Análisis

Sacyr entierra los aires de grandeza de Luis del Rivero

Sacyr vuelve poco a poco a sus orígenes en cuanto a su tamaño, empequeñecido por la cantidad de activos que ha tenido que vender.

Hubo un tiempo en que a Sacyr se le quedaron pequeñas España y Europa, en el que no había prácticamente de sectores en los que el grupo no estuviera presente… una época en la que la compañía valía 15.000 millones de euros en Bolsa y se codeaba por tamaño con las grandes del Ibex-35. Un tiempo en el que Sacyr olvidó sus modestos orígenes: el sueño de Luis del Rivero, José Manuel Loureda, Manuel Manrique y Félix Riezu, cuatro ingenieros formados en Ferrovial y que decidieron emprender la aventura por su cuenta.

El sueño, forjado desde una minúscula adjudicación de contrato público, para remozar una acequia, comenzó a tomar un tamaño considerable, aunque el gran público y, sobre todo, el mercado, sólo fue consciente de ello cuando Sacyr, con Del Rivero al frente, se puso bajo los focos de la Bolsa, con la compra de la cotizada Vallehermoso en 2003 (por entonces, bajo el control del Santander). Después llegaron la Empresa Nacional de Autopistas (ENA), el 33% de la francesa Eiffage y el 20% de Repsol, que convertía a la entonces denominada Sacyr Vallehermoso en el primer accionista de la petrolera.

Pero Del Rivero podría haber entonado aquella letra que compuso Paul Anka y que inmortalizó Frank Sinatra en la mítica My Way: “Bien sabes que, a veces, he mordido más de lo que puedo tragar”. La indigestión, agravada con la crisis, comenzó a cambiar las tornas de la compañía.

Así, hubo un tiempo en el que se hablaba de que la empresa estaba en quiebra y al borde del concurso de acreedores, algo que no pasó de unos malintencionados mensajes que corrían desaforadamente por los teléfonos móviles de medio país y que incluso señalaban a José Luis Rodríguez Zapatero, por entonces presidente del Gobierno, como el salvador de la empresa. El concurso no llegó pero sí el desfile de activos por la puerta de salida: la filial de concesiones Itínere (en la que se acopló ENA), la participación en Eiffage… y la mitad de la de Repsol.

Hasta ese punto llegó el camino de Del Rivero. Sólo tras su cese como presidente pudo Sacyr vender el 10% de la petrolera y evitar así males mayores con la banca acreedora, que contemplaba espantada cómo la situación financiera un importante deudor se volvía insostenible.

Adiós a Vallehermoso

Hubo un tiempo en que la empresa se llamó Sacyr Vallehermoso pero, tras la venta de Testa, de Vallehermoso ya no queda nada y de Sacyr, de la original, bastante poco. Vallehermoso se liquidó tras el desplome del mercado residencial y su filial Testa, que valía más que la matriz e incluso que todo el grupo, acaba de ser vendida.

De los cuatro fundadores de Sacyr, sólo quedan dos y no precisamente bien avenidos. Uno es el actual presidente de la empresa, Manrique; Loureda, que sigue siendo el segundo accionista, permanece arrinconado y ha visto cómo la actual dirección ha procedido a laminar buena parte del equipo, incluidos sus hijos, Daniel y José Manuel. Daniel fue cesado como consejero delegado de Testa y José Manuel, desplazado de la dirección de negocio internacional.

Otra de las víctimas ha sido el ex director financiero Fernando Lacadena, relevado a comienzos de año, precisamente para ocupar el puesto de Daniel Loureda y que, ahora, quedará fuera del grupo.

Sacyr se sitúa más cerca de los orígenes en cuanto a tamaño aunque con poco de aquel espíritu, en trayectoria descendente. La operación de Testa le da tranquilidad financiera pero empequeñece al grupo de forma significativa. Los dicho, le deja sin Vallehermoso y con muy poco de Sacyr.


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