Análisis

La ministra Pastor abofetea a Renfe en pleno Congreso

La ministra de Fomento, Ana Pastor, adelantó el miércoles en el Congreso una reestructuración en su departamento para que la Dirección General de Ferrocarriles desarrolle exclusivamente funciones propias del operador ferroviario. 

La ministra Ana Pastor en agosto, en el Congreso.
La ministra Ana Pastor en agosto, en el Congreso. EFE

Una exministra, antecesora de la actual de Fomento, imputada, por cierto, por prevaricación y malversación de fondos públicos decía, a propósito de una nevada de medio pelo, que Barajas era "una cosa muuuuuu grande". Definía así uno de los 47 aeropuertos que tenía bajo su mandato y se quedó tan pancha. Luego, se fue con su corte a Moscú a ver como limpiaban un aeropuerto, al que nada tiene que envidiar el nuestro madrileño, según ella, para aprender. Sería para aprender a barrer, porque para otra cosa, en fin.

Pues este jueves, la ministra actual, dedicó buena parte de su contestación a una interpelación urgente de IU, ICV-EUiA, CHA, la Izquierda Plural y demás expresos europeos, a contarnos lo obvio. Como un papá ferroviario le contaría a su hijo antes de acostarse lo que es la Renfe. Que si 14.000 empleados, trabajando día, tarde y noche, velando por todos nosotros, cosa bastante cierta en la mayoría de los casos, pero contado con una carga lacrimógena digna de los seriales de D. Guillermo Sautier Casaseca, excelente serialista español de los años 50 y 60.

Las limitaciones de la ministra

Los políticos, como acaban de descubrir una mega empresa, tienen cuando se lo cuentan a sus compañeros diputados la tendencia a cierto síndrome de Estocolmo y a contar la versión ingenua que, a propósito, le escriben los viejos zorros ferroviarios para echarse flores por boca de la ministra. Caen estos políticos metidos a ferroviarios en esa verborrea medio iniciática y masonil de uso bastante extendido en la empresa, lo que les sirve muy bien para tapar sus limitaciones profesionales y de gestión. Todo su discurso fue un parabién jabonoso y pegajoso a los trabajadores, sobre todo de Renfe, al tiempo que para no hablar de otras cosas importantes. Echan minutos y minutos a intentar explicarnos desde lo que es la vía hasta otros berenjenales de mayor calado, de los que luego, no saben salir. Intenta contarnos lo obvio, pero mal. Y lo necesario, no. Haciendo fu como el gato.

Todo esto lo compaginan, aderezado, con una jeta mayúscula. Le preguntan por A y contesta lo que le da la gana, o nada. Le preguntó la interpelante sobre el no cese o dimisión del presidente de Adif y como si no fuese con ella. Hasta dos veces se lo dijo, pues nada. Ella con sus huerfanitos de la Renfe y que si se invierte mucho en seguridad, porque toda nueva inversión, sea en lo que sea, aumenta la seguridad. Curiosa forma de entender la seguridad. El que se lo escribió, debió decir ¿no quieres hablar de seguridad?, pues toma inversiones en seguridad. Y todo así en este lamentable plan.

Veo, veo, mamoneo

Y ahora viene la bofetada a Renfe. Pues que, dejando aparte el lloriqueo para la galería, el relleno de las obviedades que se marcó y la jeta que le echó a sus contestaciones, como no debe fiarse ni medio pelo de los profesionales de Renfe y Adif, (confundiendo los político-directivos que le cuentan directamente las cosas que es a quienes conoce, con los excelentes profesionales, sabedores de sus profesiones que hacen sus trabajos de forma excelente) va y les birla todas las competencias en seguridad (sí, sí de esa que estuvo disertando, sin conocimiento de causa durante casi una hora) y las pone bajo la supervisión exclusiva de la Dirección General de Ferrocarriles, a la que despoja de sus otras competencias y a la que dedica exclusivamente a los menesteres de seguridad en la circulación y planificación, anunciando un Plan de Seguridad Operacional Ferroviaria. Los proyectos, a partir de ahora, los lleva el maestro armero.

Para concluir, échense las manos a la cabeza, la ministra se comprometió a la modificación normativa que permita la participación de la Cámara Baja en la elección de los miembros de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios. Pues ya está la cosa liada, como en el Consejo del Poder Judicial, Tribunal Constitucional, de Cuentas, etc, etc etc, ya está servido el mamoneo político. ¿Se imaginan, unos, los de ahora, echándole la culpa a los de antes de la dejadez y las nefastas decisiones tomadas en materia de seguridad? Pues si en estas cosas serias dejamos meter mano a los políticos, la fastidiamos. Ojo, ministra, se le olvidó decir una cosa, que debe usted aplicarse a sí misma: con la seguridad, no se juega. 


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