Independencia de Cataluña

Los independentistas fracasan en su primer gran pulso al Gobierno tras el artículo 155

Los separatistas no lograron parar Cataluña en su primer gran pulso al Estado tras la aplicación del 155. Fue una jornada de biocot, sabotaje y coacción a la libertad de los ciudadanos.

Huelga general en Cataluña
Huelga general en Cataluña EFE

Los separatistas no lograron su objetivo en su primer gran pulso al Gobierno tras la aplicación del 155 en Cataluña.  "Mínimo seguimiento, máximo daño". El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, sintetizó con esta frase el balance de la 'mal llamada huelga general' que ha vivido este miércoles toda Cataluña. Pese a su carácter eminentemente político, el TSJ de Cataluña la había declarado legal, en respuesta a una demanda presentada por la patronal Foment. Ni CC.OO. ni UGT se sumaron a la protesta, factor clave para que su efecto en los grandes centros industriales y comerciales fuera mínimo. La exigencia de la puesta en libertad de los 'presos políticos', esto es, los antiguos consejeros y la de 'los dos Jordis', era el eje de la protesta.

Muchos actos vandálicos y escasa respuesta laboral. El transporte ha sido el principal objetivo de los colectivos secesionistas, que han logrado bloquear el tráfico en al menos 70 puntos de las carreteras catalanas. El ferrocarril fue otro de los puntos negros de la jornada. La estación del AVE de Gerona permaneció ocupada por cientos de activistas durante horas, que cortaron vías y evitaron la circulación de los convoyes. También en Sants, en Barcelona, se interrumpió el tránsito del AVE durante toda la tarde, que concluyó con una cancelación de viajes hasta la mañana del jueves. Ni una detención por parte de los mossos, de nuevo están en el disparadero.

El primer gran pulso organizado por entidades separatistas tras la aplicación del 155 se ha saldado con un resultado desigual. Los huelguistas, liderados por una intersindical minoritaria, el CSC, dirigido por Carles Sastre, un antiguo terrorista condenado en su día por asesinato, no lograron paralizar la comunidad pero provocaron enormes trastornos en la movilidad ciudadana. Mucho ruido, boicot, sabotaje, hostigamiento a la población indefensa y enorme rechazo por quienes sufrieron los efectos de estos ataques a su libertar de movimientos y de acceso al trabajo.

Los denominados comités de defensa de la república fueron los elementos más agresivos de la jornada. Se desplegaron por vías y calles, exhibieron pancartas de homenaje a los presos y protagonizaron enfrentamientos continuos con quienes pretendían acceder a su centro de trabajo. No hubo apenas respuesta policial. Las autoridades habían dado la orden de apenas intervenir para evitar las instantáneas del 1-O. 

La versión oficial del Gobierno central, expresado a través del secretario general técnico del ministerio del Interior, Juan Puigserver, señaló  que el seguimiento del paro ha sido 'mínimo y residual' en todos los sectores, salvo en la enseñanza, dominado mayoritariamente por un sindicato independentista. Los datos del consumo eléctrico, superior en un 3 por ciento al de una jornada normal, confirman la escasa incidencia de la protesta en el sector de la industria. El transporte fue más perjudicado. Según la patronal del sector han sufrido pérdidas de unos 254 millones euros. El Prat vivió una jornada normal, al igual que el puerto de Barcelona. El comercio ha registrado un seguimiento de entre un 20 y 30 por ciento.

Violencia en las carreteras

Grupos de piquetes, muchos de ellos violentos, se desplegaron desde la madrugada por las principales arterias viarias que conducen a Barcelona. Lograron impedir el normal acceso a la ciudad en las horas punta de la mañana, lo que provocó incidentes y enfrentamientos entre los agitadores y la gente que acudía a su puesto de trabajo. La actuación de los Mossos fue correcta, de acuerdo con el ministro, de una eficaz colaboración con la Policía Nacional. Correcta, según una opinión mayoritaria, porque no hicieron nada, apenas levantaron barricadas,  casi no apartaron a los activistas cuando cercenaban carreteras u obstaculizaban el libre tránsito de las personas. "No hay Estado", repetían los damnificados. "¿Dónde está el 155?"

No se han despejado las sombras que enturbian la imagen de este cuerpo desde los episodios registrados durante el referéndum del 1-O. Mientras algunos mossos participaban activamente para despejar carreteras cortadas, otros optaban por la pasividad que caracterizó su actuación durante la convulsa jornada de la consulta plebiscitaria de enero. Las redes se inundaron con vídeos en los que se constataba el reprochable comportamiento de miembros de la policía catalana, más cerca de los agitadores que de los ciudadanos. "Se ha tenido que recurrir a la fuerza mínima imprescindible", explicó

Omnium y ANC, las entidades de agitación callejera financiadas por la Generalitat, colaboraron a dibujar un escenario convulso durante la jornada. Miembros de estos grupos participaron activamente en los piquetes y protagonizaron concentraciones y manifestaciones en muchos puntos de la comunidad. 


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