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Sánchez pactó con los independentistas una nueva relación de Cataluña con España

En los planes que Pedro Sánchez llegó a manejar para su investidura figuraba un acuerdo cerrado con la antigua Convergencia para crear una comisión ad hoc encargada de abordar el proceso soberanista.

El portavoz del Partido Demócrata Catalán, Francesc Homs, habla en el Congreso con Pedro Sánchez.
El portavoz del Partido Demócrata Catalán, Francesc Homs, habla en el Congreso con Pedro Sánchez. EFE

Pedro Sánchez sorteó las líneas rojas que el pasado diciembre le impuso el comité federal de su partido y llegó a negociar a fondo con la antigua Convergencia, ocho diputados en la Carrera de San Jerónimo, la creación de una comisión parlamentaria ad hoc para abrir un diálogo institucional sobre el conflicto catalán y superar la colisión que enfrenta a Cataluña con el resto de España desde los primeros gobiernos de Artur Mas. A cambio de esta iniciativa, los nacionalistas le darían su apoyo a la investidura.

Los independentistas exigieron dos condiciones a Sánchez: imponerse a los barones y cerrar un pacto con Podemos

Para acabar de cerrar esta operación, el portavoz del Partido Demócrata Catalán en el Congreso, Francesc Homs, le puso a Sánchez dos condiciones que también le fueron trasladadas al exlíder socialista por el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. La primera, que diera garantías ciertas de que podría sobrevivir a la ofensiva que se cocinaba contra él dentro del PSOE, en la que el PSC tomó partido a su favor. La segunda, que trenzara antes un acuerdo sólido con Podemos en el que se respetara esta vía para Cataluña.

La oferta de Sánchez a la antigua Convergencia fue, pues, mucho más generosa y arriesgada que la creación de una ponencia parlamentaria para reformar la Constitución, idea que acarició Alfredo Pérez Rubalcaba en su momento para dar una mayor cohesión a la estructura del Estado y consolidar la cohesión territorial. No. Lo que el exsecretario general del PSOE estaba dispuesto a dar a los independentistas era una comisión en la Cámara Baja con una agenda monográfica para Cataluña en la que pudiera revisarse desde su relación con España hasta su modelo de financiación para acercar éste a los parámetros que guían el Concierto económico vasco.

La resolución de diciembre en la que el comité federal le puso a Sánchez las líneas rojas que no debía traspasar para formar un Gobierno alternativo al del PP era clara: “Rechazamos, de manera tajante, cualquier planteamiento que conduzca a romper con nuestro ordenamiento constitucional y que amenace así la convivencia lograda por los españoles durante estos últimos 37 años. La autodeterminación, el separatismo y las consultas que buscan el enfrentamiento sólo traerán mayor fractura a una sociedad ya de por sí divida. Son innegociables para el Partido Socialista y la renuncia a esos planteamientos es una condición indispensable para que el PSOE inicie un diálogo con el resto de formaciones políticas”.

En las negociaciones con Podemos y con el PDC, Sánchez les dejó claro que le quedaba una tecla por pulsar, la de Esquerra Republicana. Algunos de sus portavoces le anticiparon que sería muy complicado su apoyo en la investidura, pero que era un asunto que podría arreglarse mediante el ofrecimiento de una amplia agenda social que sirviera a los republicanos de pretexto para no parecer los culpables de haber obstaculizado la formación de un Gobierno de izquierdas y de darle a Mariano Rajoy una nueva oportunidad para seguir en La Moncloa.

Un castillo de naipes

Las fuentes consultadas revelan que toda la operación estaba construida sobre un castillo de naipes puesto que Sánchez nunca llegó a garantizar a sus interlocutores su blindaje frente a la batalla interna que libraban contra él los barones más proclives a su destitución y a facilitar con la abstención de los 84 diputados socialistas otro Gobierno del PP.

En las conversaciones privadas que Sánchez mantuvo con algunos barones de su cuerda antes de su desalojo de Ferraz, les hizo ver que tenía en sus manos la solución para abordar el bloqueo institucional con Cataluña y que Puigdemont estaba deseando encontrar un argumento sólido, a modo de salvavidas, para detener la huida hacia delante del proceso soberanista. De estos contactos tuvo conocimiento también el Partido Nacionalista Vasco, proclive a abrir una puerta para Cataluña siempre que no llegara a perjudicar su modelo de Concierto.

Fuentes del PSOE, del PDP y del PNV tienen claro que de haber sobrevivido Sánchez al sábado negro del 1 de octubre y conseguir su investidura, este guion se hubiera puesto en marcha sin demasiada dilación en cuanto se hubiera formado Gobierno.

El PNV fue informado por Sánchez de los contactos avanzados que tuvo con la antigua Convergencia

Uno de los miembros de la anterior ejecutiva socialista interpreta que quienes defenestraron a su exsecretario general intentarán ahora utilizar esta información para justificar su inquina contra Sánchez así como el golpe de mano que urdieron contra él para favorecer lo que probablemente ocurrirá antes de fin de mes, la investidura de Rajoy como presidente.


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