Análisis

Los Presupuestos de la Resignación

Erre que erre, el Gobierno nos machaca con que éstos son los "Presupuestos de la Recuperación". El fin de la austeridad ha llegado, insinúan. Pero no se dejen seducir por los cantos de sirena…

Erre que erre, el Gobierno nos machaca con que éstos son los “Presupuestos de la Recuperación”. El fin de la austeridad ha llegado, insinúan. Pero no se dejen seducir por los cantos de sirena, ya tengan la retórica de un dicharachero Montoro o de un tecnificado Guindos. Nuestra odisea particular aún tiene muchas escalas. Y éstas son los puntos de déficit que aún debemos rebajar, uno por uno.

Es verdad que si retorna el crecimiento todo se vuelve más fácil. Pero la noticia es que, por mucho que se empeñen, el crecimiento tiene las patas cortas. No podemos endeudarnos mucho más, y eso sólo nos deja el largo y tortuoso camino de ganar competitividad frente a unos países que avanzan hambrientos de nuevos mercados.  

No hay más. Pero este Gobierno insiste en decirnos que sí. Que todo se puede hacer por arte de birlibirloque. Se pueden presentar unos Presupuestos que a la vez reducen el déficit y contemplan subidas del gasto. Y ahí se lanzaron: en una diapositiva, destacaron los repuntes de los capítulos de Cultura, Vivienda e I+D+i. De un presupuesto que se supone que debe ofrecer sólo recortes, únicamente se mostraron cifras con más gasto.

Según esta versión monclovita de los hechos, se pueden reformar las pensiones sin que pierdan poder adquisitivo. Se puede hacer una reforma de las administraciones sin tocar las diputaciones. Es más, al más puro estilo ‘orwelliano’, se puede hacer una reforma de la Administración controlando a los ayuntamientos, la única rama que presenta superávit. Y luego, eso sí, vender que se han conseguido grandes ahorros en la factura de la luz.

Se han resignado. Pretenden alcanzar la meta de déficit del 5,8 por ciento tan sólo con los ingresos que arroje un crecimiento del 0,7 por ciento, sin anunciar más ajustes. Pero mucho nos tememos que no bastará. La devaluación de los salarios y la erosión de las bases imponibles harán que sea imposible que las cuentas se puedan cuadrar sólo a golpe de recaudación. De seguir con la misma tónica que llevamos este año, ese 0,1 de crecimiento neto de empleo en términos EPA sólo supone unos 17.000 puestos de trabajo más, lejos de lo necesario para reconducir las cuentas del IRPF o de la Seguridad Social.

Además, la base de cualquier cuenta bien hecha es que nunca vale calcular el presupuesto inicial de un año sobre el presupuesto inicial del ejercicio anterior. Hace falta tener las cifras de lo que se ha ejecutado. Y eso parece que, una vez más, no se va a cumplir. De acuerdo con los datos de la Agencia Tributaria, entre enero y agosto de 2013 se han recaudado únicamente 259 millones más de impuestos que el año pasado, cuando el objetivo es ingresar en todo el ejercicio unos 9.299 millones más.

Se ha evitado el abismo, en parte porque un tal Mario Draghi quería salvar Italia. Pero todo se confía a que carbure mejor el motor económico europeo y aprovechemos el tirón. Europa, siempre Europa, también para que nos obligue a adoptar las reformas, siempre supervisadas bajo sospecha. Ésta es la historia de Zeus y Europa contada al revés. En esta ocasión Europa es la que ha conquistado a los envueltos en la piel de toro, y éstos llevan ya cinco años de parto a ver si el niño nace con un pan debajo del brazo que nos saque de ésta.

Resignados, en estos PGE 2014 nuestros gobernantes han abdicado del liderazgo, se encuentran inhabilitados para dar ejemplo y han renunciado a transmitir valores e ideas. Y como consecuencia, hemos perdido las riendas de nuestro destino como país. Cuando en la película ‘300’ el emperador persa Jerjes I atrae para su causa al jorobado, le dice: “Comprueba mi bondad: frente a la crueldad de Leónidas que te pedía que te alzases, yo te pido que te arrodilles”. Pues eso hemos elegido.


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