Análisis

La alcaldesa que nunca estuvo ahí

Con el aliento de la justicia en el cogote, Barberá no recuerda, no sabe, no le consta. Es la alcaldesa que nunca estuvo ahí, la gran señora que, mientras los dineros de los valencianos iban a los bolsillos de algunos y no a donde era menester, gobernaba por delegación.

La exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá.
La exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá. EFE

Rita Barberá ha vuelto a comparecer este martes ante los medios de comunicación, justo un día después de que el juez instructor del “caso Taula” le ofreciera declarar antes de proceder a solicitar su imputación ante el Tribunal Supremo por un supuesto delito de blanqueo de capitales. Y es que según la Fiscalía Anticorrupción, existen indicios suficientes de la participación de Barberá en los hechos. Ahí es nada. ¿Y para qué ha comparecido? Salvo para hacernos sentir bochorno, para nada más. Porque ella no sabía, no estaba: delegaba.

"No he contribuido a ningún blanqueo, no he ordenado ningún blanqueo, no he conocido ni he sabido nada del grupo municipal ni del partido ni en ninguna parte, ni conocimiento de cajas b, nunca he tenido una caja b, lo digo sin rubor”. Y no contempla renunciar a su sillón de senadora “a pesar de las ansias irrefrenables de la izquierda”.

Con el aliento de la justicia en el cogote, Barberá no recuerda, no sabe, no le consta. Es la alcaldesa que nunca estuvo ahí

“No soy jefa. He sido la Alcaldesa de todos los valencianos”, nada más. Y es que el puesto de Alcalde debe ser, a lo que parece, un cargo honorífico que Rita ostentó durante 24 años. Porque para políticos de su talla el tiempo es relativo. Las décadas se transforman en instantes; los años, en momentos neblinosos, confusos. De ahí que, cuando lo de los trajes de Camps, subida en su nube, afirmara que no veía razón por la que los políticos no pudieran aceptar regalos. Y hoy, a preguntas de una periodista, reconociera haber recibido agasajos el día de su santo y por Navidad. Entonces, la periodista, aplicada, ha advertido que las fechas no coincidían. Y Rita a vuelto a olvidar, a no saber, a no estar.

Con el aliento de la justicia en el cogote, Barberá no recuerda, no sabe, no le consta. Es la alcaldesa que nunca estuvo ahí, la  gran señora que, mientras los dineros de los valencianos iban a los bolsillos de algunos y no a donde era menester, gobernaba por delegación. Porque Valencia se gobierna así. Que haya alcalde o alcaldesa es sólo una tradición. Y que el dinero público se derrame, también. Y si no, que levante la mano el cacique que esté libre de pecado. "Si el dinero va delante, todos los caminos se abren."

Asunto distinto son las filtraciones judiciales. La presunción de inocencia es sagrada. Tan sagrada como la presunción de que el contribuyente es idiota. Y si me apuran, la Justicia también. Y a eso se va a dedicar esta gran señora. No a insinuar que somos idiotas, que también, sino a promover una legislación que castigue a los filtradores de secretos. Al menos, mirélo así, acudirá al Senado. Porque embolsarse 9.000 euros por dos días de trabajo, eso sí tiene delito. Lo otro, apunta a que también, aunque habrá que esperar. La presunción de inocencia es así. A lo mejor Rita nunca estuvo ahí.


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