Editorial

Sánchez ofrece la marca PSOE como valor refugio

   

Pedro Sánchez besa a su mujer, Begoña, tras ser proclamado candidato del PSOE a las generales.
Pedro Sánchez besa a su mujer, Begoña, tras ser proclamado candidato del PSOE a las generales. EFE

El primer acto de la campaña electoral del PSOE ha tenido una puesta en escena clintoniana, con imágenes a la americana para un país, España, cuyo parecido con USA se reduce a que algunos españoles hablan inglés y otros, los que pueden, visitan Disneyworld o Nueva York, de vacaciones o de compras. Lo cual nos induce a pensar que Pedro Sánchez y sus mentores viven en un mundo virtual bastante alejado de la realidad política y social española que, desde nuestra perspectiva, exigiría un análisis serio de las causas de la desafección de millones de votantes, elección tras elección. Y no es la menor de dichas causas la de las políticas ejecutadas por los sucesivos gobiernos socialistas durante décadas. Según Sánchez, casi todo se reduce a la oferta del cambio tranquilo, el viejo latiguillo de Felipe González, uno de sus predecesores, para atraer a los presuntos votantes del centro y, si se tercia, a algunos enrabietados con el Partido Popular. Un eslogan vanidoso y evanescente que, como el de la España federal, se nos antoja un placebo para enfrentar una lista de problemas nacionales que incluye desde la debilidad y el descrédito del Estado, hasta la precaria salud del tejido productivo y de las finanzas patrias.

Le cabe a Pedro Sánchez el popular refrán de que dime de qué presumes y te diré de qué careces. Sea el espectáculo de ayer sincero o impostado, ya va siendo hora de que el socialismo español resuelva de una vez por todas sus dudas con España y su bandera

El candidato socialista, que acaba de arañar algo de poder territorial de forma mendicante, debe pensar que la marca de su partido sólo necesita un poco de imaginería y teatro mediático para recuperar el tono vital que le van negando en las urnas los españoles del otrora nutrido centro izquierda, francamente desnivelado ahora hacia la izquierda por mor de la grave crisis sufrida por el país. Los estrategas del PSOE no parecen haber caído en la cuenta, o tal vez sí, de la responsabilidad que incumbe a su vieja marca en la existencia de un profundo cabreo en la sociedad española, un mar agitado por la ira y el descontento, cuyo alcance es difícil precisar pero en el cual las redes tejidas con la iconografía del madrileño Circo Price poca pesca podrán obtener. Tal vez por eso dirigen la vista hacia aguas que presumen más tranquilas, con un discurso de una levedad asombrosa, un discurso desmentido por los hechos, sin calibrar que los bancos de pesca de esas aguas por las que transitan las clases medias se han encogido como la piel de zapa a cuenta del castigo infligido por sus políticas y las de sus adversarios del bipartito.

La reconstrucción política y moral de España

Repetidamente se habla de la corrupción, entendida como el aprovechamiento irregular de los recursos públicos o privados, en la que el PSOE tiene un largo historial que no vamos a enumerar. Pero hay otra corrupción, quizá tan grave o más que la anterior, que es la de haber convertido la socialdemocracia en una impostura al servicio de ideas e intereses que están desestabilizando gravemente no sólo a España, sino a una parte significada de nuestros socios europeos. De eso, ni una palabra en el Circo Price, como tampoco de Cataluña o del País Vasco, donde el PSOE, lo mismo que el PP, se encamina hacia la marginalidad parlamentaria. Pensar que abandonar tu territorio político te puede reportar réditos en predios ajenos, por no afrontar la molestia de analizar la realidad con rigor y proponer cambios serios –no meramente cosméticos- de los marcos actuales, es reconocer de entrada tu incapacidad para capitanear la reconstrucción política y moral de España. Una bandera que está abandonada en el campo de batalla de la política menor y de las miserias partidarias.

Y hablando de banderas, le cabe a Pedro Sánchez el popular refrán de que dime de qué presumes y te diré de qué careces. Sea el espectáculo de ayer sincero o impostado, ya va siendo hora de que el socialismo español resuelva de una vez por todas sus dudas con España y su bandera, y se deje de milongas izquierdistas que las más de las veces no esconden sino la incuria del desconocimiento de nuestra Historia, que, como todas las Historias, como en botica, tiene de todo: cosas buenas y cosas malas. Nuestro optimismo liberal y de progreso no nos convierte en crédulos parroquianos dispuestos a tragarnos el anzuelo de cualquier mercancía envuelta en el celofán del marketing político; al contrario, nos obliga a ser en extremo exigentes con quienes aspiran a lograr la confianza de los ciudadanos, razón por la cual desazona imaginar siquiera que hoy el PSOE, como ayer el PP, puedan creer que los problemas de España entrarán en vías de solución con unas gotas de colorín y unas cuantas caras jóvenes y agraciadas. Quizá nos equivoquemos, pero los milagros quedan para ese ámbito, tan íntimo como respetable, que es la religión.


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