Paridad en Acción

12 hombres sin piedad

El otro día vi la película 12 hombres sin piedad, un peliculón de la vieja escuela del año 1954. El guión de la película va sobre un juicio estadounidense, de un homicidio en el que 12 hombres blancos, todos de la misma edad, tienen que deliberar sobre el futuro de un muchacho portorriqueño, dictaminando si es culpable o inocente de parricidio. Las pruebas apuntan a que es culpable, por ello 11 de los 12 miembros del jurado opinan que es culpable. Solo el miembro número 8 (interpretado por Henry Fonda) tiene en cuenta diferentes argumentos que se han citado en el juicio, lo cual le provoca la duda sobre la culpabilidad del muchacho. Poco a poco el miembro número 8 hace que los demás vayan cambiando de opinión y que éstos se den cuenta de otros factores que no habían sido analizados en el juicio.

Mientras pensaba en el magnífico papel que interpreta Henry Fonda, convenciendo a sus compañeros en el jurado, se me ocurrió la comparación con un órgano de administración de cualquier empresa. Justamente en Estados Unidos, donde el 83,1 % de los miembros en los órganos de administración son consejeros (en España a fecha 27 de mayo de 2014 son 83,12 % consejeros), la mayor parte de ellos son hombres blancos con la misma edad media de 68 años. En España, la edad media es 61,2 años según el informe Heidrick y Struggles. La pregunta es ¿cuántas veces hay un miembro número 8 o un Henry Fonda en el órgano de administración para cuestionar la política actual de la empresa y para convencer a los demás de los cambios oportunos?

No es un secreto que grupos homogéneos suelen tomar decisiones sin (poder) tener en cuenta otros aspectos, y por ello, sin poder mejorar los resultados de la empresa, lo que al final del día es lo único que importa en el mundo capitalista, y todo sea dicho, con gran falta de expectativas comerciales.

Estudiamos por ejemplo el negocio de la empresa danesa LEGO, que en julio de este año nombraron a su segunda consejera de en total 21 miembros del órgano de administración. LEGO, cuyos clientes en un 91% eran masculinos en el 2012, inventó una serie para niñas, LEGO Friends, con muñecas que ni siquiera pueden mover sus manos, mientras sus homólogos pueden conducir coches, coger herramientas y correr. La empresa tenía éxito y multiplicaba por tres las ventas a niñas. Para la empresa solo se trataba de una edición limitada. La pregunta es ¿por qué no establecen una estrategia para llegar a más niñas, para adaptarse a las necesidades y deseos de estas, para colaborar con los padres, colegios y las instituciones públicas? Bien es cierto que no tengo un extenso conocimiento del sector de juegos infantiles, pero me imagino que las empresas como LEGO bien podrían alcanzar mayor cuota de mercado y obtener mejores resultados. Pero si el órgano de administración está compuesto únicamente por hombres, que no saben cómo piensan y viven las  niñas, y mucho menos el común potencial que pueden compartir niños y niñas simultáneamente,  es aun más difícil llegar a estas conclusiones.

Las malas noticias son que, según un informe de PricewaterhouseCoopers, los consejeros hombres blancos no tienen intención de cambiar nada, respecto a la selección y al nombramiento de sus homólogos. Prefieren estar entre ellos, en el grupo homogéneo. Y no muchas veces se encuentra un miembro número 8 o un Henry Fonda entre ellos.


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