Análisis

La muerte de Tito es un parche para sentirnos buenos un rato y volver a ser mezquinos otra vez

La muerte de Tito Vilanova ha provocado una consternación en todo el mundo del deporte. Todos, unos desde sus columnas de opinión, otros con sus tuits y algunos micrófono en mano, han glosado su figura y valorado su trabajo, su actitud frente al cáncer, su carisma. Ttodo esto está muy bien, pero, si lo pensamos bien, la pregunta es: ¿de qué sirve?

Mañana volveremos a insultarnos unos a otros por ser de otro equipo. Volveremos a criticar al árbitro por no pitar un penalti. Volveremos a menospreciar al rival. Volveremos, en definitiva, a ser lo que somos y, desgraciadamente, todo lo que estos días estamos valorando de Tito no servirá de nada.

Cuando Mourinho le metió el dedo en el ojo a Vilanova, mucha prensa lo utilizó para atizar al portugués, aunque también para darle a Guardiola. A Tito todo el mundo lo usó en beneficio propio. Nadie se preocupó entonces por cómo era y cómo le afectó aquel triste episodio.

Sin embargo, su nombramiento como sustituto de Guardiola y la enfermedad que le obligó a dejar ese mismo banquillo hizo que todo el mundo se fijara en él. Se inició así una especie de acto de contricción con una persona que, desde fuera, no hizo daño a nadie y todos utilizaron.

Se ha ido un tipo trabajador, discreto y deportista. Se ha ido y todos los valores que transmitía van a caer en saco roto porque este mismo martes volveremos a insultarnos para subir share y a menospreciarnos para cubrir nuestras miserias.

La muerte de Tito es un parche para sentirnos buenos un rato y volver a ser mezquinos otra vez. Ojalá todo lo que se dice estos días sirva de algo porque, si no, todos los mensajes de pésame y todos los apoyos serán pura hipocresía.


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