuestro país.


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