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Miquel Giménez

Opinión

El día en que Podemos en Cataluña se fue a hacer puñetas

El día en que Podemos en Cataluña se fue a hacer puñetas
El día en que Podemos en Cataluña se fue a hacer puñetas EFE

Estaba más que cantado. Albano-Dante Fachín ha dado un portazo a Pablo Iglesias antes de que este se lo diera a él. ¿Motivos? Muchos, pero sobre todo la cuestión independentista. Los podemitas catalanes temen que ahí puede haber una pérdida importante de sus votos.

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Al final, el candidato de los Podemos versión catalana será el ahora diputado en Cortes Xavier Doménech. Muchos esperaban que el número uno lo ocupase la alcaldesa de Barcelona Ada Colau. Pero tiene la política razones que, como las del corazón, nadie puede entender. Algunos dirigentes próximos a la alcaldesa dicen que no quiere ocupar el despacho de Carles Puigdemont. Se reserva para La Moncloa, porque esto de la autonomía le viene pequeño. Sus detractores aseguran que, por el contrario, lo que le viene grande es el ayuntamiento de Barcelona.

Lo cierto es que la aplicación del 155 no ha cogido tan solo a los separatistas con los calzones a la altura de los tobillos, porque los seguidores de Podemos en Cataluña han tenido que variar la estrategia y hacer frente a la oposición interna. Que Fachín iba a largarse era conocido por todo el mundo. Sus constantes enfrentamientos con la dirección de Catalunya Sí que És Pot, especialmente en lo que se refiere a la declaración de independencia, eran conocidos del público, así como sus discrepancias con Pablo Iglesias, el líder omnímodo que no admite que nadie le discuta. Tiene Podemos el mismo aire de aquellas asambleas del partido comunista albanés en las que Enver Hoxha, el líder estalinista de Albania, era aclamado asamblea tras asamblea con el conocidísimo “aplauso soviético”, rítmico, acompasado y aburrido.

Así son las cosas entre estos comunistas de nuevo cuño y viejos métodos. Fachín no pasó la prueba del algodón y ya estaba con un pie en la calle, pero se adelantó a Iglesias, largándose por su cuenta. Es una manera como cualquier otra de decir “no me echan, soy yo quien se marcha”. Entre las filas partidarias de la república catalana les ha venido de perlas. Como sea que están todos a vueltas con si se presentan en una lista unitaria o no –lo suyo es acogotar a más de la mitad del país que no está por la secesión con un resultado que les asegure mayoría absoluta en la cámara catalana-, que el expodemita declare que piensa crear un partido ex novo para sumarse a Esquerra, les da a éstos una coartada razonable para decir que lo suyo es transversal y todas esas cosas que se dicen cuando el totalitarismo se disfraza de voluntad popular.

La equidistancia mantenida por Colau, la ambivalencia calculada del sí pero no, las frases de Iglesias acerca de que referéndum sí, pero que se queden dentro de España, no han servido de nada"

Por descontado, los del partido del encarcelado y cesado Oriol Junqueras ya lo han celebrado, invitándole a que se una a ellos en esa lista unitaria en la que se espera también a las CUP. Los independentistas republicanos se están moviendo con ese taimado proceder que en los folletones antiguos se calificaba como de mandarín oriental. No será políticamente correcto, de acuerdo, pero si cambiamos mandarín por Gran Timonel, acaso estemos reflejando la verdad de sus tácticas. No quieren ver a Puigdemont como cabeza de lista ni en pintura porque lo consideran, no sin razón, un cobarde que está en Bruselas comiendo mejillones con patatas fritas mientras que Junqueras está en la cárcel.

De ahí que su estrategia pase por una lista en la que estén las CUP y todo lo que por ahí se menee y huela a separatista. Esto podrá serles útil o no, pero a los podemitas les ha hecho cisco, porque el abandono de Fachín los deja expuestos a los pies de los caballos. Estamos escuchando ya los improperios que van a dirigirles los indepes en esta campaña: “No sois independentistas”, “Estáis con el PP, el PSC y Ciudadanos”, “No sois solidarios con los presos políticos”, en fin, pueden ustedes imaginárselo. La equidistancia mantenida por Colau, la ambivalencia calculada del sí pero no, las frases de Iglesias acerca de que referéndum sí, pero que se queden dentro de España, no han servido de nada.

En Cataluña están las cosas divididas en dos trincheras: los partidarios del proceso y los que no. Lo ha dicho Marta Rovira: “O estás con la revolución o con el estado opresor”. Los independentistas no van a andarse con chiquitas a la hora de descalificar a sus rivales. Nunca lo han hecho.

El dilema de Colau

Desde sus inicios, Podemos ha tenido en Cataluña el mismo problema que todas las organizaciones de izquierdas. El tema nacional, como se llama aquí al secesionismo, ha tenido mucho más peso que el paro, la corrupción o el sistema de bienestar social. El PSC ha sido todo lo ambiguo que le han permitido desde Ferraz y no desde ahora, sino desde los tiempos de Felipe González. Sin éxito. En el viejo PSUC se iban apañando con las tesis de Comorera y el odio que compartían con los convergentes hacia todo lo que fuese socialdemocracia. Nada. En el momento presente, los independentistas han sacado del baúl de los recuerdos todos los atávicos recelos y el que no está con ellos es un traidor, un facha y una mierda. El gastado truco del chivo expiatorio. Aunque la señora Rovira hable de revolución, aquí de lo que se trata es de perpetuar privilegios y blindar personajes corruptos bajo la excusa, vieja e innoble excusa, del patriotismo.

Mientras Fachín ha demostrado que los podemitas catalanes son unos centralistas de tomo y lomo, el flamante candidato Doménech tendrá que demostrar que no, que son amigos de Cataluña"

De ahí que los comunistas de Podemos se vean en el brete de tener que elegir. El tacticismo ha pasado a mejor vida y ahora tienen que mojarse. Doménech va a necesitar toda su capacidad de cintura a la hora de eludir respuestas en los debates que sin duda se celebrarán. Lo que hasta ahora le ha sido útil a Ada Colau, a él no le va a servir ni como servilleta de papel. Mientras Fachín ha demostrado que los podemitas catalanes son unos centralistas de tomo y lomo, según su manera de verlo, claro, el flamante candidato Doménech tendrá que demostrar que no, que son amigos de Cataluña. Es la misma situación a la tuvieron que enfrentarse Raventós, Obiols, Nadal, Maragall o Montilla, solo que ahora le toca a los neo comunistas. Se van a tener que pasar la campaña pidiendo perdón por respirar, a la defensiva. Porque el hilo conductor va a ser el de si estás por la cosa secesionista o no, más allá de que se hable de falacias como presos políticos, democracia, estado opresor o absurdeces similares. Podemos bien puede desempeñarse en esos terrenos, porque ahí coinciden con los de la estelada, pero al final de la discusión se llegará siempre al mismo punto: ¿Usted quiere que Cataluña se separe de España? Y ahí ya no hay rapsoda que versifique nada.

Aunque parezca mentira, los partidos que integran el arco constitucionalista lo tienen mucho mejor. Salen con el mensaje, cada uno con su ideología, claro, de que el sistema puede mejorarse, pero siempre dentro de la ley. Es algo claro, simple y que todo el mundo entiende. El electorado gusta de saber el producto que compra y nadie podrá echarle en cara a Inés Arrimadas o Xavier García Albiol no hablar claro. El caso de Miquel Iceta es más complejo, pero sus votantes, que acudirán a las urnas con la fe del carbonero (los que lo hagan) tragarán con lo que sea.

Fachín lo tiene mucho mejor. Con decir que él está con el pueblo catalán, sus dirigentes injustamente encarcelados y el presidente exiliado ya tiene el discurso hecho. Los de Esquerra y las CUP, también. No hay que hablar de infraestructuras o de la moratoria nuclear, ¿para qué?, si con la república catalana todo será un no parar de alegrías y sonrisas.

Eso hará que la marca podemita tenga más problemas de los que esperaba. Recuerden que en las últimas elecciones generales fue el partido más votado en Cataluña. Todo hacía pensar que Colau se presentaría como cabeza de lista en las autonómicas. Pero, ya ven, la alcaldesa no quiere quedar como la que se estrelló contra la independencia, prefiriendo que lo haga otro. Ese es el indicio de que Podemos podría irse a hacer puñetas en Cataluña en los comicios de diciembre. Caso de no ser así, me decía uno de sus dirigentes, siempre se puede pactar un tripartito con Esquerra e incluso con el PSC. Total, a ellos ¿qué más les da?


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