Editorial

Las empresas catalanas deben aportar cordura a la deriva independentista de Mas

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Miles de ciudadanos se manifiestan en Barcelona por la Diada.
Miles de ciudadanos se manifiestan en Barcelona por la Diada. EFE

La marea independentista, hábilmente manejada por una elite que ha sabido envolver con la bandera estelada a muchos ciudadanos que simplemente están hartos de privaciones, parece estar más alta que nunca en Cataluña. La casta dirigente catalana no ha escatimado esfuerzos a la hora de intentar convencer a los ciudadanos de que el causante de los sacrificios impuestos por los recortes presupuestarios es el dinero esquilmado desde y por Madrid, nunca su mala gestión de la cosa pública, por no hablar abiertamente del despilfarro, la corrupción y la falta de modelo económico a la hora de gobernar.

Ni siquiera la desastrosa experiencia del Tripartito ha evitado que “Madrit” se convierta en espantajo al que endilgar los males de la región. Se ha llegado así a una situación tan desquiciada como la actual, en la que el presidente de la Generalitat reclama la independencia de un Estado al que, al mismo tiempo, pide un rescate financiero de más de 5.000 millones de euros, excelso ejemplo de incoherencia, dislate equiparable al del antisistema que, después de apedrear una sucursal bancaria, entra en ella a solicitar un crédito. Una auténtica farsa, una ópera bufa que un día pondrá en su sitio a ese estadista llamado Artur Mas.

CiU ha decidido envolverse en la bandera de la ruptura con España sin un mínimo diseño de proyecto de país. Mientras unos dicen que la Cataluña independiente debe ser un estado miembro de la Eurozona, otros dicen que el asunto les parece una bagatela. Nadie parece haber calibrado los pros y los contras de cuestión tan capital como es la presencia en Europa. Nadie, desde luego, parece haber mantenido contactos con Bruselas y el Eurogrupo al respecto, siendo así que si algo ha dejado claro esta crisis es el error que supuso la ligereza con la que determinados países ingresaron en la moneda única.

En un mundo donde la independencia económica no existe, ser un país independiente significa contar con capacidad para integrarse en una comunidad financiera internacional. La Agencia Fitch advirtió ayer mismo a Cataluña -“otrora motor económico del país, ahora la región más endeudada de España”, según la agencia de noticias AFP- de la rebaja de su deuda a la condición de bono basura, calificación que ya le adjudicó Standard & Poor´s, precisamente por el pulso que preveían Barcelona iba a sostener con el Gobierno central a cuenta de sus reivindicaciones.  

Paso al frente empresarial

Es evidente que encontrar vías de salida a un conflicto de esta dimensión es asunto que compete, en primerísimo lugar, al Gobierno de la nación, pero tal vez sea llegado el momento de que las empresas catalanas, que son las que pagan nóminas y generan empleo, den un paso al frente en pos de la cordura. Es el caso de La Caixa, con gran parte de su negocio lejos de Cataluña, más sucursales fuera que dentro, que además está en proceso de integración con Banca Cívica (Andalucía y Navarra); es el caso del Banco Sabadell, que aglutina al Urquijo, Herrero o la CAM; también de Gas Natural (unión de Catalana de Gas, Gas Madrid y Unión Fenosa), Grifols, Almirall, Planeta, Proaliment, Freixenet y un largo etcétera. Ninguna de ellas aspira a embarcarse en locuras rupturistas, y menos en un momento como el actual de aguda crisis, en el que aceleradamente se camina hacia una creciente integración a todos los niveles con Europa.

En este sentido, se aguarda con evidente expectación el posicionamiento de organismos como el Cercle de d´Economía que preside Josep Piqué, quien remplazó en el cargo a un Salvador Alemany que, al decir de algunos, se ha convertido en el gran asesor en al sombra de Artur Mas y su deriva soberanista. ¿Tiene algo que decir al respecto el actual presidente de Abertis? Todavía hay más expectación, si cabe, por conocer la opinión al respecto de Foment del Treball, donde dicen que el propio Mas hace y deshace a su antojo, dando consignas de manera directa a Joaquim Gay de Montellá, hombre muy próximo a Alemany. Tal interés, en fin, crece exponencialmente cuando se trata de conocer la valoración que de lo ocurrido realiza Joan Rosell, presidente ahora de la patronal española CEOE y una de las voces más autorizadas a la hora de poner un poco de orden en la deriva emprendida por Mas y los suyos.  

Un escenario rupturista perjudicaría ciertamente a empresas que, en buena lógica y pese a los devaneos nacionalistas de rigor, siempre han defendido la “unidad de mercado”. El “amago” de boicot al cava provocado por unas desafortunadas declaraciones de Carod Rovira contra los JJOO de Madrid, se tradujo en la aparición de competidores extremeños y castellano-manchegos al vino espumoso, por no hablar de la incipiente retirada de fondos de entidades financieras catalanas. Aquello, que resultó una mala experiencia para todos, parece hoy superado, un mal sueño que no debería volver a repetirse. Ha llegado el momento, por eso, de que los empresarios catalanes den un paso al frente y traten de poner orden en el desorden generado por una elite política dispuesta a embarcarse en viajes a ninguna parte. Más que nunca es hoy importante que el seny catalán entre en juego.


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