Cataluña Fuegos artificiales, 10 calles y el discurso de Rajoy: 5 horas en la Barcelona independiente

El centro de la ciudad condal albergaba una euforia colectiva desmedida tras la declaración de la independencia. Ni el anuncio del cese del Ejecutivo catalán consiguió aplacar la celebración secesionista. 

Miles de personas se han concentrado esta tarde en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona, ante el Palau de la Generalitat.
Miles de personas se han concentrado esta tarde en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona, ante el Palau de la Generalitat. EFE

Las calles de Barcelona se convirtieron en una verdadera fiesta tras la declaración de independencia y la proclamación de la república catalana por parte del Parlament. Desde primera hora de la tarde los congregados en el entorno de la Cámara catalana se desplazaron hacia los alrededores del Palau de la Generalitat para festejar la decisión que marcaba un hito tras dos jornadas de auténtico infarto. 

Apenas faltaban diez minutos para la comparecencia de Mariano Rajoy desde la Moncloa cuando los ya miles de congregados en la plaza de Sant Jaume se reían a carcajadas con una imitación de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, a cargo de la humorista Agnes Busquets. La cerveza corría por litros en medio de un concierto multitudinario organizado por la entidad soberanista ANC.

Los gritos reclamando la libertad de su presidente Jordi Sánchez y del líder de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart -en prisión provisional por un presunto delito de sedición- se repetían tanto como aquellos que reclamaban que se descolgase la bandera española de la fachada del Palau. "Fora, fora, fora, la bandera espanyola!", insistían algunos. Los grupos de música animaban a los allí presentes hasta que todos comenzaron a mirar los móviles a eso de las ocho y cuarto de la tarde.

Quienes seguían las palabras de Rajoy por la radio empezaron a hacer correr el rumor de que todo el Ejecutivo catalán iba a ser destituido. La música seguía sonando a todo trapo, aunque se escucharon bien los pitos y los abucheos al anuncio del presidente cuando apareció en una pantalla gigante.

En los bares de los alrededores, los botellines de cerveza se acumulaban en las barras mientras todos se congregaban bajo los televisores en los que también se comunicaba la disolución del Parlament y la convocatoria de elecciones para el 21 de diciembre, como consecuencia de la aplicación del artículo 155 de la Constitución. "¡Qué hijo de puta!", llego a gritar algún exaltado que animó a los demás a cantar el himno de Els Segadors

Por su parte, los Mossos d'Esquadra se habían encargado de blindar las calles aledañas del Palau de la Generalitat, en cuyo interior estaba el presidente ya destituido, Carles Puigdemont. "Es un día muy importante para Cataluña; por eso no se puede pasar", le explicaba un agente a una turista que pretendía acceder a la zona mientas se escuchaba de fondo el tan coreado "els carrers seran sempre nostres" (las calles siempre serán nuestras).  

Imagen de la plaza Sant Jaume.
Imagen de la plaza Sant Jaume. EFE

Para entonces, la euforia ya había vuelto a apoderarse de la plaza Sant Jaume. "¡Puigdemont, al balcón!", reclamaban los cerca de 17.000 manifestantes congregados, según los organizadores. Pero el president -al que este jueves gritaban traidor cuando sopesó convocar elecciones- nunca salió a la balaustrada y la bandera permaneció en su sitio. Abandonó el edificio por la puerta de atrás en su coche oficial cerca de las diez de la noche.

Después de que la periodista Pilar Rahola reclamase desde el escenario la libertad para los líderes soberanistas detenidos, aseguró que "mañana haremos lo que tenemos que hacer: lucharemos, aguantaremos". Y poco tiempo más tarde comenzó un espectáculo de fuegos artificiales hasta que a eso de las diez terminó la música y la conductora del acto mandó a los asistentes a dormir. "Coged fuerzas, porque será una semana muy dura", dijo llamando a organizarse para defender las instituciones catalanas.

La ANC disolvió la concentración animando a los asistentes a descansar porque "viene una semana muy dura"

La especie de alegría irracional que fluía haciendo oídos sordos a las consecuencias que supone la decisión adoptada este viernes en el interior del Parque de la Ciutadella, desaparecía al entrar en los comercios que permanecían abiertos pero vacíos. Los dependientes miraban al exterior con cara de circunstancia cómo caminaban los viandantes ataviados con la estelada anudada al cuello. 

"Esta gente no se da cuenta de lo que tienen. Si hay violencia, me volveré a Estados Unidos. Tengo tres nacionalidades y no quiero tener cuatro", aseguraba Hamid, un pakistaní instalado en Barcelona desde hace treinta años y propietario de un tienda de informática cercana al Palau. En la tienda oficial del Real Madrid no había un alma.

Imagen de la sede de Catalunya Radio tras los incidentes.
Imagen de la sede de Catalunya Radio tras los incidentes. EFE

Mientas el centro de Barcelona era una fiesta, un grupo surgido de otra manifestación que reclamaba la unidad de España por la avenida Diagonal se concentraba a la entrada de la emisora Catalunya Radio provocando altercados que terminaron en destrozos. Decenas de concentrados rompieron los cristales de la puerta de entrada del edificio impidiendo salir a los trabajadores del medio de comunicación hasta pasadas las nueve y media de la noche. 


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