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Miquel Giménez

Opinión

Una vacuna llamada Estremera

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, este jueves durante el pleno monográfico del Parlament.
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, este jueves durante el pleno monográfico del Parlament. EFE

A juzgar por cómo se han retractado ate el juez, todo indica que a los separatistas ingresados en prisión les ha sentado magníficamente su estancia en el Hotel Rejas. No hay nada mejor para combatir los virus antidemocráticos que una buena dosis de ley. Ahora bien, mandan huevos lo que han llegado a decir estos caballeros.

Viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley

Tras conocer el contenido de las declaraciones de los implicadas en el golpe de estado separatista, uno no puede por menos que asombrarse enormemente. Todos acatan la Constitución, todos se desvinculan de la vía unilateral, todos prometen dejar su escaño como diputados autonómicos si Junts per Catalunya cayese en tal cosa. En fin, salen de la cárcel de Estremera hechos unos constitucionalistas tan grandes que tal parece que piensan rivalizar en la defensa del orden democrático con Ciudadanos. Bueno, si salen, que eso ya son otros Garcías.

Ante tal milagro solo caben dos hipótesis: o verdaderamente esas semanas en la cárcel les han hecho reflexionar – el beneficio de la duda siempre debe otorgarse a quien sea – o son unos formidables reyes de la excusa para eludir sus graves responsabilidades, salir en libertad bajo fianza y proseguir sus vidas. Es humano y hasta lógico.

No es casual que todo esto coincida con la dimisión de Artur Mas o la firme negativa por parte de Carme Forcadell para ser candidata a la presidencia del Parlament. Si uno fuera malpensado, que lo es, a Dios gracias, creería que algunos dirigentes procesistas están tirándose en marcha de esa especie de tren de la bruja que capitanea Carles Puigdemont. ¿Puede ser que las excentricidades del fugadísimo hayan colmado el límite de la paciencia de los suyos? Puede. Que personas de la máxima confianza del expresident como los dos Jordis o el ex Conseller de Interior, Joaquim Forn, hayan dicho negro sobre blanco que lo que hicieron fue un error, que no desean romper la legalidad y que no piensan aceptar ninguna iniciativa que se aparte de la Constitución es un tremendo bofetón para Puigdemont, que persiste en sus repúblicas evanescentes de Visa Oro. La suya, por supuesto.

No es difícil imaginar lo que esta gente debe haber pensado en las largas noches carcelarias. Lo son, créanme. Dan tiempo a pensar, a reflexionar, a desesperarte, a maldecir, a replantearte muchas cosas. ¿Habrían hecho lo mismo si hubiesen sabido que iban a acabar en presidio, mientras que su líder se marchaba tranquilamente a Bruselas, dejándolos con un palmo de narices? En el caso de Forn, ¿quién le aconsejó volver a España para enfrentarse a la justicia, sabiendo que acabaría con sus huesos en la cárcel? ¿Volvió porque quiso o porque se lo mandaron? Y si se lo mandó alguien, ¿qué objetivo perseguía, el de mostrar a unas víctimas ante la opinión pública?

No sienta muy bien comprobar que todo en lo que creías era un puro camelo y, encima, a ti te han dado el papel de chivo expiatorio"

Las personas que se han desdicho de toda su ideología –que no otra cosa es su testimonio ante el juez-deben o estar muy quemados o ser más astutos que un mandarín oriental al que no le pagan las letras. Como sea que la astucia de esta gente es la que es, y, si no fuera por el gobierno de merengue que tenemos, aún sería menor, estamos tentados de creer que sí, que están quemados, que están hasta los gladiolos del fugadito, sus plasmas, sus investiduras telemáticas, en fin, de todo lo que hasta ahora habían apoyado y organizado. No sienta muy bien comprobar que todo en lo que creías era un puro camelo y, encima, a ti te han dado el papel de chivo expiatorio.

El momento de la verdad

Si la justicia decide poner en libertad tanto a Oriol Junqueras como al resto de los ingresados en la cárcel por el intento de golpe de estado separatista, la cosa pintará mal para Puigdemont. Me explico. Más allá de recibimientos triunfales, de manifestaciones “espontáneas” o de declaraciones del susodicho vía Skype, con lagrimita incluida, estos personajes saben muchas cosas que podrían ser interesantes. Suponiéndoles el grado de cabreo que les decía, sería bueno ver qué postura adoptarían cundo Junts per Catalunya plantee en el Parlament, que lo plantearán, recuperar la ley de Transitoriedad. ¿Sonreirán como hasta ahora a los de las CUP cuando estos digan que no aceptarán de ninguna manera volver a la constitucionalidad? ¿Plantarán cara, en caso de que el dúo Puigdemont-Artadi decida volver a las andadas? ¿se callarán, dimitirán, se irán a sus casas o abrirán el grifo y acabaremos por enterarnos, esta vez de primera mano, de todos los tejemanejes habidos y por haber del proceso?

Esto abre un terreno de hipótesis a cuál más interesante. La lejanía geográfica y política entre el expresident y los que fueran sus máximos colaboradores – se llegó a decir que Jordi Sànchez mandaba más que todo el Consell Executiu junto – podría acabar volviéndose un arma de doble filo contra Puigdemont. Como reza el viejo bolero, dicen que la distancia es el olvido, aunque el letrista se apresure a decir “pero yo no concibo esa razón”. Como letra sentimental está francamente bien, pero cuando hablamos de uno que vive como un marajá comiendo opíparamente, sin dar palo al agua, yendo a la ópera y viviendo como un marajá – por cierto ¿de qué vive Puigdemont y quienes pagan sus gastos? – y de otros que están en el trullo, el maco, la cangrí, galeras, en fin, la cárcel, la cosa cambia mucho. Vaya que si cambia.

De ahí que, entre las muchas cosas que no hay que perderse en los próximos días, una sea ver cómo evolucionan los por ahora presos separatistas. Si es cierto que se arrepienten y deciden volver al lugar del que nunca deberían haber salido, a saber, la ley, la legislatura que se inaugura el jueves próximo podría ser bastante diferente a como se la imaginaban los independentistas que, ebrios de estupidez, andaban muy ufanos la noche el pasado 21-D asegurando que habían ganado por goleada y que la independencia estaba a punto de llegar.

Puigdemont está dejando muchos cadáveres políticos a sus espaldas, pero, como desconoce la literatura castellana, ignora aquel verso que dice “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Como ejemplo tenemos a Mas y a Forcadell. Ambos reconocen que su situación judicial les impide continuar con las responsabilidades que tenían hasta ahora. Los dos han insistido mucho en eso, curiosamente. Los separatistas aducen que eso lo dicen en contra de Mariano Rajoy, que influye en los jueces y blablablá. No digo que no, pero ¿y si también fuera una puya en contra de Puigdemont, como diciéndole “te las estás mamando muy dulces mientras que nosotros estamos aquí tirados”?

Entre que los letrados dicen que la investidura telemática no es posible y que si Puigdemont quiere que lo hagan president deberá estar presente, y las deserciones de los presos, al chico del flequillo se le están poniendo las cosas muy, pero que muy difíciles"

Todo son especulaciones, claro, pero después de tantos años viendo a los Jordis o al mismo Forn – ya dije en cierta ocasión que me une a él una buena relación humana – defendiendo a machamartillo las tesis del proceso, se me antoja ahora, si más no, chocante su cambio de actitud. Todos tenemos derecho a rectificar, por descontado. Yo mismo lo hice en santa ocasión. Lo que me gustaría es saber cuánto hay en esa desafección de cálculo personal y cuanto de desengaño hacia el proyecto y sus dirigentes. Si hay más desengaño, es una magnífica ocasión para ver como los acontecimientos se sucedan.

De todos modos, y especulaciones aparte, el resultado de las declaraciones ante el juez le quita un palo del sombrajo más a ese proceso que ya se ha visto a donde lleva a las personas, crean en el o no, y al país entero. Algunos ya han empezado a pagar por habernos metido en ello, otros, mientras tanto, están tocándose los cataplines tan frescos, alimentando sueños locos y coadyuvando a que la de por si complicada madeja catalana se embrolle todavía más.

Entre que los letrados dicen que la investidura telemática no es posible y que si Puigdemont quiere que lo hagan president deberá estar presente, y las deserciones de los presos, al chico del flequillo se le están poniendo las cosas muy, pero que muy difíciles. No hay que preocuparse, expresident, si todo le falla, sus amigos de la extrema derecha belga o finlandesa o de donde sea ya le darán un carguito para que usted pueda seguir viviendo del momio. Porque, o es eso, o es la cárcel. Y ahora ya puede seguir comiendo mejillones. Que le aproveche.

Miquel Giménez


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