Editorial

Los 'fichajes' de Rodrigo Rato y la cadena de favores

   

El nuevo “fichaje” de Rodrigo Rato por parte de Servihabitat, sociedad del grupo La Caixa que preside Isidro Fainé, nos obliga a poner de manifiesto el estupor y la indignación que, a partes iguales, produce una iniciativa que a la falta de respeto a la Justicia une el desprecio a los usos y costumbres del gobierno corporativo, a tenor de la condición de imputado en el caso Bankia de que “goza” el aludido, un caso que representa el compendio de los males que han llevado a la ruina al sistema financiero, necesitado de un posterior rescate bancario por importe de decenas de miles de millones con el que tendrán que pechar los contribuyentes españoles. Se ve que la colección de “méritos” acumulados por el otrora vicepresidente económico del Gobierno Aznar ha pesado bastante más entre quienes le fichan que la realidad procesal del fichado. Ellos y sus accionistas sabrán, pero no deja de ser chocante el esmero de determinados empresarios del Ibex por hacer de cirineos generosos con el imputado más ilustre de los que pueblan los juzgados españoles. Es el “hoy por ti, mañana por mí”, tan querido de nuestras elites castizas y tan poco ejemplar para la imagen de las empresas españolas. Una absoluta desvergüenza. 

Sin duda las capacidades intelectuales y gerenciales del señor Rato deben ser muchas y valiosas, pero sobre ellas debería prevalecer una trayectoria pública y empresarial que no ha sido precisamente edificante, y a los hechos nos remitimos. Su paso por el Gobierno español ha estado rodeado de una aureola de eficacia que el transcurso del tiempo y los resultados obtenidos han emborronado sobremanera. Él puso las bases de la burbuja inmobiliaria y facilitó el camino de las preferentes. Aquí y ahora conviene destacar que de esa época son las privatizaciones de las grandes empresas públicas, verdaderas joyas de la Corona, realizadas a precios módicos en favor de un núcleo reducido de agraciados, entre los que se encuentran algunos de los que ahora le socorren. Ahí está el meollo de este vergonzoso episodio. Su trayectoria posterior estuvo marcada por el FMI y su extraño cese-dimisión, nunca explicados, lo que no impidió que se le abriera la puerta a consejos de administración de postín en el solar patrio, para terminar poniéndole al frente del gran trasatlántico financiero del momento, Bankia, cuyo final estamos padeciendo todos los españoles. Estas son las obras completas de Rato, aún inacabadas, que a los Botín, Alierta y Fainé deben parecer joyas de la literatura universal.

La eterna confusión española entre lo público y lo privado

Realmente estamos ante la evidencia de un intercambio más de favores entre política y empresa, entre empresarios y políticos, que, desgraciadamente, se ha convertido en normal de puro reiterativo, porque, si algo distingue al modelo español es la confusión permanente entre lo público y lo privado en un país en el que la gran mayoría de las empresas del Ibex viven de los reglamentos del poder público. Basta echar un vistazo a los componentes de sus consejos de administración para constatar hasta dónde llega esa relación incestuosa. La llamada puerta giratoria, últimamente tan de moda, está en los genes de un sistema cuyos dueños y beneficiarios se niegan a cambiar, y no se paran en barras a la hora de proclamar urbi et orbi que con ellos no rige la Justicia, ni la transparencia, ni los códigos del buen gobierno corporativo. Ante tamaña demostración de descaro, vaya una petición del brazo de nuestra protesta: que nos permitan sonrojarnos en su nombre.


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