Porque nada es casual

Darwin en Celtiberia

Sostenía Maurice Duverger que “las teorías que explican las luchas políticas por las diferencias de aptitudes individuales entre los hombres derivan más o menos de las concepciones biológicas de Charles Darwin relativas al struggle for life”, es decir, que “de la competición por el poder a causa de las ventajas que éste procura, surgen los mejores, los más aptos, los más capaces para gobernar”  (“Sociología política”. Editorial Ariel, 1968).  Que se sepa, el autor de “El origen de las especies” nunca estuvo en España, ni tuvo conocimiento, siquiera somero, de las peculiaridades del carácter español. De otro modo, muy probablemente habría añadido a su obra un catálogo de rarezas y excepcionalidades en el que sin duda habría incluido a nuestro país. Y en lugar de privilegio.

Si en unas terceras elecciones la abstención alcanza el nivel que anuncian los sondeos, la primera línea de la política habrá recibido un duro golpe

Si algo en limpio vamos a sacar de este tiempo estéril, es la verificación de una sospecha largamente barruntada, aquella que confirma que, en el caso español, la gestión del futuro no está en manos de los mejores, ni de los más aptos, ni de los más capaces. De no ser por todos los problemas que acarrea, que no son pocos ni pequeños, la repetición electoral no sería en sí misma un drama. Sí lo es, en cambio, constatar que el creciente prejuicio ciudadano contra la clase política, sedimentado a lo largo de estos años, estaba plenamente justificado.

Las causas son viejas, y están estrechamente relacionadas con la pérdida de peso de los partidos políticos como instrumentos de representación social y su reconversión en centros de reparto de poder. Pero ha sido el actual bloqueo institucional que padecemos el que ha puesto de manifiesto, de forma descarnada, la desoladora ligereza de los actuales dirigentes.

La amenaza latente de Pedro Sánchez de arrojar a la militancia contra los críticos le confirma como un jugador de chica; y, ya se sabe, jugador de chica…

A los actores principales de este sainete, alrededor del cual el añorado Luis Carandell habría escrito de seguro la versión corregida y ampliada de su Celtiberia Show, los españoles nunca les van a perdonar su inestimable aportación a la dudosa tarea de convertir a España en un nuevo hazmerreír de la escena internacional. La muy probable tercera vuelta de las elecciones generales -en Interior ya se prepara desde hace semanas la maquinaria-, terminará siendo una losa descomunal para los señalados como los responsables de provocar el más alto nivel de desafección política desde la recuperación de la democracia. Si se confirman los pronósticos, y la abstención alcanza el nivel que anuncian los sondeos, la legitimidad de la primera línea de la política española habrá recibido un duro golpe. Puede que definitivo. ¿Hasta el punto de quedar inhabilitada? Puede que hasta ese punto. Ni siquiera las excepciones que se intuyen tendrán garantizada la inmunidad.

En este escenario nada improbable, llama extraordinariamente la atención la presuntuosidad de una izquierda que anda entretenida en peleas fratricidas, de gran conveniencia para sus adversarios políticos, y a la que no parece preocupar en exceso el debilitamiento institucional. Del lado socialista, la amenaza latente de Pedro Sánchez de congregar a la militancia menguante contra los críticos le confirma como un jugador de chica, más preocupado por conservar la mano que por ganar la partida (ya saben aquello de jugador de chica, perdedor de mus).

Iglesias y Monedero inventan el estalinismo blando, o lo que es lo mismo: resucitan la intimidación como mecanismo para captar voluntades

Por su parte, en Podemos han decidido exponer en la plaza pública sus incompatibilidades personales, en medio de la tormenta electoral perfecta y a modo de reality en el que, con toda naturalidad, Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero apuestan por la intimidación como mecanismo para captar voluntades, frente a un Íñigo Errejón que está demostrando ser el más político de todos ellos y deja entrever que su futuro podría estar algún día más cerca de un supuesto PSOE refundado que del estalinismo blando de algunos de sus actuales compañeros de aventura. En cualquier caso, lo que la discusión en Twitter  ha puesto de relieve es que las discrepancias entre  Iglesias y Errejón van mucho más allá de la táctica y que la ruptura de la prolífica sociedad que montaron ambos es cuestión de tiempo.

Lo dicho: de cabeza a nuevas elecciones, con Rajoy cada vez más favorito. La novedad es que la izquierda se ha revelado como la más eficaz colaboradora de don Mariano. Para rematar la faena, a Sánchez y a Iglesias solo les falta poner un cartel en sus puertas que podría contener la leyenda de aquel que Carandell incluyó en su Celtiberia Show: “Se vende rebaño de cabras con o sin cabrero”.


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