Análisis

Por qué todos acabaremos votando a Podemos

O se regenera España por la vía de las reformas legales profundas o habrá que votar a Pablo Iglesias para zarandear este sistema moribundo. El caso de las tarjetas opacas de Caja Madrid, todo lo publicado sobre los Pujol y la permanencia de Ana Mato son solo tres ejemplos paradigmáticos de la putrefacción de la democracia española...

Se avecina un ciclo de elecciones más que relevante para el futuro de España. Y los representantes públicos y privados del bipartidismo continúan paralizados, sin entender lo que realmente ocurre a su alrededor, confiando en que las aguas, por turbias que sean, volverán a su cauce natural empujadas por la ola de la presunta recuperación económica, seguros de que al final todo seguirá como siempre. En privado, todos los garantes y beneficiados del statu quo, los políticos, los grandes empresarios, los banqueros y hasta los tertulianos habituales dan por hecho, con su suficiencia endémica, que la crisis institucional que nos asfixia morirá junto a la económica, sin problemas mayores. Se equivocan. 

El caso Pujol representa algo así como una mezcla entre los privilegios de la casta política, las tropelías de los corruptos y los falsos mitos de la Transición. Y las tarjetas opacas, el mangoneo desmesurado de un 'statu quo' que se creía impune para siempre

Subestiman a los españoles, que no queremos revoluciones ni salvapatrias, es cierto, pero menos aún queremos seguir manteniendo este asqueroso chiringuito. Mejor será zarandearlo de una vez. O se regenera España, por la vía de las reformas profundas y las consiguientes elecciones, cosa que no parece probable, ni mucho menos, o a este paso solo nos quedará votar masivamente a Podemos, cuyos dirigentes tienen la única ventaja, absurda por obvia y simple pero muy sólida, de que todavía no han robado. Si no hay reformas, hasta los que estamos en otras coordenadas ideológicas e incluso tememos algunas medidas que puedan imponer Pablo iglesias y sus compañeros acabaremos por tomar esta decisión que creíamos imposible seis meses atrás. Todos a una. Que se jodan los poderosos. ¿Que tienen razón los apocaliptícos, arde Troya y nos abrasamos? Poco importa, no se puede estar más calcinado de lo que ya estamos. De hecho, el CIS ya apunta a una subida imparable de Podemos, en todos los tramos de edad y en todas las clases sociales, que iría en detrimento, por lógica, de PP y PSOE, como se puede ver en los gráficos que ilustran este texto. 

Tres casos paradigmáticos

Ya hace un siglo que un señor muy esperpéntico llamado Ramón dijo que en España se premia todo lo malo, el ser sinvergüenza. Por extensión, esto sucede también en Cataluña, parte de este maltrecho Reino hasta que se demuestre lo contrario. Miren al hasta ahora honorable Jordi y su clan familiar. Tras la célebre y patética confesión por carta del patriarca y después de todo lo que se ha conocido sobre sus quehaceres, esta familia representa algo así como una mezcla entre los privilegios de la casta política, las tropelías de los corruptos y los falsos mitos de la Transición. El caso de los Pujol compendia, en definitiva, todos esos errores tan repetidos como dañinos para la buena salud de un régimen ya putrefacto, maloliente, irrecuperable.

El caso de Ana Mato tampoco es sorprendente, si se tiene en cuenta que le sustenta Mariano Rajoy, el hombre que le escribía "sé fuerte" por SMS a Luis Bárcenas

Lo de Pujol, un tanto apagado estos días, no es el único asunto candente que demuestra el derrumbe del sistema. Ahí tienen el caso de la ministra Ana Mato, cuya permanencia en el Ministerio es una suerte de broma de mal gusto imposible de aguantar en cualquier país serio. Y no lo digo, aunque podría decirlo con razón, por su nefasta gestión de la crisis del ébola. ¿Conocen ustedes, sufridos lectores de este medio que aboga por la regeneración, algún país en que sea ministro alguien cuyo cónyuge tenía en el garaje que ambos compartían un Jaguar regalado por una trama corrupta? Pues eso. Lo de Mato es el mejor ejemplo de cómo funciona esta partitocracia que padecemos. Eso sí, no es sorprendente, si tenemos en cuenta que quien le sustenta es Mariano Rajoy, el hombre que le decía "sé fuerte" por SMS a Luis Bárcenas, ese extesorero que casi nadie recuerda y que al parecer era buen amigo, oh casualidad, de la propia ministra de Sanidad.  

Y el caso que más incendia nuestras conciencias en estos momentos, el de las tarjetas opacas de Caja Madrid, evidencia el mangoneo desmesurado de un establishment que se creía impune para siempre y llora estos días mientras se airean sus peores vergüenzas. La mera existencia de las visas black y, sobre todo, su perversa utilización por parte de Blesa y compañía es el mejor ejemplo imaginable de cómo los poderosos, es decir los amos del dinero y los gestores de la cosa pública, nos han estado tomando el pelo durante años, riéndose de nosotros a mandíbula batiente y sin freno posible a sus carcajadas. Banqueros, políticos de todo color, asesores y amigos del rey y sindicalistas saqueando una caja de ahorros que se fue a la quiebra y cuyo rescate hemos pagado todos nosotros, céntimo a céntimo, lágrima a lágrima. ¿En cuántas cajas de ahorros, cuyos consejos de dirección estaban plagados de similares personajes, y en cuántos otros organismos públicos habrá sucedido lo mismo? Imaginar la respuesta resulta pavoroso. 

Tampoco pueden olvidarse el caso Urdangarín, la trama Gürtel, los papeles de Bárcenas, el fraude multimillonario de los ERE falsos de Andalucía, el enorme latrocinio de los cursos de formación, etc...

Pero hay pujoles, matos y blesas, o cosas peores, en cada rincón del país. La enumeración de escándalos, sin contar los ya mencionados, es simplemente propia de una Monarquía bananera: el caso Urdangarín y otras turbiedades que afectan a la Casa del Rey, la trama Gürtel que conseguía innumerables contratos públicos, los papeles de Bárcenas que apuntan a la financiación irregular del partido gobernante, el fraude multimillonario de los ERE falsos de Andalucía, el enorme latrocinio de los cursos de formación en la misma comunidad, el supuesto tráfico de influencias del caso Campeón que se archivó en el Supremo, el caso Palau y el de las ITV en Cataluña... Y esta es solo la cara evidente y chapucera de la corrupción, que tiene otros rostros casi invisibles y más peligrosos, como he tratado de reflejar, y perdonen el autobombo, en la novela Los papeles de Barrabás (Círculo Rojo)

Nada nuevo bajo el sol, por otra parte. Si se echa un vistazo a la Historia de España, solo cabe concluir que la corrupción está tan acendrada que forma parte de nuestra idiosincrasia. Ocurre, sin embargo, que estamos en el siglo XXI y los paganos del sistema nos hemos cansado. Nos hemos hartado de los robos antes mencionados, de la burda politización de la justicia, de los eslóganes vacíos, de los carísimos rescates a los banqueros que previamente nos han esquilmado, de los enchufes de amigos y familiares en la administración, de los gastos desmesurados en dietas y coches oficiales, de los cementerios de elefantes como el Senado y los consejos consultivos, de las escandalosas comisiones en las obras públicas, de las concesiones sin concurso previo, de los políticos que recalan en grandes empresas para forrarse, de los timos legales como las preferentes, de los desahucios sin dación en pago, de las mariscadas de los dirigentes sindicales, etc.. O sea, estamos hartos de que se rían de nosotros, nos roben y nos engañen sistemáticamente todos esos presuntos garantes de lo público que solo han pensado, piensan y pensarán en llevárselo crudo a costa del contribuyente, porque ven la política como una profesión y no como una vocación, porque han elegido como forma de vida, en suma, no pegar ni golpe y moverse en los círculos del poder, donde todo es más sencillo. 

O se refundan las leyes que rigen nuestros destinos o todos acabaremos votando a Podemos, como ya se ha dicho. También hay alguna otra opción política regeneracionista como UPyD y Ciudadanos o la suma de ambos, pero de momento no consiguen enganchar con amplias mayorías. El problema de fondo, por encima de siglas, es que aquellos que tienen las herramientas para cambiar el lamentable estado de cosas, es decir los políticos del bipartidismo, siguen haciéndose trampas al solitario, presos de sus miedos, de sus vicios y sus vetustos esquemas. No quieren el cambio. Les aterroriza. Es verdaderamente penoso asistir a los intentos, vanos y sonrojantes, que han ideado las cabezas pensantes del establishment con la intención de blindarse y seguir manejando y manoseando el cotarro. Sobran los ejemplos. Vamos con algunos muy claros. 

Tres fallidos lavados de imagen

A los cráneos privilegiados del PP se les ocurrió semanas atrás que la mejor forma de regenerar el sistema era cambiar la ley electoral para que gobernase la lista más votada. Voilà. En román paladino, cambiar las reglas del juego antes de terminar el partido para que sea imposible una derrota. Aquí nos cargamos las matemáticas, la lógica y todo lo que haga falta, porque nadie nos va a toser. Con un par. Todo con el peregrino argumento de que es necesario garantizar la gobernabilidad y otras sandeces. Qué cinismo tan pueril. Finalmente, algo de cordura ha llegado a Moncloa y esta suerte de pucherazo ha sido arrumbada en el cajón de las estupideces

En el PSOE apostaron por la hipotética democracia interna para hacerse un lavado de cara que no engañaría ni a Zapatero. Y la cosa les ha salido tan democrática, tan limpia, tan edificante que hasta el español más tonto sabe que Pedrito Sánchez llegó al puesto porque así lo dispuso y ordenó Susana Díaz. O sea, en los partidos tradicionales, en esas dos graníticas organizaciones que han gobernado España en los últimos treinta años, sigue funcionando el comportamiento borreguil de aquellos que solo han nacido para recibir y cumplir órdenes hasta que puedan darlas en su cortijo.

En la Monarquía han estado algo más avispados, precipitando la necesaria sucesión antes de que haya un Parlamento demasiado republicano. Paradójicamente, Felipe VI, representante de una institución obsoleta, y antidemocrática por naturaleza, se ha adelantado a los políticos. Claro que mucho tendrá que predicar con el ejemplo para que sus súbditos olvidemos las flagrantes trapacerías de su padre, el rey saliente, y las travesuras de su cuñado, que en calidad y cantidad son mucho menores, por cierto. La apuesta por la transparencia de la institución será solo otro lavado de cara mientras no conozcamos el patrimonio de toda la Familia Real, no solo el desglose de su presupuesto. 

En suma, sufrimos una crisis institucional repleta de escándalos, a cada cual más doloroso para el ciudadano, y vacía de soluciones por parte de los hacedores del sistema. Y quienes nos gobiernan, sea desde los despachos ministeriales o desde los consejos de administración de empresas y bancos, necesitan un escarmiento que solo puede darse en las urnas. Son ellos, que no han entendido que se les está acabando el chollo o, peor incluso, lo han entendido pero piensan que aún pueden perpetuarse en sus repelentes usos y costumbres, quienes casi nos obligan a votar a Pablo Iglesias y sus muchachos. Su mensaje es populista porque está edificado sobre algunas verdades y mucha demagogia genialmente utilizada en los medios. Y su programa económico es, amén de anticuado, imposible de aplicar porque con casi toda seguridad nos arruinaría en cuatro días. Pero ya no es cuestión de ideologías, sino de la inercia de este sistema corrupto y moribundo. Como repiten tantos y tantos conocidos de toda clase y condición, al menos ellos todavía no han robado


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba