Análisis

Lesmes gana, la Justicia pierde

En un nuevo golpe de autoridad, el presidente del Poder Judicial ha logrado que su candidato Luis María Díez-Picazo presida la Sala de lo Contencioso del Supremo. 

El Presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes.
El Presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes. EFE

El Consejo General del Poder Judicial más politizado y presidencialista de la historia ha hecho este miércoles realidad los deseos de Carlos Lesmes. Unos deseos que, en las últimas semanas, no eran otros que lograr a toda costa que el que fuera el presidente de su Sala, el magistrado José Manuel Sieira -su antiguo "jefe"- no fuese reelegido para dirigir la jurisdicción Contencioso-Administrativa del Tribunal Supremo.

Para lograr su fin, los medios empleados por Lesmes han sido los promulgados por el propio Maquiavelo. Se ha sugerido a determinados vocales que podrían perder su puesto en la Comisión Permanente del CGPJ -único órgano del Consejo donde tienen asegurada su dedicación exclusiva en la institución y donde hay tortas para entrar-; se les ha dicho que era una "cuestión de Estado" o, simplemente, que debían hacerle ese "favor personal".

Unas presiones -sin precedentes- que han sido la comidilla judicial en los pasillos de la Villa de París y que han dejado estupefactos a magistrados y vocales. Amigos y enemigos de Lesmes comentaban con asombro cómo "a Carlos se la ha ido de las manos este asunto. Lo ha convertido en una pugna personal. Conmigo o contra mí". No se puede actúar "como el capo de la mafia", decía una voz autorizada del Alto Tribunal.

La situación se llevó tanto hasta el extremo que el propio ministro de Justicia, Rafael Catalá, hizo llegar a varios vocales que era consciente de las presiones que estaban sufriendo y que iba a tratar de aplacar los ánimos.

Pero, entonces, Lesmes fue más allá y habló con el propio Mariano Rajoy con quien se reunió en el Palacio de la Moncloa y al que transmitió que "lo mejor" para el Alto Tribunal era que su amigo íntimo, Luis María Díez-Picazo, presidiera la Sala que tiene la obligación de vigilar las decisiones que aprueba el Consejo de Ministros y, casualmente, los acuerdos del órgano de gobierno de los jueces.

"Lo ha convertido en una pugna personal. Conmigo o contra mí", comentaba un magistrado del Supremo

De ahí, que el propio Rajoy hiciera llegar a determinados vocales – por supuesto a través de intermediarios- que se debía apoyar en el Pleno a Díez Picazo. Dicho y hecho. Doce apoyos ha recabado este miércoles su candidato.

Lo triste es que la decisión del Consejo no se apoya sólo en argumentos jurídicos sino mayormente en los designios de su presidente. No se ha valorado quien cuenta con más años en la Carrera Judicial ni en el Supremo; tampoco que Sieira haya rebajado considerablemente la pendencia de asuntos de la Sala Tercera; ni menos que sea un juez independiente que deje trabajar con libertad a los magistrados de su Sala.

El mayor pecado que ha cometido José Manuel Sieira es no ser un juez sumiso a Lesmes. Fue un presidente de Sala imparcial, por ejemplo, cuando en el año 2013 sostuvo que el escandaloso indulto que Ruiz Gallardón concedió al kamikaze -que acabó con la vida de un joven en la autopista AP-7- debía ser avocado a Pleno. Lesmes era el ponente de esa resolución y se mostró favorable a confirmar la medida de gracia. Lo hizo cuando estaba pendiente de ser nombrado presidente del CGPJ por el actual Gobierno. Entonces Sieira le ofreció retrasar ese Pleno si consideraba que le perjudicaría en el camino para hacerse con la presidencia del Poder Judicial. Lesmes lo rechazó y quedo en evidencia cuando, posteriormente, el tribunal rechazó su ponencia.

Pero hoy debe estar contento porque es el claro ganador. El presidente se ha salido con la suya. Ha ganado la guerra que sólo él ha emprendido. Pero, eso sí, debería ser cauto porque dice el refrán que la "avaricia rompe el saco" y cada vez son más y más las voces dentro de la Magistratura que claman contra la forma de actuar de la cabeza visible del tercer poder del Estado. Ha ganado Lesmes; ha perdido la Justicia.


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