Editorial

Margaret Thatcher, referencia de patriotismo y de liderazgo democrático

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La muerte de la Dama de Hierro nos obliga a manifestar nuestro pesar y respeto por un personaje político que ha dejado una huella honda no sólo en el Reino Unido, sino en todo el mundo liberal democrático en el que creemos los que hacemos este periódico. Su trayectoria de once años de gobierno, de 1979 a 1990, no pasó desapercibida para nadie, amigos o adversarios políticos: marcó un rumbo, soportado en las vigas maestras del conservadurismo liberal, que hizo posible tanto la restauración de la autoestima de Gran Bretaña como la recuperación de su influencia en la política europea e internacional. Ambos objetivos eran cruciales para un país que, cuando ella llegó al 10 de Downing Street, vivía una auténtica crisis existencial derivada en gran medida de la desaparición del Imperio Británico. Con patriotismo y con convicción democrática se afanó en sus tareas y, con todos los claroscuros que se quiera, su legado puede servir de ejemplo a los que, como nosotros los españoles, vivimos inmersos en una gran crisis nacional, ayunos de referencias políticas y de liderazgos democráticos.

Su discurso sólido, no exento de intemperancia, transformó la política y llevó otros aires a la economía, aunque algunas desmesuras en la desregulación están en el origen de determinados males que padecemos hoy

El final de la Segunda Guerra Mundial, como no podía ser de otro modo, tuvo multitud de consecuencias, la más obvia de las cuales fue la de acabar con el nazismo. El mundo nuevo que se abrió a partir de 1945 vino, sin embargo, a marcar el comienzo del fin del Imperio Británico, cuyo protagonismo e influencia iba a ser sustituido por los Estados Unidos de Norteamérica como gran potencia directora del nuevo orden mundial, papel compartido con la Unión Soviética hasta el fin de la Guerra Fría, episodio ocurrido justamente en vísperas, año 1989, de la dimisión de la Primera Ministro inglesa. Fueron décadas de descolonización y de puesta en marcha de la construcción europea gracias a la entente franco-alemana, además de desarrollo del estado de bienestar en el continente. El Reino Unido, principal afectado por la descolonización, no asimiló la importancia del fenómeno y de su irreversibilidad hasta que las dos nuevas superpotencias frustraron su intento de oponerse, en alianza con Francia e Israel, a la nacionalización del Canal de Suez ordenada por Nasser el 26 de julio de 1956. Desde ese punto de no retorno, los diferentes gobiernos británicos se vieron impelidos a transformar la economía nacional, contando para ello con un nuevo modelo de entendimiento con sus viejas colonias, sin abandonar su relación privilegiada con la gran potencia americana.

Aunque Gran Bretaña solicitó ingresar en el Mercado Común Europeo en 1960, permaneció distante de la política continental hasta su ingreso en 1973. Su principal problema era la necesidad de un cambio de modelo, negado por los graves enfrentamientos políticos y sindicales que los gobiernos sucesivos, conservadores y laboristas, no acertaban a resolver. El estallido de la primera gran crisis del petróleo de 1973 agudizó los conflictos que parecían conducir al país a un callejón sin salida, con primeros ministros emparedados entre el poder sindical -las famosas trade unions-, y la rebelión del Ulster. En ese ambiente se fraguó el liderazgo de Thatcher, diputada conservadora que, gracias a su obstinación en la defensa del conservadurismo de raíz liberal, obtuvo el apoyo del Partido Conservador y el respaldo de sus compatriotas. Como en su día Churchill, la Dama de Hierro supo transmitir a los británicos el sentido del esfuerzo, de la exigencia y del respeto a la libertad. Su discurso sólido, no exento de intemperancia, transformó la política y llevó aires nuevos a la economía, aunque algunas desmesuras en la desregulación, sobre todo financiera, están en el origen de determinados males que hoy padecemos.

De su legado se pueden extraer enseñanzas variadas; a nosotros los españoles, tan huérfanos de libertad y de democracia, nos convendría fijarnos en su fe en el esfuerzo de los individuos

Cada época tiene sus exigencias y sus maneras de enjuiciar y resolver los problemas. A Thatcher le tocó ejercer su liderazgo en momento de grave crisis nacional. Con ideas claras y determinación fue capaz de ganar esa batalla, sacando a su país de un marasmo de casi dos décadas. Lo consiguió con mucho esfuerzo, razón por la cual ocupa hoy un lugar preeminente entre los grandes líderes democráticos del siglo XX. De su legado se pueden extraer enseñanzas variadas; a nosotros los españoles, tan huérfanos de libertad y de democracia, nos convendría fijarnos en su fe en el esfuerzo de los individuos, en la importancia de la responsabilidad individual y, en suma, en la libertad y en la defensa intransigente de los valores democráticos.


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