Análisis

Vomitando desde el domingo...

Los que tenemos espíritu reformista o regeneracionista, eternos insatisfechos, vivimos de esa manera, instalados en la carencia de algo. Ya no digo nada si además somos también quijotes siempre decantados por el que parte en desventaja. El sábado por la noche, movido por interés digamos profesional, y quizá más por una amistad de años con el entrenador del Real Madrid Castilla, José Manuel 'Manolo' Díaz, y con su jugador Omar Mascarell, eché un vistazo televisivo al partido de este equipo –en racha ascendente espectacular- y el Real Murcia, grupo más irregular aunque dado a mejores resultados como visitante que como local. Característica que, con todo, no garantizaba que llegara a suceder lo que sucedió en la Ciudad Deportiva de Valdebebas. Y ello fue que los murcianos empezaron quedándose con diez nada más comenzar el partido; no obstante, marcaron primero. En el minuto 30, dos mazazos en uno: segundo jugador expulsado, penalti y segundo gol de los jóvenes madridistas, que ya habían empatado poco antes. Real Murcia: visitante ante equipo lanzado, dos goles a uno abajo, nueve jugadores contra once, una hora por delante. Todo lo que no acabara en goleada estrepitosa a favor del Castilla supondría una sorpresa infinita. Pues acabó en empate. Si no lo veo, no lo hubiera creído.

Los pimentoneros empataron nada más empezar la segunda mitad, en inferioridad de dos, insisto. Aún sufrieron otro contratiempo, al tener que substituir a su capitán Acciari mediada esta parte. Pero no se limitaron a montar un bloque compacto, que también, sino que se siguieron atreviendo a contragolpear varias veces, haciendo que el portero castillista, Pacheco, salvara casi tantas veces a los suyos como su homólogo Casto lo hacía con los murcianos. Ver para creer. Los jóvenes del Castilla se colocaron bien, con dos arietes, campo abierto hasta la cal, y también tiraron con insistencia, intentando “sacar” a tapar a sus rivales, pero pecaron con cierta frecuencia de precipitar las jugadas en lugar de mover con paciencia y agotar a sus rivales a través de duelos “dos contra uno”.  El Real Murcia, ni un error individual o colectivo. Maravilloso despliegue de inteligencia y coraje. Premiado con un empate final. Lección suprema de fútbol y sus valores.

El domingo, sorpresa que no es tanta. A estas alturas, ya uno vive desengañado. Escasas líneas en los periódicos deportivos. El cronista de uno de ellos se atreve a valorar individualmente a los jugadores y entrenadores de ambas escuadras. Si se molestan en sacar la nota media, verán que aunque en el texto no deja de remarcar la insólita hazaña, quedarán atónitos al comprobar que para el periodista “especializado” el promedio de rendimiento es prácticamente idéntico (en torno a un siete) en ambos equipos. Para ponerse a llorar.

Domingo y lunes y martes sigue el bombardeo con los ecos del formidable encontronazo Atlético de Madrid-FC Barcelona y el patético numerito del Balón de Oro. Ni una letra, ni una palabra más sobre la gesta del Real Murcia en Valdebebas. Este regeneracionista, este quijote, sigue penando.  Ahora sólo me queda esperar que los lectores que pueda yo tener no me crucifiquen a cuenta de un pretendido antimadridismo… Pero, lo siento: no soy muy optimista.  Aunque añada que si el dichoso Balón de Oro se le hubiera otorgado en la truculenta y amañada ceremonia a Ribéry o a Messi yo habría escrito hoy exactamente lo mismo y seguiría sintiendo el mismo hastío y desprecio por pantomimas de ese jaez. No se olviden: hace muy poco, en una similar, se dio un galardón similar a un gran tenista, Nole Djokovic; lo asqueroso, en este caso, es que un tal Rafa Nadal, en poco más de la mitad de temporada, había ganado más que él…

Insisto: ceremonias que dan ganas de vomitar. Por muchas rubias rotundas que las presenten.


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