Análisis

¡Claro que es el fútbol, imbéciles!

Señor directivo: en vez de justificar una muerte –o una simple pelea- con el burdo truco de ponerse de perfil separando “ultras malos” de “aficionados buenos”, tenga coraje y mano dura con los violentos. Con todos esos violentos a los que les da un carnet y entran en su estadio. Que no son sólo los ultras. Primero, de manera urgente y radical, expulse usted a los descerebrados que matan a sangre y fuego. Y luego, sin miramientos, recrimine, sancione e incluso eche también a esas personas “normales” que hieren con insultos graves, gritos abochornantes y mofas crueles. Porque unos y otros actúan así por el fútbol. Es más, la mayoría de ellos, sólo cuando van al fútbol. A ver si le queda claro.

Estimado aficionado: dedíquese a animar a su equipo (o a pitarle, usted sabrá), pero deje en paz a los familiares del árbitro y de los rivales. No se ponga hecho un energúmeno mientras hace aspavientos y se queda afónico humillando a ese o aquel por el color de su piel, el lugar dónde nació o su presunta condición sexual. Ni sea tan energúmeno como para tirar una botella, un mechero o cualquier objeto que tenga a mano. Ni le ría las gracias o se calle ante las barbaridades que ve y oye procedentes de ese "animado" fondo de su estadio. Y cuando regrese a casa, si quiere, reflexione. Y se dará cuenta de que tan execrable e inusual comportamiento suyo sólo se produce en un momento dado y muy concreto: durante un partido de fútbol.

Apreciado/a papá o mamá: ¿no le da vergüenza montar espectáculos tan bochornosos cada fin de semana en la grada o la banda de cualquier campo de cualquier pueblo de España? Vocea usted sin piedad a su hijo desde pequeño, ningunea al entrenador de su niño, insulta y amedrenta a ese chaval que se busca la vida arbitrando por horas, y jalea la bronca, el engaño e incluso la patada entre benjamines, alevines, infantiles… Y, eso sí, luego saca pecho ante familiares y amigos: “Mi nene juega al fútbol”. Al fútbol, usted lo ha dicho.

Querido compañero periodista: aquí estamos escribiendo y filosofando durante horas, días… alrededor del enésimo acto de violencia, esta vez con resultado de muerte. Buscando datos, testimonios y, sobre todo, culpables. Exigimos ejemplaridad con una mano, mientras con la otra generamos rivalidad, polémica y odio. Nos peleamos entre nosotros en Twitter, en la tele, en la radio… Y ya no lo hacemos por ser los primeros en dar una noticia, no. Auténticas o de mentira –eso el espectador no lo sabe-, tenemos broncas diarias entre nosotros por defender unos colores, una camiseta. Una bufanda, sí. Y encima presumimos de ello porque, según parece, da audiencia. Y, claro, con audiencia los jefes están contentos, así que seguimos escenificando (o no) violencia escrita y verbal. “Es sólo fútbol”, nos justificamos y autoconvencemos. Fútbol, en efecto.

Claro que es el fútbol, señores directivos, aficionados, padres, madres, periodistas… Así que podemos seguir como hasta ahora y, tras el luto, aguardar la próxima víctima del fútbol, o podemos actuar, empezando por cambiar nuestras respectivas actitudes. Pero basta ya de palabrería absurda e inútil. De negar que el fútbol, nuestro fútbol, es todo esto y mucho más. ¡Dejémonos ya de hacer el imbécil!


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