Análisis

Sánchez, de derrota en derrota hasta la victoria final

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. EFE

Le quedan al líder del PSOE más de dos meses, hasta el 8 de mayo, para convencer a su parroquia de que el fracaso sufrido en la investidura no responde a su responsabilidad, sino a la de quienes estando situados en el espectro ideológico de la izquierda no han trabajado todo este tiempo a favor de un Gobierno de cambio. Podemos sigue siendo su diana más clara y a la que con claridad quiere apuntar Pedro Sánchez si hay elecciones el 26 de junio. El candidato ha encarado como un puro trámite su intervención de este viernes, sin la chispa que sí ha tenido la de Mariano Rajoy o la de Albert Rivera. La mayor provocación a Sánchez ha salido de boca del presidente en funciones: “Su fiesta ha llegado al final, usted ha perdido las elecciones con el peor resultado de la historia del Partido Socialista, ha perdido esta investidura, nos ha hecho perder a todos el tiempo, ha generado falsas expectativas y las ha defraudado. Ha puesto las instituciones al servicio de su supervivencia. ¡Y esto también es corrupción!

Los dos tableros en los que Sánchez juega su partida van unidos. En el primero, este viernes ha constatado que no podrá llegar a La Moncloa con la ayuda de Pablo Iglesias, la izquierda con la que el comité federal del PSOE le prohibió gobernar con la excusa del referéndum catalán. En el segundo, se juega no solo su continuidad en la secretaria general, sino también, si hay nuevas legislativas, en el cartel electoral.

El líder socialista Pedro Sánchez ha subido este viernes a la tribuna del Congreso con el estómago de un perdedor

El líder socialista ha subido hoy a la tribuna del Congreso con el estómago de un perdedor, pero con la cabeza de alguien convencido de que, después de la doble derrota del miércoles y el viernes, conseguirá llegar a la victoria final. Su triunfo pende de la salud del acuerdo con Albert Rivera, defendido con ahínco, y de su resistencia en la próxima legislatura que será, previsiblemente, cuando se ponga en marcha la gran coalición. Las principales casas de apuestas no ven a Mariano Rajoy presidiéndola, pero no descartan la presencia en ella de Sánchez y Rivera.

Cada vez está más claro que a lo que aspira Pablo Iglesias es a ser el jefe de la oposición, consciente de que sus plazos no son los mismos que los del PSOE, enfrentado al desafío de no imitar la secuencia del socialismo griego: 173 escaños en 1981 en el Parlamento heleno y 15 en el que ahora controla la mayoría de Syriza. Por eso, quizás, porque dispone de más tiempo que Sánchez, el jefe de Podemos ha combinado esta tarde las payasadas –"Ojalá lo nuestro acabe en el acuerdo del beso", le ha dicho sonriente a la bancada socialista– con potentes misiles. “¿Sabe, señor Sánchez, lo que de verdad le preocuparía al señor Rajoy y a las oligarquías? ¡Que usted pacte con nosotros!”. Es evidente que Iglesias se esforzará de aquí a las elecciones en desmontar la imagen de la pinza con el PP que quiere fabricarle el PSOE esperando la cosecha del 26-J.

El sucedáneo del debate de este viernes alumbra una campaña electoral probablemente más emocionante de lo previsto. En ella, Albert Rivera intentará comerse al PP -a Rajoy le ha recordado su procedencia de la vieja AP y le ha reprochado la falta de sentido de Estado- mientras que Sánchez tratará de cortar la coleta a Iglesias y, si puede, también las orejas y el rabo.


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