Editorial

De Guindos y el coste del rescate bancario: el ministro no sabe, no contesta

   

El Ministro de Economía compareció anteayer en el Congreso de los Diputados con la pretensión de vender la mercancía del 0,3% de crecimiento del PIB en el último trimestre de 2013 –curioso dato, cuando menos, porque los cálculos del INE no dan para más de un 0,2%-, y apuntalar su enésima previsión de crecimiento para 2014. Tan acostumbrados estamos ya a las “previsiones” y a la jerga financiera que maneja el señor De Guindos, que hay que tomar esos anuncios a beneficio de inventario, dicho lo cual, no queremos dejar pasar la que ha sido auténtica estrella de la comparecencia: su negativa a valorar los costes de la reestructuración y rescate bancarios, y su falta de respuestas sobre la ausencia de crédito para mover la economía real. Llama poderosamente la atención que el máximo responsable –por delegación del Presidente, por supuesto- del rescate bancario y de la gestión del mismo a través del FROB y la SAREB, eluda dar explicaciones y diga que todo eso se sabrá cuando finalice el proceso, es decir, cuando las ranas críen pelo. Todo un insulto a la inteligencia de los españoles y una falta de respeto a los miembros de la Comisión de Economía, que literalmente se quedaron sin palabras.

Desde su estreno en el Gobierno, el ministro se ha dedicado a ilustrarnos sobre sus conocimientos del mundo financiero, al que conoció de primera mano en Lehmans Brothers, dando recetas para enfrentar la crisis del sistema bancario español que, según él y en eso le damos la razón, no había sido prevista ni gestionada correctamente por el Banco de España y el gobierno anterior. Pero la realidad de los hechos y el balance de los dos años transcurridos demuestra la distancia insalvable del dicho al hecho, porque este bienio ha resultado ser un canto a la improvisación sin paliativos, traducido al final en un engorde de la factura a pagar por los contribuyentes. En enero de 2012, el ministro se descolgó con unas declaraciones proclamando que el sistema financiero español tenía necesidad de provisionar alrededor de 50.000 millones de euros, cifra que él estaba dispuesto a exigir a las entidades de crédito porque disponían de fortaleza y recursos suficientes sin necesidad de recurrir a las ayudas públicas. Con ello pretendía desmentir a los que sospechaban, con buen criterio, que la crisis iniciada en 2007 había agotado la mayoría de las reservas de los bancos y cajas de ahorros españoles. Dónde se había inspirado el señor ministro para hacer aquella afirmación, es un misterio.

Después de las experiencias zapateriles, acompañadas de la arrogancia fatua del exgobernador del Banco de España, el lamentable Miguel Ángel Fernández Ordóñez, cualquiera hubiera podido esperar la sensatez necesaria para dar por fin esquinazo a nuevas y desagradables sorpresas. De hecho, las afirmaciones del flamante ministro de Economía se recibieron con la expresión castiza del ¡ahora sí que se va arreglar esto! Y vaya que se arregló. El aludido dictó en febrero de 2012 un Real-Decreto estableciendo las nuevas exigencias de provisiones, que casi de inmediato puso en evidencia lo que muchos sospechaban: que no había recursos y, lo que es peor, que no se sabía cómo se iban a obtener.

Las falsas promesas del ministro de Economía

La desconfianza sobre la situación real de nuestro sistema financiero invadió los mercados, provocando una parálisis del negocio bancario que culminó con el estallido de Bankia, con las desastrosas consecuencias ya conocidas. Desde la afirmación de que no hacían falta recursos se pasó a “negociar” apresuradamente, sin luz ni taquígrafos, el rescate bancario, del que se dijo que sería poco menos que gratis para los contribuyentes y que redundaría en beneficio del crédito a familias y empresas. Las hemerotecas de aquellos meses están llenas de declaraciones en ese sentido del señor De Guindos y de su jefe, el presidente del Consejo de Ministros.

No vamos a relatar cual es la realidad actual, de sobra conocida, especialmente en materia de crédito y del coste del mismo para particulares y empresas. Tampoco insistiremos en los “éxitos” de las ventas de algunas entidades nacionalizadas, caso de Banco de Valencia y Nova Galicia. De todo eso y de sus previsiones de futuro le preguntaron al ministro en el Congreso, incluso recordándole sus compromisos y promesas de meses atrás. De Guindos dio la callada por respuesta, si bien, cogido en sus renuncios, decidió asustarnos un poco más anunciando la factura –nada menos que 15.000 millones de euros- de la CAM que el Gobierno Zapatero regaló, bien repleta de EPA, al Banco de Sabadell. Y menos mal que no le preguntaron por la SAREB. Un suma y sigue terrorífico que nadie se atreve a cuantificar, unos por vergüenza torera y otros por instinto de supervivencia.

Aunque estos son tiempos de publirreportajes y de alta política internacional para nuestro Gobierno, no podemos dejar pasar, sin la correspondiente denuncia, las trapacerías que se esconden detrás de la sedicente gestión del rescate bancario, cuyo coste para la nación se sabrá cuando haya concluido, momento en el que el actual ministro de Economía ya no estará en su puesto. Mientras tanto, a engordar la deuda pública con el rescate bancario y a callar cuando los señores diputados preguntan por la factura. Un ejemplo más, y muy importante, de la pobre calidad de nuestra democracia.


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