Elecciones en Cataluña De la desesperación a la euforia: el 21-D salva al PSC de la crisis interna

Ni dimisiones, ni manifiestos. Contra todo pronóstico, la aplicación del 155 no provoca un terremoto en el PSC que espera subir por primera vez en unas elecciones en muchos años.

El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, en la manifestación de Societat Civil Catalana
El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, en la manifestación de Societat Civil Catalana EFE

Nadie hubiera pensado hace una semana que en el PSC podrían encontrar motivos para el optimismo con un 155 en marcha y, menos aún, que su aplicación, con el apoyo de los socialistas no cayera como una bomba en sus filas. Pero en el primer fin de semana de la Cataluña intervenida ha reinado la tranquilidad y el ánimo por la cercanía de unas elecciones que pueden suponer su primer crecimiento electoral en mucho tiempo.

Si en la víspera de la jornada histórica en la que el Parlament declaró la independencia y el Senado autorizó a aplicar por primera vez el artículo 155 de la Constitución reinaba la desesperación entre los socialistas catalanes, que trataron hasta el último momento de convencer al president de la Generalitat, Carles Puigdemont, de que convocara él las elecciones, el anuncio de comicios para el 21 de diciembre por parte del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, llegó como un balón de oxígeno.

Esa cita con las urnas anunciada en 55 días se ajusta a la petición más repetida por el PSC, que siempre vio en las elecciones la solución a la crisis en Cataluña, aunque hubieran preferido que fuera sin declaración unilateral de independencia (DUI) ni artículo 155. Al final, ha habido de todo, pero el PSC pone por encima la campaña electoral que ya ha dado por arrancada.

Y que mantiene a los suyos "animados". "No es una crisis", aseguran en el PSC, donde la aplicación definitiva de este artículo ha supuesto menos convulsión que la que una semana antes provocó la aprobación del acuerdo del Consejo de Ministros, que hablaba de una intervención de hasta seis meses. 

Ese día, la alcaldesa de Santa Coloma de Gramanet, Nuria Parlón, dimitió de manera fulminante de la Ejecutiva del PSOE, una salida que se conoció después de que hiciera público un comunicado junto a otros tres destacados alcaldes socialistas (Jordi Ballart, de Terrassa; Josep Mayoral, de Granollers, e Ignasi Giménez, de Castellar del Vallès)  manifestando su "radical desacuerdo y rechazo a la aplicación del 155 y las medidas que se derivan".

Nuria Parlón "se precipitó" al dimitir

Ahora, algunos socialistas apuntan que Parlón que "se precipitó" al marcharse de esa manera de la Ejecutiva de Pedro Sánchez, en la que era la dirigente del PSC con un cargo más relevante. Su decisión no sentó bien en el PSOE ni en la dirección, aunque públicamente se asumió de manera cordial. 

Aquella decisión del Consejo de Ministros también confirmó la preocupación de los socialistas catalanes sobre la estabilidad de algunos pactos municipales. El PSC tiene 122 alcaldías y participa en los gobiernos de otras 70 localidades (entre ellas, la de Barcelona) y se temía que la presión de las últimas semanas terminara afectando a estos acuerdos.

Y, efectivamente, la semana pasada continuaron las rupturas, consumadas o amenazadas, que han salpicado todo el mes de octubre, pero este fin de semana sólo se han añadido a la lista Girona, donde la teniente de alcalde socialista abandonó el gobierno municipal con PDeCAT, y Manlleu (Barcelona).

Un balance moderado, aunque algunos dirigentes del partido apuntan que la convulsión en los municipios seguirá, porque es ahí donde ha estado gran parte de la presión desde que la crisis se recrudeció. Aunque también se apunta a que la antigua Convergencia podía hacer ahora una "reflexión seria" y replantearse la situación.

En todo caso, sostienen que la tónica de estos días es la "tranquilidad" en las filas del PSC frente al "nerviosismo" entre los independentistas, que están "descolocados" ante el nuevo escenario. Son ellos, afirman, los que se han quedado sin relato.

En cambio, el PSC arranca con ganas una campaña que llevaba esperando meses -su primer secretario, Miquel Iceta, fue proclamado candidato el pasado julio- y en la que van a defender que ellos son los únicos que han defendido una salida dialogada desde el principio y han mantenido los puentes con todas las partes.

El propio Iceta se esforzó hasta el último minuto en evitar la DUI y, aunque la marcha atrás de Puigdemont cuando parecía que iba a convocar elecciones llevó a algunos a culpar a Rajoy, ahora se pasa página y se pone el acento en el error que cometió el president al no disolver él el Parlament.

Y tratarán de rentabilizar el papel que han tenido en las elecciones, en las que las encuestas les sitúan en fase de recuperación, lo que supondría su primer crecimiento después de una década de retrocesos. En 2015 tuvieron su peor resultado en unas autonómicas, pero entonces el juego de las expectativas les permitió salvar los muebles: los sondeos les daban entre ocho y nueve escaños, por lo que los 16 que consiguieron, pese a la caída, sentaron como un triunfo

Ahora, quieren aprovechar el tirón del compromiso del PP con la reforma de la Constitución, aunque las elecciones puedan retrasar los plazos que pactaron Sánchez y Rajoy, y el papel que ha tenido el secretario general del PSOE estos meses. Todos los socialistas van a defender que si las elecciones son en un plazo tan corto es, en gran medida, porque era la exigencia fundamental que hacían para ir de la mano del Gobierno en un camino tan difícil. 

También harán gala de unidad, como el propio Pedro Sánchez está haciendo en los últimos días. La buena relación entre los líderes del PSOE y del PSC ha permitido a los dos partidos hermanos mantener un mismo discurso, pese a que en algunos momentos entre los socialistas catalanes ha habido voces que se han salido de la línea oficial. Pero tanto en Ferraz como en Nicaragua (la sede de los socialistas catalanes) se le ha restado importancia en todo momento.

Y, de la misma manera, en las federaciones socialistas no se han elevado críticas contra las decisiones de la dirección federal, aunque algunos lamentan que Sánchez no haya reunido hasta ahora a los órganos del partido. Pese a que los puso en prealerta, después no los convocó, pese a la gravedad de la crisis política. 

Las federaciones críticas con el secretario general han lamentado en algunos momentos que el PSC dominaba el discurso de Ferraz -así ocurrió cuando el choque con Ciudadanos a cuenta del apoyo en el Congreso a las fuerzas de seguridad- pero el resultado final del choque satisface a todos. Ahora, todos harán piña para que el PSC obtenga los mejores resultados el próximo 21 de diciembre.


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