Porque nada es casual

Partido sin líder vs. líder sin partido

Octubre fue catastrófico para el PP. Los tracks semanales de intención de voto que tiene encargados Génova indicaban un descenso medio del 0,7 por ciento en cada entrega. La proyección auguraba una caída de nada menos que 3 puntos en un solo mes. Pero en los últimos días cambió el viento y los populares iniciaron una lenta recuperación. El impacto del éxito de Ciudadanos el 27-S, en territorios limítrofes, parecía haber dado de sí todo lo que tenía que dar. Al menos en el flanco derecho de esos territorios. Porque casi al mismo tiempo que el partido de Mariano Rajoy tomaba algo de aire, el que entraba en barrena, justo después de que el CIS terminara su último trabajo de campo, era el PSOE.

Ignacio Varela ha sido durante muchos años, dentro de las filas socialistas, el más sobresaliente intérprete de las pulsiones sociales. Hace unos días escribía esto: “Sabemos que Pedro Sánchez no será presidente del Gobierno (…). No hay combinación verosímil que lo ponga en condiciones de encabezar una mayoría parlamentaria (…). La única posibilidad de que el PSOE forme parte de un Gobierno sería como socio subalterno de alguna coalición”. Varela basaba sus afirmaciones en el análisis de las distintas encuestas publicadas y, sin duda, en el conocimiento bastante atinado de lo que ocurre en su partido.

En el PSOE crece la sensación de que la “operación Sánchez”, destinada, no lo olvidemos, a recuperar el poder, está a minuto y medio de abortar

Y es que el PSOE, aunque se intente a toda costa camuflar hasta después de las generales, es hoy un partido acorralado. A diestra y a siniestra. Podemos y Ciudadanos hace tiempo que olfatearon la debilidad de un discurso cuyos perfiles más descollantes son percibidos como contradictorios en demasiadas ocasiones. Albert Rivera y Pablo Iglesias han olido sangre y no van a soltar la pieza. Saben que la mejora de sus expectativas electorales depende en buena medida de que el PSOE confirme su caída. En Ferraz manejaban hace unas semanas un estudio que fijaba el horizonte electoral del partido en una horquilla lo suficientemente abierta como para resultar preocupante: 75-95. Hoy, hasta ese muy prudente pronóstico empieza a ponerse en duda.

El 'sorpasso'

Ya son al menos dos los sondeos que no descartan el sorpasso; que C,s pase por encima del PSOE. Habrá que ver si estamos ante otro de los efectos pasajeros de la resaca catalana o la tendencia se consolida. Es pronto para sacar conclusiones; al menos de puertas afuera. Pero lo que ya no parece tener vuelta atrás es la creciente sensación de que la “operación Sánchez”, destinada, no lo olvidemos, a recuperar el poder, está a minuto y medio de abortar.

Todo proceso de renovación incrementa el número de enemigos de quien lo promueve en proporción directa al espacio desalojado. Conviene tener esto en cuenta a la hora de analizar determinadas reacciones, lo que en todo caso no resta valor a la opinión de experimentados militantes que creen que su secretario general ha confundido la limpieza de la que presume con una suerte de “limpieza étnica” que no suma sino resta. Diputados y altos cargos de las etapas de González y Zapatero avisan de que el desplazamiento en las listas electorales de candidatos contrastados en favor de otros “limpios”, además de resultar en algunos casos ofensivo, tendrá como consecuencia la eliminación de todo vestigio de la memoria histórica del PSOE en el Congreso de los Diputados. Y lo que, a juicio de muchos, es peor: desecha una de las pocas bazas indiscutibles de los socialistas: la experiencia como elemento diferenciador frente a bisoñez de los emergentes.

El partido de Rivera ya le ha robado al PP todo lo que tenía que robar. Ahora va a por el flanco moderado del histórico voto socialista

“Sánchez escucha a mucha gente y acaba haciendo lo que le dicen sus asesores de comunicación”. La afirmación es de alguien que conoce muy bien al líder socialista, alguien que lamenta el excesivo peso del marketing en la estrategia de su partido. “Analicemos -me sugiere- lo ocurrido con la lista de Madrid. Irene Lozano de número 4, la ex comandante Zaida Cantera de número 6. Puras operaciones de imagen. Y ambas ya en parte neutralizadas. Lozano venía a regenerarnos. No sé si es una broma o un insulto. No la quiere nadie dentro. Y a la comandante ya la ha puesto en su sitio el teniente general que se ha sacado de la manga Pablo Iglesias. Ridículo. Ambas se sentarán en el Congreso la próxima legislatura, mientras que gente como José Enrique Serrano se va a quedar fuera. Y ya veremos si Eduardo Madina (7) consigue escaño. El problema ahora, con Pedro recorriendo España, es que no hay nadie con tirón suficiente en esa lista para echarse a la espalda la campaña electoral. Acabaremos tirando otra vez de Ángel Gabilondo. Brillante”.

La suerte está echada y Sánchez sabe que nadie va a dar un chavo por su continuidad si tras el 20-D el PSOE no toca poder. Dentro del partido su principal enemiga es Susana Díaz. De la falta de sintonía entre ambos se ha pasado a una  pésima relación que ya no tiene vuelta atrás. Fuera, el riesgo se llama Ciudadanos. El partido de Rivera ya le ha robado al PP todo lo que tenía que robar. Ahora va a por el flanco moderado del histórico voto socialista. Es ahí donde aún puede crecer. Y en este trance, el drama de los socialistas es que toma cuerpo la impresión, si se quiere simplista pero tangible, de que habrá de escogerse entre un partido sin líder o un líder sin partido; entre el descaro y el discurso nítido de Rivera o los vaivenes de un Sánchez cuyas decisiones han amplificado su debilidad.


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