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Miquel Giménez

Opinión

Cuando la mentira se convierte en programa electoral

Puigdemont y Junqueras
Puigdemont y Junqueras EFE

El cesado President dice ahora que hay alternativas a la independencia. El portavoz de Esquerra declara que no estaban preparados para el advenimiento de una república catalana. La Presidenta del Parlament se retracta y acepta el 155. Nos toman por imbéciles o mienten.

Quien es bueno para poner excusas rara vez lo es par cualquier otra cosa

Eso sostenía Benjamín Franklin, aquel Sancho Panza de la Revolución Norteamericana, bonachón, inventor, escritor y filósofo. Si nos atenemos a la cita, ningún candidato partidario de la independencia en Cataluña merece el menor crédito, porque han mentido continuamente a lo largo de los últimos años para ahora excusarse acerca de su fracaso.

La entrevista concedida en Bruselas por Carles Puigdemont al diario Le Soir es paradigma del proceso hacia la nada que han llevado a cabo PDeCAT, Esquerra y las CUP. El titular de la misma lo dice todo: “Otra solución aparte de la independencia es posible”. Lo suelta así, de golpe, sin anestesia. Mientras que voceros del régimen como Vicenç Partal, director de Vilaweb, andan bramando estulticias del calibre de “Los manifestantes de este sábado sabían perfectamente que ya estamos en plena República” – es el mismo quídam que afirmaba que, cuantas más empresas se vayan de Cataluña, mucho mejor -, Carme Forcadell declaraba ante el juez que la declaración de independencia era puramente simbólica. Ahora no podrá negar la mayor el sumiso periodista. Es su propio jefe de filas, el huido de la justicia, el presidente provisional en Bruselas, quien asegura que la independencia no es lo único que se puede contemplar.

Quizás el hombre haya leído a Otto von Bismarck, un gato viejo que se las sabía todas. Decía el canciller de hierro que nunca se miente más que después de una cacería, durante una guerra o antes de unas elecciones. Elecciones que podrán celebrarse gracias a que el gobierno de Mariano Rajoy invocó el precepto constitucional del 155 y que, por cierto, Puigdemont se negó a convocar optando por la proclamación unilateral de una república catalana que ni estaba ni se la esperaba.

Da igual que las falsedades sean del tamaño de la catedral de Burgos. Los que las dicen saben muy bien que los suyos son gente crédula"

Lo dicho por el ex President supondría un tremendo jarro de agua helada para la parroquia separatista sino fuera porque estos se encuentran en disposición de tragarse cualquier mentira, por más grande que esta sea. Aún veremos a los exégetas profesionales del cargo, prebenda y subvención argumentar que todo esto no es más que el fruto de una estrategia finísima, sutil y muy elaborada para obligar a pactar con el gobierno de España un estatus diferente al que tiene Cataluña en la actualidad.

Da igual que las falsedades sean del tamaño de la catedral de Burgos. Los que las dicen saben muy bien que los suyos son gente crédula. Si se han creído que iban a ser independientes todos estos años, no les vendrá de un par de trolas más. Tiene el proceso, y ahora que estamos en su etapa final mucho más, una característica fundamental, y es la de contar mentira sobre mentira. No resiste el menor análisis económico, sociológico, histórico, ni siquiera político. Al que intenta aportar datos acerca de la barbaridad que supondría esa república que, de entrada, contaría con más de dos mil empresas que se han ido, lo califican de ejercer el auto odio. Si intentas hacer ver que no existe la menor complicidad en la Unión Europea o cualquier otro estado potente, te despachan con un rictus de superioridad diciendo que cuando seamos un estado todos vendrán a comernos en la mano. Lo peor es si te metes en los andurriales históricos. Al discrepar del dogma de que Cataluña fue un reino o que el 1714 se enmarca en una guerra europea entre dos casas pretendientes al trono de España y que, por tanto, de guerra catalana contra la España opresora nada de nada, te llueve un alud de calificativo como botifler, mal catalán o, la última moda, abducido, resentido o, simple y llanamente, enfermo mental.

Ahora, ¿y si quien duda de las bondades de esa república del gatillazo es el mismísimo portavoz de Esquerra en rueda de prensa?

La razón de estado no puede oponerse al estado de la razón

Siguiendo con los grandes personajes históricos, cosa que ninguno de los protagonistas del proceso podrá ser jamás, reivindicamos la cita de Carlos V, el mismo que creía que los españoles éramos como niños porque llorábamos cuando alguien nos quitaba la suciedad.

Resulta que, amén de Puigdemont con su espantá en Le Soir, se ha unido al coro de los retractados Sergi Sabriá, portavoz de Esquerra. Ha dicho, ojo, que no es grano de anís, que el cesado Govern no estaba preparado para afrontar la república. ¿Razones? Que querían hacerlo todo de manera pacífica y, claro, con un terrible gobierno español dispuesto a emplear la violencia más desaforada, prefirieron echarse atrás. Hace falta valor para soltar esto sin que se te escape la carcajada.

Nos habla también el caballero de la línea roja que nunca tuvieron intención de atravesar, a saber, replicar a esa hipotética violencia con otra violencia, la suya. Total, que no han ido más allá porque quieren bien al pueblo catalán, y que eso ponerle plazos a la república no les ha ayudado, así que no queda otra que esperar una mejor ocasión. ¿Cómo se compadece esto con las soflamas del señor Partal? ¿Cómo liga esa mayonesa cortada en la que ha devenido todo el cúmulo de despropósitos del cesado Govern con que ahora Puigdemont diga que se pueden explorar otros caminos aparte de la ruptura con España? Pues mal, porque ni eso es lo que estuvieron contando los convergentes y los de Esquerra en los últimos cinco años y suena a excusa cobarde. Cuando se les avisaba de que el camino que habían emprendido no tenía buen fin no rectificaron y ahora que ven las consecuencias que tiene en cualquier estado de derecho saltarse la ley, vienen con la canción miserable de siempre. “España es muy mala y nos reprime violentamente”. Vaya por Dios.

Si usted es lo los que aún opina que esta pandilla no está ahí por la pasta, sepa que uno de los ideólogos del asunto, solo uno, Oriol Soler, se ha llevado un millón cuatrocientos mil euros de sus impuestos"

De esas mentiras van a nutrirse sus programas electorales que, sin desdecirse de sus propósitos separatistas, adoptarán un aire cándido de gente respetable. No se lo crean. Son embusteros por naturaleza. Han utilizado la ingenua estulticia de un sector del electorado para construirse un modus vivendi opulento, lleno de privilegios. Que la economía en tierras catalanas esté destrozada por culpa de Oriol Junqueras les da igual. Que las familias se encuentren rotas por la mitad debido al clima de crispación y fractura social producido por la ANC, Ómnium o los discursos incendiarios de Puigdemont, Forcadell y toda esa banda de inconscientes les es lo mismo. Ahora pretenderán continuar viviendo del momio a base de lo suyo, que son las mentiras.

Y si usted es lo los que aún opina que esta pandilla no está ahí por la pasta, sepa que uno de los ideólogos del asunto, solo uno, Oriol Soler, se ha llevado un millón cuatrocientos mil euros de sus impuestos y los míos por hacer una web sobre cultura catalana que permanece inactiva. Su productora, Batabat, es la misma que pergeñó los famosos vídeos de “Help, Catalonia”. Solo uno, repito, calculen lo nos cuesta todo el entramado de personajes, personajillos, cargos públicos, asesores, medios, y siga usted contando.

Así todo. Mentiras, sí, pero mentiras carísimas. ¿O es que Puigdemont ha dejado de cobrar? Igual le pasa su sueldo a Artur Mas para que este pueda pagar su multa.


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