Editorial

El PP se mofa de los españoles

   

Mariano Rajoy, durante la cena de Navidad del PP el pasado diciembre.
Mariano Rajoy, durante la cena de Navidad del PP el pasado diciembre. GTRES

Como si no hubiésemos recibido bastante castigo con el conocimiento de sus mil y una corrupciones, los dirigentes del PP, con su presidente a la cabeza, han elevado el listón de la indignidad antidemocrática, mofándose de los españoles a propósito de la concesión de libertad provisional a su famoso tesorero Luis Bárcenas. Según ellos, ese señor es un paseante en Corte, ajeno al partido, que se ha enriquecido y nada más; por tanto, ya solo cabe esperar que actúe la justicia. O sea, lo sucedido, el presunto dinero negro para financiar obras del partido y el tejido corrupto de la Gürtel, amén de otras “menudencias” que están en la mente de todos, son cosas de personas físicas que han llegado del planeta Marte sin ninguna relación con los dirigentes que poblaban y pueblan la sede de la calle Génova de Madrid. Todo esto, que no lo inventamos, resulta lacerante y sobrecogedor para los que todavía conservamos una pizca de fe en las exigencias civiles y en las prácticas democráticas. Desde luego, en un país normal ninguno de esos dirigentes, empezando por el jefe del Gobierno estaría desempeñando cargos públicos. Haría bastante tiempo que hubieran dimitido, sin perjuicio de los procedimientos judiciales.

En su día ya dijo este periódico que era imperioso que el Partido Popular y sus grupos parlamentarios en las Cortes Generales asumieran políticamente las consecuencias del caso Bárcenas, con el fin de restaurar la confianza y la dignidad del Gobierno, aunque eso supusiera la dimisión de su presidente. Naturalmente, nada de eso sucedió. Siguieron impávidos mientras el tesorero estaba entre rejas y ahora que va a salir, despachan el asunto con un cinismo propio de mejor causa. Y es que para estas personas, por usar su propio lenguaje, la democracia española es un escenario de cartón piedra en el que representan con maestría la vieja obra de los intereses creados que es la que mejor define el quehacer político de la derecha española que no ha querido asumir los postulados liberal democráticos que vienen practicando tiempo ha la mayoría de sus homónimos europeos. Y así nos va.

Para estas personas, la democracia es un escenario de cartón piedra en el que representan con maestría la vieja obra de los intereses creados

Ante el cúmulo de despropósitos y de desprecios, que engordan mes tras mes con hazañas y corrupciones varias, se siente la tentación de tirar la toalla de los valores democráticos que parecen no tener cabida en ésta España de la Transición. Desde luego los dirigentes del PP así nos lo quieren hacer creer. Pero no se debe desfallecer en la defensa de la democracia porque, dadas las circunstancias convulsas de la realidad española, eso conduciría directamente a perder las escasas libertades de que disfrutamos. De ahí la insistencia en subrayar que declaraciones como las del portavoz del PP, el inefable Hernando, y las del presidente del Consejo de Ministros en la sesión de control del Congreso de los Diputados suponen a ojos de cualquier observador imparcial, además de una mofa a los ciudadanos, un estímulo para el descreimiento de los más que, casi siempre, suele ser la antesala de las ensoñaciones totalitarias.

Democracia de baja calidad

La democracia española es de baja calidad, ya lo sabemos y nos lo recuerdan cada día, pero no por culpa de los españoles sino por culpa de unos dirigentes mediocres y oportunistas que no han sabido hacer honor a sus responsabilidades. Han malgastado recursos, han confundido lo público y lo privado y han terminado creyendo que el país era una finca para su propio uso y disfrute, amparándose en la confianza, ahora comprobamos que ingenua, de nuestros compatriotas. Pero, aun así, tenemos la obligación de defenderla de sus peores enemigos que no son los que pretenden derribar las columnas del templo, sino los que desde la cima del Poder Público ignoran sus graves responsabilidades y realizan declaraciones que atentan al más mínimo sentido del decoro y de la decencia democráticos.

Estamos en tiempo electoral, donde parece que todo vale, incluido el engaño a mansalva. Nunca hemos compartido esa visión caricaturesca de la política y por ello consideramos obligado advertir sobre las graves consecuencias de seguir transitando por los caminos de la impostura y del desprecio a los ciudadanos, porque estos se encuentran en un trance que puede derivar en decisiones que vayan mucho más allá del escarmiento a los causantes de sus males. Por eso, sólo se nos ocurre pedir a los jefes del PP que, si les queda alguna fibra de honradez política, no contribuyan con sus declaraciones a excitar la ira de los justos.


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