Análisis

Neymar, el mejor del Madrid, Bale, el mejor del Barcelona... y las interrogantes que deja el clásico

Nada más acabar el partido, me dice mi hijo mayor: “Fácil poner un título a un partido que ha tenido muchísimo de todo: Neymar, el mejor... del Madrid; Bale, el mejor... del Barcelona”. La verdad es que no me disgustaría titular así, máxime desde la consideración que me merecieron esos dos fichajes y de la que hay constancia escrita en este diario.

Pero no creo que fuera totalmente justo. Desde el lado positivo, porque hubo varios jugadores que actuaron de forma brillantísima en ambos equipos. Y, desde el negativo, porque también se vieron errores inmensos, difícilmente concebibles en un fútbol tan superprofesionalizado como el nuestro.

Neymar estuvo muy flojo, jugando raro desde la banda derecha. Divide, pero no rompe. Llega al área, pero no define. Combina, pero no sorprende, es reiterativo. Sería ventajista decir ahora que Pedro, el que no es brasileño sino de aquí al lado, sembró mucho más peligro en sus minutos que Neymar en los suyos, porque el tinerfeño llegó a tiempo de jugar en superioridad numérica.

Sin embargo, no es menos cierto que ya van muchos partidos en los que los hechos parecen poner en duda el criterio futbolístico (que no el monetario-comisionista) de quienes aconsejaron traer al brasileño y de los que ponen en cuestión el papel de titulares de Pedro y el propio Alexis. Y lo mismo nos valdría para el tema Gareth Bale.

Pero en el partido hubo –junto a momentos y jugadores brillantísimos- errores individuales y grupales más influyentes que el partido mejor o peor de esos dos protagonistas de los fichajes más escandalosos que hayamos conocido.

-¿Cómo es posible que Sergio Ramos siga perjudicando reiteradamente a su equipo con acciones totalmente improcedentes por su naturaleza, su momento o ambas cosas a la vez?  ¿Cómo se entiende que aún haya quiénes le consideran, además, el gran representante del espíritu madridista? Sergio es un jugador con un potencial físico y técnico ilimitado, descomunal. En lo táctico va muy justito. Pero donde lo tira todo por la borda es en su desempeño en momentos decisivos. Es como esas cabras de excelente rendimiento lechero y que se empeñan en dar una patada al cubo una vez ordeñadas, y creo que ya he propuesto el símil otras veces.

-¿Cómo se puede entender que muchos jugadores de ambos equipos, al ser castigados con penalti, se queden con los brazos en jarra observando el lance? ¿Qué pensará el portero de la confianza que les inspira? ¿Qué pasará si hay un rechace, piensan acaso en que con esa posición de partida llegarán a recogerlo? (Si lo piensan es que son aún más tontos de lo que parecen, desde luego). ¿No se entrenan estas situaciones durante la semana?

-¿Cómo es posible que los centrales del FC Barcelona no ayuden ni una vez a sus laterales, siendo como son, para más inri, totalmente ineficaces en la defensa de balones elevados? El Madrid acertó reiterando esta jugada: uno contra uno en la banda; atreverse a centrar o regatear a un lateral que no es ayudado con coberturas; penetración o centro y ocasión de gol segura, dada la inoperancia de Piqué y Mascherano. Ni dan coberturas, ni basculan, ni siguen la marca en los cortes a puerta de sus rivales. ¿Tampoco se entrenan estos detalles?

-¿Cómo es que el FC Barcelona no saca producto siquiera a un saque de esquina en todo un partido? Algo que se repite, además, jornada tras jornada.

-¿Cómo es tan rematadamente cerril la prensa madrileña-madridista? Desde hace algunas semanas, cualquier persona que no conociera la Liga, pensaría que el FC Barcelona es un equipo a la deriva, sin posibilidades algunas. Cuando lo cierto es que se encontraba exactamente en la misma fase que el Real Madrid tanto en competiciones europeas como en la Copa. Y en Liga, un partido por detrás, pero con ventaja en los coeficientes de goles particular y general. Ésa era la realidad hasta antes del clásico. Ahora es mucho más halagüeña aún para los catalanes. Sigan burlándose y menospreciando y picando deportivamente a los rivales del Real Madrid, que van bien, inteligentes.

Por muy mal que defienda el FC Barcelona y por muy mal que se entienda a Pedro en el banquillo en beneficio de Neymar, hurgar en el amor propio de superclase de este deporte, como son y hoy han vuelto a demostrar Messi, Iniesta y Xavi Hernández, suele traer consecuencias negativas. Para sus rivales, claro.


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