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Miquel Giménez

Opinión

No tienen perdón de Dios

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. EFE

Lo que ha sucedido este jueves en Cataluña supera todo lo que hemos visto a lo largo de los cuarenta años de democracia. Nunca un gobernante ha tomado tanto el pelo a la ciudadanía y nunca se ha reído tanto de propios y ajenos. A esto nos ha llevado la locura separatista.

Que alguien le regale un reloj

Eso decía irónicamente un compañero de prensa al ver que Carles Puigdemont dilataba una y otra vez su comparecencia ante la opinión pública. La sensación de improvisación que ha dejado patente el President de la Generalitat ha creado una situación vodevilesca que provoca el sonrojo. El decir ahora convoco elecciones y ahora no, esperando una llamada providencial de Moncloa en la que le dijesen que el Estado se retiraba con armas y bagajes, es el episodio más bochornoso de la Cataluña contemporánea.

Las cancillerías europeas no dan crédito, abriendo los ojos como platos ante la vergonzosa actuación del President. No ha sido mucho mejor la sesión que esta tarde ha tenido lugar en el vetusto y señero Parlament de Cataluña. Qué tristeza. Puigdemont y Junqueras callados como momias, los diferentes líderes políticos opinando con mejor o peor fortuna y todo para aplazar lo que nadie sabe. Al menos en el Senado se han podido escuchar propuestas, medidas, argumentos legales, dentro de la lógica. Llegan tarde, pero son mucho más razonables que las bravatas y consignas repetidas de manera innoble por la gente de Junts pel Sí y las CUP, que solo saben hablar de crímenes horrorosos, de opresión del IBEX, de pobres víctimas catalanas y de Franco y el Borbón. Digo más: al lado de estos voceros de la nada, los discursos de la oposición parecían incluso el culmen de la oratoria parlamentaria.

La sensación de improvisación que ha dejado patente el President de la Generalitat ha creado una situación vodevilesca que provoca el sonrojo"

Pero no nos engañemos. El independentismo es lo que es por la baja calidad que se ha tenido a lo largo de estos años en los escaños de los partidos constitucionalistas. Es lamentable decirlo, pero uno es mejor o peor en función de aquello con lo que se compara y, en este caso, hay que decir que el relato secesionista tiene una serie de consignas, machaconas, sí, falaces, sí, perversas, sí, pero de construcción mucho más eficaz. Cuando Miquel Iceta se ha ofrecido a acompañar a Puigdemont al Senado para darle su apoyo creo que el PSC se ha acabado de hundir en el fango. Iceta, no lo olviden, ha sido junto a Núria Marín, alcaldesa de L’Hospitalet, y el ex President José Montilla, el muñidor de ese posible pacto –renuncia, más bien– que exigía Puigdemont para paralizar la máquina totalitaria de la DUI. El precio no era barato: anular el 155, con todo lo que ello comportaría. El Govern busca el indulto de Mariano Rajoy, pero sin decirlo, sin pedirlo, sin que se note.

Amparados en ese nimbo de honestidad, democracia y mandatos populares diversos, los separatistas pretenden seguir con la tónica de siempre, a saber, que todo les salga gratis y, encima, les den la razón. La mediación entre las partes es de todo punto imposible y los socialistas lo saben. Les puede su deseo de erosionar al PP y, digámoslo sin ambages, la oposición visceral a una idea de España sólida alrededor de una Constitución que no por mejorable es menos democrática.

Puigdemont se ha reído en las barbas del gobierno e incluso en las de sus propios votantes. A él le da lo mismo. Cree que está pasando a la historia.

¿Quién gobierna en Cataluña?

Esa es la pregunta que todo el mundo se formula. ¿Gobierna Puigdemont, que cambia de opinión cada vez que va al lavabo? ¿Gobierna Esquerra, que parece ha presionado a Puigdemont para que no convoque elecciones todavía, porque creen que desde Moncloa le acabarán dando todo lo que pide? ¿Es la CUP la que gobierna con sus postulados incendiarios, simplistas, cargados de odio y de miseria intelectual? ¿Acaso Iceta y los socialistas no gobiernan, pero influyen, y pretenden marcar el rumbo de la Generalitat?

Gobernar, lo que se dice gobernar, no gobierna nadie y gobiernan todos. Es el fenómeno más surrealista jamás visto en la Europa contemporánea"

La respuesta es terrorífica porque gobernar, lo que se dice gobernar, no gobierna nadie y gobiernan todos. Es el fenómeno más surrealista jamás visto en la Europa contemporánea. Todos influyen, todos hablan entre ellos, todos pactan y rompen esos pactos cuando aún no se ha secado la tinta en el papel del acuerdo. Nadie sabe qué pasará porque todos esperan a ver lo que hace el otro.

Es el desgobierno como forma de vida, como aceptación del fracaso colectivo que ha supuesto ese proyecto llamado Cataluña, como el cansancio de la buena gente que se ha visto acogotada por unos medios de comunicación monocolores. Cataluña es una tierra postrada, acostumbrada a la genuflexión ante los poderosos. Alguien dijo que, para estar satisfecho, al catalán nacionalista le bastaban pocas cosas: que el Barça ganase la liga y, especialmente, al Real Madrid, que en la Diada se hablase de independencia, aparecer en la Contra de La Vanguardia y que le entrevistase en la televisión Josep Cuní. Con eso, se daba por satisfecho.

Ante tales aspiraciones, algunas más utópicas, otras muy modestas, el empacho independentista ha supuesto mucho más de lo que podía tolerar ese estómago convergente, agradecido y pacífico, más hecho a las cuentas de resultados y a la contabilidad en B que a gestas heroicas. Es ahí donde hay que ir a buscar el estupor opiáceo que aqueja a una parte del pueblo de Cataluña. No necesita gobierno, es decir, leyes, medidas, parlamentarismo o gestión. Con algo de épica van tirando. Convendremos en que ser gobierno con tan pocas exigencias es muy fácil y cualquier piernas puede ser Conseller, como se ya ve.

Puigdemont es, en ese sentido, un President ideal para esa parte de Cataluña que no quiere gobierno sino consignas. Es el mismo principio que rige para las CUP. Todos se indignan con el recuerdo a Franco, pero poquísimos de los integrantes de la cámara catalana lucharon contra él. Es más, es muy posible que sus padres y abuelos fuesen franquistas, como es el caso del belicoso Lluís Llach, de padre falangista, o del mismo President, que también tiene familia de camisa azul.

El famoso seny catalán se ha demostrado como algo vacío, hueco, sin mayor valor que una burbuja de jabón. No es seny, es hipocresía"

Es de temer, sin embargo, que todo acabe en una componenda y, visto que el Senado ya ha aceptado que si se convocan elecciones se suspenda el 155, todo acabará como siempre en estas tierras, en una cena amable entre amigos que, a pesar de aparecer en público como antagonistas acérrimos, son en la intimidad buenos amigos y vayan a saber si incluso socios en algún despacho.

El famoso seny catalán –Josep Pla decía que cuando había hecho falta nunca aparecía– se ha demostrado como algo vacío, hueco, sin mayor valor que una burbuja de jabón. No es seny, es hipocresía. Es la mentira, la cobardía, el jaja jiji de una caterva de paletos que no tienen la menor idea de lo que es la política. Convocar a la prensa varias veces a lo largo del día para acabar no diciendo nada y luego acudir a sede parlamentaria para seguir callado podrá ser propio de un adolescente imberbe, pero no de un político que se reclama como proclamador de un nuevo estado. De la misma manera, los discursos demagógicos de los voceros de Junts pel Sí no equivalen a razonamientos. Es el culmen de una idiocia que debió ser cortada en su momento.

Sinceramente, no tienen perdón de Dios.


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