Malnacido, nos has dejado solos. Eso decía un independentista de toda la vida al enterarse que el ex President no pensaba ir a declarar delante de la justicia. No es el único que piensa que le han tomado el pelo. A Puigdemont le da igual.

"Esto nos puede costar la cárcel a muchos"

Así se expresaba, de manera terminante y enervada, el hasta ahora miembro de la Mesa del Parlament Joan Josep Nuet. El dirigente de Esquerra Unida i Alternativa, en declaraciones a Catalunya Ràdio, se temía que la actuación del cesado Carles Puigdemont podía suponer la entrada en prisión de toda la larga cola de citados por la justicia para declarar. Añadía que la acción del Govern le había parecido un auténtico despropósito. Es una lástima que no lo haya visto antes, porque él está entre los que tienen que ir a explicarle muy clarito las cosas a un tribunal en el que no habrá nadie designado a dedo por sus amigos secesionistas.

Nuet se ha apresurado a decir, por activa y por pasiva, que él no firmó en favor de la independencia y que no estaba a favor de la proclamación ilegal de la República Catalana, más efímera que una pompa de jabón. En fin, que anda el hombre preocupado por su destino futuro y por si habrá o no de compartir el martirologio que sufren los dos dirigentes encarcelados en Soto del Real, ya saben, los dos Jordis.

Más allá de esas cuitas, tan humanas como despreciables, porque nadie les obligaba a romper todas las leyes habidas y por haber, existe un cabreo extremo entre las bases del independentismo. Estaban seguros – ¡Dios mío, que ingenua que es la masa y con que facilidad se la engaña! – de que triunfaban, que todo estaba preparado, que el golpe de estado iba a ser un paseo amable. Se han encontrado con la dura realidad y eso les ha hecho despertar de golpe. Duro despertar, sí, pero no lo ha sido menos el calvario que ha sufrido la población catalana no adicta al régimen a lo largo de los últimos cinco años.

No había un maravedí en las arcas, pero nadie se lo quería decir a Puigdemont

Tras las últimas revelaciones, y más que vendrán, los catalanes hemos asistido a conversaciones entre altos cargos de la cúpula de la Conselleria de Economía en la que reconocían que no había forma de proclamar la independencia. Vamos, que no había un mísero maravedí en las arcas. “Es que, si lo decimos, aún dirán que la culpa es de Junqueras”. Vaya panda de paniaguados covachuelistas. Nadie tenía pelendengues de decírselo a Puigdemont, no fuese que se liara una trifulca partidista. Meter a Cataluña y a todo un estado en un embrollo fenomenal, eso, les daba igual. No sabría decir si son más inconscientes que canallas. Probablemente, las dos cosas. Además, hay que ser muy poca cosa como políticos para temer al César de Girona, al Napoleón de las comarcas, a ese líder que soñaba con una Catalunya dentro de la UE, sin ninguna empresa que se fuera, pactando con el gobierno de España, en fin, el puro delirio de un alucinado que sonreía cuando sus colegas de la ANC y Ómnium sacaban a la calle a los de siempre gritando que se iba a ser independiente sí o sí.

Ahora, la gente que ha vivido en un perpetuo orgasmo todo este tiempo se da cuenta que el gatillazo ha sido de órdago y culpan a Puigdemont de traidor, de dejarlos en la estacada. Poco le parece a este articulista. Mientras los que van a Madrid a declarar lo hacen con el culito tan apretado que no les entraría ni un grano de arroz, los que se han quedado aquí, “defendiendo la república”, piensan en Puigdemont y se acuerdan de toda su familia. Las CUP, los primeros. Esquerra, después. Pero los que se sienten peor son sus conmilitones del PDCAT, que, acostumbrados a la taumaturgia pujolista, el mesianismo de Artur Mas y la impunidad en la que se han movido hasta ahora, se esperaban cualquier cosa menos la espantá del niño del flequillo.

Tampoco es baladí contemplar las caras de Carme Forcadell o algunos de sus adláteres. Dicen que ella está sumida en un estado tristísimo. No la invitaron a la gran evasión y eso debe doler mucho. La que gritaba, cuando era la capitoste de la ANC, “President ponga las urnas” debe llevar fatal que las urnas las haya puesto un presidente, sí, pero el de España, que además se llama Mariano Rajoy.

A qué se aferran los más fanáticos

Que alguien como el economista de las chaquetas de colores – no sería insulto llamarle chaquetero, por lo tanto – Xavier Sala Martín diga que prefiere no opinar acerca del asunto es bastante ilustrativo. Programas en la televisión y radio del régimen, conferencias, gabelas, prebendas, nada le permitía vaticinar que acaso tenga que poner a subasta su fondo de armario. Son muchos los que jaleaban desde platea este asunto, llamando de todo a los que hacían sentir su disconformidad, los que ahora están haciéndose el sueco y mirando hacia otro lado. Por dentro les hierve la sangre. Que les derrote el perverso y siempre maléfico aparato del estado, que lo único que ha hecho es aplicar de una puñetera vez la ley, les debe parecer poco menos que indigno. Ahora bien, que el máximo timonel de la patria catalana huya con la vajilla de plata y los deje con el culo al aire, debe ser para ese grupo de subvencionados algo intolerable.

Puigdemont es un egoísta que solo intenta salvar su culo de la ley aduciendo que se ataca a los catalanes

Tengo para mí que les va a ser mucho más difícil superar este trauma a los indepes que a Cataluña recuperar su pulso normal. Porque existe una sociedad catalana que nunca ha estado por querer alcanzar la luna, sino ganarse la vida en paz y con garantías legales. A los que han regado las calles con gritos de botiflers, a los que se han pasado décadas arrojando monedas a los partidos no independentistas en la ofrenda floral a Rafel de Casanova, a los mismos que han secuestrado la Diada, el idioma catalán, los que han elaborado listas de periodistas catalanes no adictos, los que han mirado por encima del hombro a sus conciudadanos, con cara de conmiseración, diciéndoles que se fueran de Cataluña si no les gustaba lo que se estaba haciendo, a todos ésos ahora Puigdemont les parece un malparit, claro.

Es mucho más simple: es un egoísta que solo intenta salvar su culo de la ley aduciendo que se ataca a los catalanes. Un viejo truco, viejísimo, que aún funciona en los más descerebrados, como funcionan los mensajitos que circulan por las redes asegurando que todo esto obedece a una estrategia inteligentísima y que ya verán como al final todo se está haciendo de manera sagaz para alcanzar la independencia.

Los intoxicadores profesionales están trabajando a destajo estos días y no es de extrañar. La broma se ha terminado, y cuando son los tuyos los que te llaman de todo, es señal de que hay que dedicarse a otra cosa. En las filas ex convergentes ya se ha pasado pantalla, utilizando su lenguaje. Más bien han apagado el viejo ordenador, comprándose otro que se llama Santi Vila. Lo que pueda hacer tal señor con el crédito político bajo cero que tiene ahora ese partido es algo que ignoro. Su bajada del tren en el último minuto no parece ser garantía de nada que no sea más de lo mismo para tener dentro de algunos años un problema similar.

¿Cuántas caceroladas se han hecho en Barcelona los últimos días en favor de la libertad de los Jordis?

En Esquerra, los más indignados ante la fuga de Logan protagonizada por el cesado Puigdemont, ya hacen quinielas. Si empapelan a Oriol Junqueras, han de buscarle un recambio. Dije hace poco que tanto él como Puigdemont estaban más que amortizados, convirtiéndose en un estorbo. Puede que acaben compartiendo celda en la cárcel, lo que sería un rasgo de justicia divina. Es palpable la intención que albergan los suyos en convertirlos en mártires del proceso, como lo son lo dos Jordis. Claro, a los mártires se les puede usar como símbolo en este o aquel momento, pero, desengáñense, siempre se les acaba olvidando. ¿Cuántas caceroladas se han producido en Barcelona en favor de la libertad de los capos de la ANC y Ómnium en los últimos días? Ninguna. Todo va tan rápido que el mártir de ayer es el olvidado de hoy.

Ténganlo presente los que comparezcan ante los tribunales y hagan lo que ha hecho su ex President. No huir, que queda feo que se vayan a Bélgica, Rumanía o Rusia los miles de cargos implicados en esta barbaridad. En esos países a los inmigrantes no se les acoge con el candor suicida de aquí. Lo recomendable sería cantar la Traviata delante del de negro y largar mucho, a ver si de una puñetera vez sajamos el absceso, drenamos el pus y seguimos nuestras vidas con normalidad.


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