Análisis

Sin Puyol, con un Casillas que ya no es Casillas y sin aprender nada de la final de la Confederaciones

Vaya por delante que no vi el España-Holanda. Repito: no lo vi. Asuntos bastante más importantes me reclamaban. Sin embargo, el 2 de Julio de 2013 escribí aquí un artículo con el título Brasil-España, como en el colegio.

Hace ya casi un año, pero si cambiáramos el rival, podría hacer un 'copia y pega' y todos creerían que lo había escrito tras el 1-5 que Holanda le endosó a España. Y eso es lo preocupante, que ese artículo iba sobre la oportunidad de que aprendiéramos de los aciertos y, sobre todo, de los errores tenidos en aquella Copa Confederaciones.

Pero no hemos aprendido, al parecer, nada. Los mismos, idénticos errores cometidos en aquella final de hace once meses se repitieron, punto por punto, con similitud pasmosa. Mala cosa no aprender. Muy mala. A lo escrito entonces añado algunas observaciones:

1. No hay que sorprenderse de que España marcara solamente un gol. Repasen los últimos años y verán que nuestra selección se ha caracterizado por una posesión de balón deslumbrante y una producción real paupérrima. Y hemos flotado más de una vez gracias a algún penalti. Que probablemente lo fueran, vaya, pero eso: más de una vez hemos resuelto esa posesión a través de pena máxima. Y gracias.

2. Si solemos ganar por exiguo margen, ha sido muchas veces gracias a intervenciones providenciales de uno que ya no está. Y sí, soy un pelma. La decadencia de Puyol ha sido, tal como he venido previendo, un auténtico cataclismo para el Barcelona y para España. Estaba escrito. Piqué, Ramos… Excelentes defensas, muy diferentes, con dispares defectos y virtudes, pero que coinciden en una cosa: carencia grave de colocación, criterio y calma. La que les daba, en su equipo y/o en la selección, Puyol. El que ya nunca estará.

3. Y cuando Puyol no estaba, nos salvaban las portentosas intervenciones de Casillas. El Iker de hace uno o dos años y el Iker de hoy son diferentes. Las mismas o parecidas carencias por alto, pero sin la excepcional prevalencia que tenía sobre la raya y en los duelos con los delanteros. Iker fue, probablemente, el peor jugador del Real Madrid en la final de la Champions. Y, desgraciadamente, así sigue. Y ya no nos salva en los partidos reñidos.

4. Finalmente, el hambre. Holanda nos la tenía jurada. Lógico, porque precisamente fue Iker en una de sus colosales noches, el que impidió que el fútbol saldara con los de los Países Bajos la deuda en forma de un título mundial, el que nosotros tenemos. Y ganó el que más hambre tenía. Lógico.

Como arriba escribí, todo esto lo predije hace once meses. No por listo, sino porque era evidente lo que pasaría si no se aprendía de las lecciones de la Confederaciones. No hemos aprendido. Ojalá aprendamos de la debacle del viernes 13. Ojalá. Estamos a tiempo.


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