Análisis

Twitter: herramienta para afinar la política

El uso de las redes sociales supone en estos tiempos una herramienta necesaria para llegar al electorado potencial e involucrar a aquellas personas menos interesadas en política. Para ello, nuestros dirigentes harían bien en adaptarse a estas nuevas formas de comunicación.

Desafección política. Desconfianza y mala imagen de nuestros representantes. Desencanto de los ciudadanos hacia la política, especialmente de los jóvenes.  Volatilidad electoral. Pérdida de votantes de los partidos tradicionales. Estos son algunos de los rasgos que describen el contexto político-social en el que nos encontramos. Se podría reducir a una palabra: incertidumbre. Incertidumbre ante un posible nuevo escenario político con más voces y una armonía hasta ahora impensable. Desde luego, la labor de los políticos para recuperar la confianza de la sociedad española se vislumbra encomiable.

Ante esta situación, la pregunta que se debería plantear cada una de las personas que desempeñan su labor en la esfera política es: ¿qué puedo aportar yo para recuperar la confianza de los ciudadanos y votantes?, ¿qué está en mis manos? El proceso, sin duda, se antoja largo y lento. Una carrera de fondo. Porque eso es lo que tiene la confianza: requiere tiempo y persistencia; y sin embargo, se puede perder en un abrir y cerrar de ojos. Si bien, la televisión cambió las reglas del juego, ahora mismo son las nuevas tecnologías, que forman parte de nuestro día a día, las que están transformando la manera de hacer política. Y es aquí donde el político tiene que abrir bien los ojos y saber jugar sus bazas.

Si bien, la televisión cambió las reglas del juego, ahora mismo son las nuevas tecnologías, que forman parte de nuestro día a día, las que están transformando la manera de hacer política

Precisamente, el uso de las redes sociales supone en estos tiempos una herramienta necesaria para llegar al electorado potencial e involucrar a aquellas personas menos interesadas en política. Para ello, nuestros dirigentes harían bien en adaptarse a estas nuevas formas de comunicación. De hecho algunos ya lo están haciendo, con más o menos acierto. Si bien, todavía hay muchos de ellos que no son conscientes de las posibilidades que ofrecen.

En el caso específico de Twitter, que es la red predominante para el consumo de información y con perfiles de usuarios interesados en política, permite inmediatez y cercanía. Hace más de dos mil años, Quinto Tulio Cicerón dejaba constancia en su Breviario de campaña electoral en el que ofrecía una serie de consejos a su hermano ante la llamada de la política: “La mejor manera de ganar votos es saludando al elector, mirándolo a los ojos  y llamándolo por su nombre”. De alguna manera, este contacto directo que se puede fomentar mediante mítines y eventos mediáticos, pero que no deja de ser limitado, puede ser en cierto modo prolongado gracias a Twitter.

Aparte del contacto permanente, Twitter también sirve como herramienta de movilización, además de fortalecer la transmisión del mensaje gracias a su fuerza reiterativa mediante los retweets y la posibilidad de transmisión sin mediación alguna. Un ejemplo es el caso de Podemos. Por un lado este reciente partido ha sabido colocar su discurso mediante su repetición continua y de forma bien orquestada a través de la coordinación entre distintos medios, siendo Twitter uno de ellos; por otro lado, ha sabido movilizar e involucrar a sus seguidores. Y es que hay que tener en cuenta que el nacimiento de este partido es inherente a las nuevas tecnologías. Que el perfil de Twitter de Pablo Iglesias en las elecciones europeas de mayo 2014 fuera el más influyente entre todas las candidaturas europeas es una muestra más de la seña de identidad que ha cultivado la formación desde sus inicios. Y sigue.

En definitiva, Twitter, al igual que otras redes, puede resultar útil. Pero para ello no se debería limitar su uso sólo a una mera diseminación de información. Sino en tratar de forjar una gran conversación con los ciudadanos con el fin de ir creando comunidad. Al fin y al cabo, ése es el sentido último de la comunicación. 


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