Análisis

Una reestructuración financiera sin Santander

Catalunya Caixa caminaba en 2012 a enrolarse en el grupo dirigido por Botín. Los decretos Guindos lo cambiaron todo. Banesto necesitó el oxígeno de Boadilla... Y todo quedó en casa.

Emilio Botín, presidente del Santander
Emilio Botín, presidente del Santander

Ahora parece una eternidad. Pero no hace tanto. Apenas dos años. Entonces, Catalunya Caixa caminaba a enrolarse al grupo Santander. La jugada desde Boadilla era traspasarla a Banesto. En ello se puso José García Cantera, el sustituto de Ana Patricia Botín al frente de la filial. El empeño fue máximo. Incluso descarado para quienes vivían dentro del banco. "Si Cantera se ha perdido una reunión de los territoriales en Madrid (estaba negociando en Cataluña con los responsables de la entidad) es que algo gordo se está cociendo", aseguraba entonces una fuente. Todo estaba preparado. Incluso, hay quienes aseguran que hasta una gama de productos. Pero en esto se cruzó Luis de Guindos y sus famosos 'Guindazos'.

La limpieza del ladrillo a la que obligó el titular de Economía hizo saltar la operación por los aires. La reestructuración financiera, provocada por el mal endémico de Bankia y otros agujeros de postín en muchas otras cajas, se había traspasado desde el sector a Boadilla. Los 'Guindazos', el primero de mayo y el segundo de julio (ambos en 2012), convirtieron a Banesto de salvador en salvado. Y Botín puso toda la maquinaria en funcionamiento. Santander engulló Banesto y Banif al inicio de unas vacaciones de Navidades de 2012.

Su digestión, lenta y pesada, ha marcado el fin de la reestructuración financiera. La segunda subasta de Catalunya Caixa quedó suspendida en 2013 por falta de apetito del sector. Entonces, no 'jugó' La Caixa. Si lo hizo el Santander. Pero sólo en cuerpo. Su alma estaba enredada preparando la salida de Alfredo Sáenz y el aterrizaje de Javier Marín. Nadie quiso pujar entonces por los miedos que todavía generaba la macro. Y, quizás también, por esa pleitesía hacia la presa que parecía preparada para Botín.

A la tercera parecía la vencida para el Santander. Por necesidad de ganar cuota -apenas supera el 10%- en Cataluña, el mercado que concentra el 20% del PIB y por el que suspiran todos los financieros de este país. Incluso con todo el ruido nacionalista. Por el favor político que se esperaba de Botín al Gobierno durante la reestructuración, ese intangible que tanto decide en este tipo de subastas. "Aquí todos van a 'pringar' en el ajuste del sector", se decía la pasada semana en un despacho del caserón de Cibeles.

Sin embargo, Santander se ha librado de 'pagar' su cuota en las subastas. Eso sí, apoyó en la constitución de la Sareb, como todos (menos BBVA), y ha ayudado con sus contribuciones al Fondo de Garantía de Depósitos a rebajar la factura de las ayudas públicas en el rescate de las entidades nacionalizadas. "Y no te olvides de Banesto. Esa es la entidad que ha salvado Botín", comentaba este mismo lunes, con acierto, un ejecutivo bancario. En el sector no descartan que Santander si mueva ficha en la próxima subasta que se celebre en la Península. Pero no en España, sino en Portugal, para dar solución a la crisis del Banco Espirito Santo.

Vendida Catalunya Caixa, se cerró la reestructuración financiera. En otras palabras, los 'marrones' para el FROB. Lo que queda anticipa buenas noticias para los bolsillos de los contribuyentes. La siguientes ventas de la participación de Bankia y la salida de BMN, una entidad que prepara en silencio su salida a Bolsa para devolver las ayudas.


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