Independencia de Cataluña Lo que no se vio del Pleno más grotesco de la historia del Parlament

La sesión de la independencia efímera dejó escenas para enmarcar dentro de un Parlament tomado por decenas de medios internacionales. Artur Mas se lució delante de las cámaras mientras que una diputada de la CUP se quedó en blanco leyendo la declaración paralela de la República catalana. 

Los medios agolpados a la entrada de Puigdemont.
Los medios agolpados a la entrada de Puigdemont. EFE

Los corresponsales extranjeros tenían la difícil tarea de explicar a sus jefes qué había sucedido en realidad. Una reportera argentina trataba de aclarar a los responsables de su periódico el 'sí pero no' de Carles Puigdemont. Tirada en la moqueta de una de las salas de comisiones convertida en espacio de prensa improvisado, se afanaba en aclarar el "quilombo" montado por el president. "¡Ha habido independencia un momento, pero la ha suspendido después!", gritó por teléfono en varias ocasiones.

Horas antes de esa escena de confusión, la expectación por ver al jefe del Ejecutivo catalán entrar en el Parlament era máxima. Los cerca de 1.000 periodistas y técnicos acreditados para la posible declaración de independencia esperaban su llegada apostados en el patio central de la Cámara. Antes habían pasado hasta cuatro controles de seguridad en un parque de la Ciutadella completamente blindado por los Mossos d'Esquadra

Los responsables de prensa del Parlament estaban desbordados intentando colocar a todos los que allí se agolpaban cámara en mano. Los ujieres miraban ojipláticos el despliegue de cámaras y micrófonos. La temperatura era alta y se respiraba un ambiente cargado. Carreras de un lado para otro. Cada rincón, cada columna servía para un avance de radio. Las grandes emisoras se instalaron allí para emitir su programación especial. 

Y por fin llegó el momento. El ruido de los flashes de los fotógrafos daban la voz de alarma y anunciaban que Puigdemont subía ya por las escaleras. La moqueta roja volvía a temblar. Pero el president dio el primer esquinazo del día y logró escapar de los objetivos a través de un pasillo trasero.

El presidente catalán a su llegada al Parlament.
El presidente catalán a su llegada al Parlament. EFE

Dos horas tuvieron que esperar las cámaras para volver a captar su rostro, que ya mostraba una sonrisa forzada tras la tensa reunión mantenida desde las cinco con los diputados de la CUP. "Es por una cuestión de mediación internacional", se excusaban los portavoces del Govern. Pero nada más lejos de la realidad. A lo sumo una advertencia en toda regla del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. "Presidente Puigdemont, le pido que respete el orden constitucional y no anuncie una decisión que haga imposible el diálogo", le dijo el dirigente comunitario.

El cambio de guión a última hora de Puigdemont no gustó nada a los anticapitalistas, que se sintieron traicionados al ver que el texto definitivo que iba a pronunciar el president nada tenía que ver con lo que habían pactado. Fue una larga espera en la que los diputados del PP y Ciudadanos explicaban ante los micrófonos que habían presentado un escrito solicitando suspender el Pleno. Entre tanto, en medio de la marabunta de cámaras apareció el diputado de Esquerra Republicana (ERC) en el Congreso, Gabriel Rufián.

Acaparó los focos durante unos minutos explicando ante los medios internacionales su habitual mensaje de 'la afrenta del Estado'. Hubo hasta manotazos de periodistas mexicanos quejándose de que era "una entrevista personal" de la que todos estaban intentando gorronear. Los reporteros españoles se sorprendían de su pretensión. También se dejaron ver por allí diputados del PDeCAT como Carles Campuzano, Ferrán Bel o Miriam Nogueras. 

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont(i) acompañado de Artur Mas en la tribuna de invitados del Parlament.
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont(i) acompañado de Artur Mas en la tribuna de invitados del Parlament. EFE

Y a las siete de la tarde sonó por fin el timbre que llamaba a los diputados a ocupar sus escaños. El Pleno debía comenzar de inmediato, pero faltaban los diputados de la CUP. En la bancada del PP los parlamentarios se revolvían inquietos. Ningún miembro de la Mesa estaba aún en su sitio. La incertidumbre volvía a planear sobre una sesión que ya había sido suspendida por el Tribunal Constitucional.

Una ujier con cara de circunstancia seguía apretando el timbre sin cesar tras una puerta entreabierta junto a la entrada del hemiciclo. Tras casi diez minutos de vacilación, por fin entraron todos y la presidenta Carme Forcadell dio inicio a la sesión.

Artur Mas en la escalinata

Tras el pleno en el que Puigdemont anunció la independencia de Cataluña para dejarla en suspenso apenas unos segundos después, el bullicio volvió a invadir los pasillos de la cámara catalana. Todos querían captar el rostro del president tras su declaración en diferido. Con un paseo fugaz, Puigdemont desapareció rodeado por sus guardaespaldas a través de una puerta lateral. 

A falta del protagonista, el expresidente Artur Mas que acompañaba al primerose convirtió entonces en el objetivo de todas las cámaras. Se notaba que quería dejarse ver como arquitecto de todo aquello. Con paso tranquilo abandonó la tribuna de invitados y se plantó estratégicamente en la escalinata del patio central. Allí permaneció durante más de diez minutos, charlando con unos y otros. Abrazos, sonrisas y comentarios tapándose la boca de vez en cuando. Él también había estado presente en la reunión que retrasó una hora el comienzo de la sesión.

La firma simbólica de la declaración.
La firma simbólica de la declaración. Europa Press

Poco tiempo le duró el baño de flashes. Toda la atención se había trasladado minutos más tarde al auditorio del Parlament, en el piso de abajo. Allí los diputados del bloque secesionista se disponían a leer y rubricar uno por uno una declaración de independencia al margen del Pleno. No era más que acto simbólico para calmar los ánimos de a los enfadados diputados de la CUP. Su organización juvenil Arran ya había dicho que Puigdemont había cometido "una traición inadmisible". 

Todos eran conscientes de que ese brindis al sol no tendría ninguna consecuencia jurídica. Sólo era parte de una puesta en escena que no convenció a los miles de congregados en el paseo de Lluís Companys para escuchar al president. Huyeron espantados tras su pirueta parlamentaria. No se quedaron ni siquiera para pitar a Arrimadas o Albiol. "Constituimos la República catalana como estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social. Disponemos la entrada en vigor de la ley de transitoriedad jurídica y fundacional", rezaba el texto firmado ya entrada la noche y que la CUP esperaba que Puigdemont leyese en el Pleno.

La diputada de la formación anticapitalista Mireia Boya provocó una de las anécdotas de la tarde. El cambio de folio le jugó una mala pasada mientras leía la declaración. "Afirmem que Catalunya té la voluntat inequívoca d’integrarse tan ràpidament com sigui possible a la comunitat internacional. El nou Estat es compromet a respectar les...". Y se hizo el silencio durante cinco eternos segundos.

La diputada de la CUP Mireia Boya.
La diputada de la CUP Mireia Boya. EFE

"Eh, pues aquí me falta un trozo de frase", llegó a decir. Cinco segundos más de incómodo silencio. Los miembros del Govern allí presentes cruzaban miradas de rubor. "A respectar...". Silencio de nuevo. "Les obligacions internacionals que s’apliquen actualment en el seu territori i a continuar sent part dels tractats internacionals dels quals és part el Regne d’Espanya". Por fin logró terminar la frase.

El consejero de Interior, Joaquim Forn, se partía de risa con el lapsus de la cupaire. Desde su silla se tapaba la boca y comentaba el desliz con el titular de Territorio y Sostenibilidad, Josep Rull. Precisamente, este último se afanaba en explicar al término del acto a la corresponsal de un diario francés en qué consistía la pantomima a la que también asistieron 'los jordis', líderes de las entidades soberanistas ANC y Òmnium Cultural

"Es sólo nuestro gesto político que demuestra nuestra voluntad de seguir adelante, porque lo otro está anulado", sentenciaba Rull después de haber cantado junto al resto de diputados el himno de Els Segadors. El "bon colp de falç, defensors de la terra!", cerró una jornada histórica en la Cámara catalana. 


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