Análisis

La Pantoja en 'Supervivientes', Froilán en la tele de China y otros en el rincón de Risto

¿Llamó la tonadillera al 'reality' para hablar con su hija como antes hizo con su hijo? Los malos modos del Borbón traspasan fronteras. El programa del publicitario gana enteros aunque pierda audiencia... 

En el prólogo de su brillante ensayo Dinero, demogresca y otros podemonios (Temas de Hoy), Juan Manuel de Prada recuerda que el maestro Alexis de Tocqueville apuntaba, en su inolvidable La democracia en América, cómo imaginaba una sociedad futura en que el personal llenaba su alma "con placeres ruines y vulgares". Tal vez ese futuro sea nuestro presente. Porque es imposible imaginar algo más ruin y vulgar, pero al mismo tiempo placentero, que sentarse durante tres horas a contemplar los vaivenes mentales y las peripecias vitales de Supervivientes

Para disgusto de antimodernos como De Prada, en esta España de 2015 pocos apuestan por conservar la tradición, en el sentido más amplio de este término. Pero la televisión que se hace en España es profundamente conservadora y tradicional, tanto porque es muy difícil encontrar innovaciones (con alguna excepción como El Ministerio del Tiempo o Vis a vis) como porque, se reconozca o no, los programas de telerrealidad son lo más español que existe. En este cainita trozo de planeta siempre ha habido un amor incondicional por el chisme, el rumor, la alcahuetería y el celestineo. Cotillear sobre la existencia de los semejantes es tan carpetovetónico como la envidia. Por ello la audiencia crece hacia el infinito en un reality show como el que ahora emite Telecinco.

Nada importa que el formato del programa sea tan absurdo y estúpido, su contenido tan banal y vacuo, sus concursantes tan prescindibles y deprimentes. Lo determinante es el cotilleo puro y duro

Nada importa que el formato del programa sea tan absurdo y estúpido, su contenido tan banal y vacuo, sus concursantes tan prescindibles y deprimentes. Lo determinante es el cotilleo puro y duro.Y todos sabemos que en estas lides no hay nadie como Isabel Pantoja y su familia. Este año participa en el programa Chabelita, hija de la tonadillera, como antes lo hizo su vástago Kiko Rivera, Paquirrín. Este jueves el momento apoteósico del espacio se produjo cuando Jorge Javier Vázquez conectó en directo con la muchacha, le comentó eso de "estoy seguro de que tu madre te está viendo", Telecinco mostró el teléfono de aludidos y media España (casi el 30% de audiencia, otra vez) respiró sobrecogida a la espera de la llamada de la mujer que esta semana ha disfrutado de su primer permiso para salir de prisión. Pero Isabel no marcó el teléfono. Quizás la próxima semana haya suerte. 

Para salvar el honor de la televisión patria, siempre nos quedará la comparación, odiosa por naturaleza. Por ejemplo, hasta ahora pensábamos que sería peor la programación que se emite en China, sin libertad para nada, ni siquiera para ser frívolos, que es el único reducto al que aferrarse en tantos lugares. Pero una vez más la realidad, tan tozuda, nos niega el deseo porque al parecer los televidentes chinos también pueden asistir, entre tanta propaganda, a hechos tan delirantes como el último protagonizado por Froilán. Cuentan las crónicas que en varios canales, incluso el público (¿acaso no lo son todos allí?), del país que vivió la revolución cultural de Mao se han hecho eco del altercado del Borbón. Que la infame expresión "cállate, puto chino" traspase fronteras, incluso telones comunistas, para enfadar a millones de personas oprimidas es una gran noticia, porque demuestra que el mal gusto es, como la idiotez, universal.  

Irreprochable e interesante

Aunque lo parezca, no todo lo que se puede ver en las pantallas es horrible. En las dos últimas semanas un servidor se ha tragado Al rincón de pensar, el programa que conduce Risto Mejide en Antena 3 tras su abrupta salida de Mediaset. Técnicamente es un producto irreprochable porque son buenas la producción, la realización y la posproducción. El espacio es, por mera lógica, muy parecido a Viajando con Chester (Cuatro). Los invitados elegidos, como Monedero esta semana o Mario Conde la anterior, merecen la pena. Y lo mejor es que, al menos por ahora, el publicitario ha reducido ese tono pendenciero que ahuyentaba a tantos espectadores. El resultado son conversaciones agradables que no siguen los cánones periodísticos pero sí entretienen al espectador.

Parece que de momento la audiencia no acompaña a Mejide tanto como antes, pero es de esperar que "el dato", como se dice en el medio, pronto mejorará. Hay esperanza, en suma, querido Juan Manuel, porque no todos los programas son basura como no todos los televidentes forman un rebaño de gilipollas tiranizados. 


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