Editorial

Ciudadanos: entre la añorada UCD y la frustrada Operación Roca

    

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera EFE

La convulsión que está experimentando el sistema de partidos de la Transición, puesta de manifiesto en las últimas elecciones europeas de mayo de 2014 y engordada por las encuestas que se vienen sucediendo sobre previsiones electorales, afecta a todo el espectro político, aunque hasta ahora el foco de atención haya estado puesto en el campo de la izquierda por el aparente empuje de Podemos y el declive del PSOE y de Izquierda Unida. En cambio, parecía que en la derecha, donde también es evidente el decaimiento del Partido Popular y su abandono de los segmentos centristas y liberales que le prestaron su apoyo en noviembre de 2011, no terminaba de alumbrar iniciativa alguna para enfrentar esa realidad. Pues bien, la presentación pública de Ciudadanos en Madrid parece desmentir la afirmación de que el dueño exclusivo del centro derecha es el PP, entre cuyos planes no figura atender las aspiraciones de regeneración y cambio democráticos de esas amplias clases medias también golpeadas por la crisis económica.

El discurso de Ciudadanos que, al contrario de UPyD, parece deshacerse del monocultivo antinacionalista, puede abrirle puertas a lo largo y ancho del territorio español, sobre todo si insiste en apuntalar los valores de la libertad individual y la recuperación de la moral pública, tan dañados ambos por la corrupción institucional y el olvido de la separación de poderes. Discurso que, según sus portavoces, se adentra también en el saneamiento y la simplificación administrativa del Estado, aunque, por el momento, no pone en cuestión un modelo autonómico que, en nuestra opinión, requeriría algo más que un mero calafateado. Se supone que irán profundizando en la materia, a medida que constaten la necesidad de dar eficacia a un poder central hoy claramente constreñido por la tela de araña de las satrapías regionales.

En materia económica, que es la que han empezado a precisar, C’s desprende el aroma del mundo financiero anglosajón, no en vano su principal mentor, Luis Garicano, pertenece a la escuela de Chicago, aunque probablemente el contacto con la realidad española y la evaluación de las controvertidas políticas europeas irán matizando algunas vehemencias individualistas que deben ser pasadas por el cedazo de la educación previa y constante de un país que no es EEUU ni Dinamarca, y cuya fuerza laboral se ha nutrido del abandono escolar y el empleo poco cualificado. Un drama que afecta a millones de compatriotas y que reclama algo más que buenas intenciones, por cuanto exigirá la formulación de un proyecto marco de nación para las próximas décadas, una travesía que, al margen de los sacrificios de rigor, demandará la aparición de una clase dirigente en lo empresarial -ese capitalismo de amiguetes del que habla Albert Rivera- necesitada también de una reeducación acelerada.

La música de Ciudadanos suena bien

Los primeros balbuceos de Ciudadanos en la política española suenan bien, sobre todo al observar con preocupación la deriva de un PP que, con el discurso del miedo por bandera, parece decidido a hacerse fuerte en las zonas más conservadoras –una especie de Alianza Popular rediviva- de la sociedad, en la creencia de que así podrá hacer frente en mejores condiciones a la marea que se anuncia desde el centro izquierda y la propia izquierda. El hecho de que el partido del Gobierno se conforme con ganar las próximas generales con apenas el 30% de los votos, lo que significa dar por perdido a casi un tercio del electorado que en noviembre de 2011 le dio su confianza, indica a las claras el estado de postración de las siglas que en las últimas décadas han representado las opciones del centro derecha español. Una situación, en suma, muy similar a la del PSOE, que en esto, como en tantas cosas, los dos grandes partidos del sistema de la Transición se parecen hoy como dos gotas de agua.

El hecho de que el pluralismo político se enriquezca siempre es una buena noticia para los que creemos en la libertad por encima de todo lo demás. Si además aparecen opciones templadas, como la que hoy nos ocupa, la bienvenida ha de ser clara. Tenemos los pies sobre la tierra y sabemos de las dificultades para traspasar las murallas de la ciudadela del poder establecido, primero, y abordar la tarea de la reconstrucción nacional, después, pero lo que ayer se presentó en sociedad es un reclamo de esperanza capaz de germinar en ese gran movimiento de regeneración que desde aquí siempre hemos alentado. La tierra de esta España castigada está preparada para recibir la semilla. De la inteligencia de los dirigentes de Ciudadanos dependerá hacer realidad ese cambio templado, en una reedición de la añorada UCD de los primeros tiempos; la contrapartida es que todo quede en una caricatura rediviva de la famosa Operación Roca.


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