Análisis

Donde Arrasate colocó un diamante, Martino descolocó la mitad de su equipo

Hay un viejo refrán que dice: “Cuando el carro ha partido el eje, todo el mundo sabe por dónde no había que pasar”. Muy cierto. Pero también lo es que este sábado cualquier persona con algún conocimiento sobre el fútbol sabía que el FC Barcelona iba a tener problemas, grandes problemas, en Anoeta.

Y lo sabía a los cinco o minutos de empezar el partido. Sí, alguna genialidad de las estrellas barcelonistas podría sacar petróleo y salvar al equipo, pero lo que se veía venir, teniendo en cuenta meros factores tácticos, es que sólo esa superior calidad de la plantilla catalana podría –si es que podía- salvar la debacle inminente. Y no la salvó.

Jagoba Arrasate no se dejó llevar por esa teoría moderna de que la mejor manera de defender es poseer el balón ni por la sub-teoría que dice que para ganarle al FC Barcelona hay que jugarle “de tú a tú” y quitarle el balón. Fue mucho más práctico (¿más inteligente?) que todo eso y planteó el partido como la inmensa mayoría de los entrenadores que han llevado a sus equipos a derrotar a los catalanes: líneas juntas en defensa, bloque en el medio y taponamiento del eje central, no caer en la trampa de ir a buscar a los exteriores barcelonistas, y lanzarse arriba con velocidad y con tres-cuatro jugadores máximo cuando la situación “guerrillera” lo permitiera. Como le han hecho al gran equipo catalán los Real y Atlético de Madrid, el Bayern, el Chelsea, el Inter… y hasta el Hércules de Boquerón Esteban.

La pieza de cohesión, en medio campo, fue un “diamante” corto y compacto pero muy móvil, formado por Markel, Zurutuza, Elustondo y Canales. Por detrás, defensa de cuatro concentrada y, por delante, dos laboriosos Vela y Griezmann que iban a buscar un “dos contra dos” frente a los centrales catalanes –un aún novato Bartra y un a menudo desordenado Piqué, como por desgracia para él acostumbra-, sin desestimar la variante de colarse también en los huecos por dentro de los laterales, en donde por cierto faltaba Alves (¿se puede permitir este lujo, en una Liga tan apretada, el Tata Martino?...)

El entrenador argentino, ante el panorama, tomó una decisión sorprendente y que –como escribo más arriba- no vaticinaba cosa buena alguna: coartar ese intento realista de “dos contra dos” en la frontal de Valdés, incrustando allí a Song. El equipo se quedó en una variante de 5-2-3,  con Busquets demasiado a la derecha para su gusto, Iniesta muy obligado a bajar para hacer de una especie de mediocentro a la izquierda, y Pedro y Neymar obligados a correr como locos arriba y abajo por los exteriores, dejando a Messi “a su aire” arriba. Un caos.

Que acabó como tenía que acabar. Con un baño donostiarra. Esas genialidades barcelonistas que decíamos les permitieron tener el partido empatado a uno durante unos minutos, pero tanto despropósito táctico por su parte, combinado con la brillantez del planteamiento de los vascos, les predestinó al fracaso. No hacía falta ser muy versado en fútbol ni esperar a ver por dónde discurría el carro para saber por dónde se partiría el eje. Por el eje, precisamente. Donde Arrasate había colocado un diamante y donde Martino descolocó a la mitad de su equipo.


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