Análisis

A Roig le cortan las alas, y aquí no se mueve ni Dios

Una campaña demagógica en 2012 contra el presidente de Mercadona nos ha privado de poder escuchar, aunque sea una vez al año, a un hombre que tenía mucho que decir sobre cómo debe España salir adelante, desde luego más que cualquier político.

Juan Roig este jueves en Tavernes Blanques (Valencia)
Juan Roig este jueves en Tavernes Blanques (Valencia) efe

En ocasiones, la obsesión de los medios por un titular viral y las campañas de acoso y derribo en redes sociales tienen efectos negativos, tanto como que una persona con el carisma de Juan Roig, que tenía por costumbre hablar sin pelos en la lengua cada mes de marzo en la presentación anual de resultados de Mercadona, decida de pronto plegar velas vistas las negativas consecuencias de expresarse a calzón quitado, de hablar claro y sin corsés, de sincerarse ante los periodistas siempre ávidos de polémica.

En 2012, Roig sufrió una campaña demagógica digna de estudio. En la presentación anual de resultados en Tavernes Blanques (Valencia), el empresario contaba la anécdota de cómo los 'todo a cien' chinos se habían convertido también en competencia de Mercadona: resulta que una vez acudió a uno de esos establecimientos para ver los cubos que ofrecían y la diferencia de precio con los que se vendían en sus tiendas, y resultó que los chinos ofrecían el mismo producto pero mucho más barato, lo cual le llevó a elogiar la "cultura del esfuerzo" de estos orientales que inundan con sus pequeños comercios los pueblos y ciudades españolas. Un medio decidió que eso era un titular y la rabia o la mala leche de muchas personas, en un contexto de duros recortes sociales y paro galopante, hicieron el resto. Ya estaba claro: Roig quería que los españoles trabajaran como chinos mientras él vivía como un árabe. Demagogia a palo seco. El escándalo estaba servido.

Roig no había querido decir lo que se dijo -o se quiso hacer ver- que había dicho (Mercadona es, de hecho, la empresa de distribución que mejor paga a sus empleados, con una media de 1.420 euros al mes por persona más suplementos) con una frase que, en su contexto, tenía todo el sentido. Pero el mundo de Twitter y Facebook no está para contextos. Chistes de 'El Jueves', revuelo en las redes, titulares de prensa... La frase de marras tuvo efectos indeseados para Mercadona, siempre pendientes sus directivos por atender los dictados de la responsabilidad social corporativa. Y decidieron parar.

Los empresarios que callan

Desde entonces, los periodistas que habitualmente cubren la rueda de prensa de resultados anuales coinciden en que las apariciones estelares del valenciano ya no son lo que eran. Desde el principio quedó bastante claro entre los periodistas que el presidente no contestaría preguntas sobre política, ni sobre la situación económica general, ni por supuesto sobre Podemos. Mucho menos sobre Podemos, ¡hasta ahí podíamos llegar! "He venido a hablar de Mercadona", repitió en alguna ocasión Roig en la mejor tradición de Umbral. Una pena. 

Porque parece que en España está penado pensar diferente, salirse de la linde, criticar al Gobierno aunque lo merezca, en suma, hablar alto y claro como corresponde a un país de hombres y mujeres libres. ¿Tan envidiosos somos que nos molesta escuchar lo que Roig, cuarta persona más rica de España según Forbes, nos podría decir? ¿Acaso no sería edificante escuchar a un Amancio Ortega y los consejos que pudiera dar a las nuevas generaciones, si el empresario leonés no tuviera una fobia congénita a los medios de comunicación?

Muerto Botín (siempre dispuesto a alabar al Gobierno de turno, pero a hacerlo con total libertad), la caterva de empresarios que nos rodea se comporta al respecto con más miedo que vergüenza. Nadie se atreve a decir una palabra más alta que la otra (excepción hecha de un Alierta que ha decidido soltar lo que le viene en gana como 'number one' del establishment patrio).

Todos los días nos desayunamos con la verborrea de cualquier político, mientras los grandes empresarios tienen que guardar silencio

Todos los días nos desayunamos con la verborrea de cualquier político de medio pelo dispuesto a alardear, en el mejor de los casos, de sus 10, 20 o 30 años de arribistas servicios al partido. Pero las personas hechas a sí mismas, los emprendedores que han sido capaces de hacer algo por sí mismos, que han generado riqueza y empleo, guardan silencio por miedo a molestar a los señores que manejan el BOE, o a lapidaciones públicas como la que sufrió temporalmente Roig. El nuestro es, por eso, un país de silencios, a menudo cómplices, un país pobre si aceptamos que la diversidad de opiniones, la crítica fundada, la denuncia con sentido, es lo que suele hacer a los países ricos. Una mala señal de país, por tanto, resignado a sufrir cada mañana el discurso vacuo de tanto político inane, mientras las figuras creadoras de riqueza -por desgracia más bien pocas- callan por miedo a verse escarnecidas. Justo lo contrario de lo que en los USA ocurre con los Gates, Buffet y un largo etcétera, todos grandes empresarios además de referentes morales y éticos. Y por eso, entre otras cosas, España no es Estados Unidos. 


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