Análisis

Mariano Rajoy: de victoria en victoria hasta la derrota final

Urgir al partido a una especie de rebelión a bordo para desalojar a Mariano Rajoy de su fortaleza es un imposible metafísico, y sugerir situar al frente del motín nada menos que a José María Aznar es una broma. Aznar ya no está para libros de caballerías. Está más bien para salir en un mitin a defender el honor de los Prizzi, el pobre desempeño de la alcaldesa del 'relaxing cup', y para seguir haciendo abdominales y dinero. 

El Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy
El Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy GTres

Empecemos por el principio. Un análisis cuidadoso de los resultados de la jornada electoral del pasado domingo desmiente la versión, agitada por una mayoría de medios de comunicación, de que la izquierda ha obtenido un respaldo masivo en las urnas, y por ende la ola del cambio político es imparable. Veamos. El PSOE obtuvo en las municipales de 2011 un total de 6.275.314 votos, cifra que se redujo a 5.587.084 el pasado domingo, lo que equivale a decir que los socialistas han seguido perdiendo apoyo (668.230 papeletas menos) electoral. Podemos, por su parte, ha logrado sumar a los 1.245.948 sufragios conseguidos en las europeas de 2014 los 500.000 que IU se ha dejado por el camino y los casi 700.000 perdidos por el PSOE. Más de 2,5 millones de votos, logrados mediante el reagrupamiento de fuerzas de la izquierda a costa de otros partidos de izquierda.

En la acera de enfrente, el PP logró en las municipales de 2011 un total de 8.476.138 votos, cifra que en la consulta del domingo se redujo a 6.032.496, de donde se deduce que la derecha ha perdido el respaldo de 2.443.642 votantes en los últimos cuatro años. ¿Adónde han ido a parar esos votos? No parece que se los haya zampado Ciudadanos, que ha logrado 1.461.258 sufragios (el 6,5 del total estatal), resultado de sumar al medio millón conseguido por Rivera en las europeas de 2014 la casi totalidad de los votos (1.015.994) cosechados por UPyD en idéntica liza. Lo que equivale a decir que Rivera ha crecido a costa de fagocitar a Rosa Díez. Pero, ¿qué ha pasado entonces con los casi 2,45 millones perdidos por el PP? Pues que se han quedado en casa. Han ido a la abstención. Sucede que la pérdida de poder territorial sufrida por el PP agranda las dimensiones de su debacle, mientras que, por el lado contrario, la posibilidad de recuperar mediante pactos parte de ese poder perdido en 2011 permite a Pedro Sánchez presumir de victoria, a pesar de haberse dejado esas casi 700.000 nuevas plumas en la gatera del 24 de Mayo.

Los 2,45 millones de votantes que desde las europeas le dan la espalda al PP se han vuelto a quedar en casa, no se han ido a C's

Vayamos al futuro: en el laboratorio electoral que maneja el mago Arriola han llegado esta semana a la conclusión de que el partido ha tocado fondo en lo que a pérdida de apoyos se refiere y que ahora llegan las buenas noticias. Primera: esos 2,45 millones que desde las europeas le dan la espalda al PP se han vuelto a quedar en casa, no se han ido a Ciudadanos, incapaz de entrar en el caladero de votos de la derecha. Segunda: el PSOE no parece capacitado para recuperar el voto de centro que perdió en 2011, y las perspectivas en este terreno son aún peores en vista del encame que se anuncia con Podemos en toda España. Tercera: el argumento de la recuperación económica ganará protagonismo en las próximas generales, donde lo que se dirime es quién gobernará España en los próximos 4 años. De manera que la tarea para los próximos meses consistiría en movilizar, en todo o en parte, a ese electorado al que hemos engañado haciendo lo contrario de lo que prometimos en noviembre de 2011, cuyo bolsillo hemos castigado con subidas de impuestos, cuyo sentido del honor hemos mancillado con una corrupción galopante, y a quien, en el fondo, hemos humillado con una forma de gobernar tan distante como arrogante. El estilo Soraya y sus aplicados abogados del Estado.

Naturalmente que la tarea de volver a ilusionar a esos votantes se antoja tan ardua como los doce trabajos de Hércules para un partido que más parece hoy una escombrera que otra cosa. Casi 24 horas tardó Mariano, un legionario, en dar la cara tras la debacle del domingo. Lo hizo el lunes por la tarde y más le valiera haber continuado escondido, porque el martes empezaron las deserciones entre los barones del partido, confundidos y humillados por el atroz inmovilismo de un personaje que dice que no va a cambiar nada del Gobierno (facultad que le compete), pero que tampoco va a cambiar nada en el partido, como si éste fuera su cortijo. Lo sorprendente hasta rozar lo alucinante es que los tales barones opten por irse en silencio, casi por la puerta de atrás, en lugar de enfrentarse al tiranuelo que actúa de parapeto contra toda idea de regeneración. Su respuesta del miércoles en los pasillos del Congreso fue majestuosa: “Bueno, algunas personas han decidido irse…” Ellas sabrán, pero aquí no pasa nada, impasible el alemán, prietas las filas, solo que la tropa es cada vez más escuálida. Carmen Martínez Castro y Rafael Hernando sonreían complacidos tras las espaldas de un Mariano asediado por micrófonos. De victoria en victoria hasta la derrota final. No pasa nada.

Mariano no es Maquiavelo

La impresión es que esto está visto para sentencia. Pretender a estas alturas cambiar el alma de Rajoy es una aspiración insensata. Mariano no es ese pérfido Maquiavelo que algunos sugieren, el malvado dispuesto a convertir las próximas generales en un “yo o el caos”, “yo o la destrucción del orden social”, para lo cual necesita acrecentar el miedo de las clases medias a la llegada de un Gobierno presidido por “el coletas” dispuesto a recortar libertades y arramblar con la propiedad privada, porque el pánico al hundimiento del PP es la única forma que concibe de conservar el Poder. Él es sencillamente un conservador de provincias, un registrador de la propiedad cuya fibra moral se ha demostrado claramente insuficiente para el nivel de exigencia que reclama la tarea de gobernar España en las actuales circunstancias.

Urgir al partido a una especie de rebelión a bordo para desalojarlo de su fortaleza es un imposible metafísico, y sugerir situar al frente del motín nada menos que a José María Aznar, querido Pedrojota, es una broma. Aznar ya no está para libros de caballerías. Está más bien para salir en un mitin a defender el honor de los Prizzi, el pobre desempeño de la alcaldesa del relaxing cup, y para seguir haciendo abdominales y dinero. ¿Rebelión? Mariano es el amo y en su finca no se mueve una hoja sin su permiso. Él ha decidido caminar impertérrito hacia el precipicio del próximo noviembre rodeado de su grey, y eso es lo que hará, llueva, nieve o caigan chuzos de punta. La derecha española hace tiempo que decidió suicidarse, y nada ni nadie parece dispuesto a cambiar tan lúgubre destino.

La diarrea de los poderes económicos llega en algunos casos, tal que el de Villar Mir, a jalear la llegada a la alcaldía de Carmena

Quienes defienden soluciones liberales y de progreso para España están, por eso, obligados a empezar a pensar ya en 2019, en preparar una alternativa liberal para dentro de cuatro años, en ayudar a nacer a una nueva derecha democrática y moderna, laica y sin complejos, defensora de las libertades individuales y de la iniciativa privada, enemiga radical de la corrupción y avanzada del mérito y el esfuerzo, volcada en la cultura y el progreso… Arrimar el hombro en el alumbramiento de esa nueva derecha desprovista de cualquier vestigio franquista y rezar. Rezar mucho. Y poner velas a todo el santoral para que España y sus cuentas públicas no se vayan por el sumidero del despilfarro bajo ese remedo de frente popular que se avecina y que tan escandalizado tiene a Felipe González y a la propia Susana Díaz, por no hablar de los poderes económicos, cuya diarrea llega en algunos casos, tal que el de Juan MiguelVillar Mir, a jalear la llegada a la alcaldía madrileña de Manuela Carmena.

La Carmena quiere dedicar 79 millones a la compra de alimentos para atender las necesidades de 106.000 madrileños, ni uno más ni uno menos, “que deben ver garantizado su derecho a la alimentación”, porque “el acceso a los alimentos es un derecho básico de las personas empobrecidas”. Pero la señora quiere también “garantizar el derecho” (sic) de los necesitados capitalinos a la vivienda, la energía, el agua y la sanidad. El Ayuntamiento ya destina 460 millones al “gasto social”, que no es moco de pavo, una de las razones por las cuales los impuestos directos (IBI y compañía) subieron durante el reinado de la Botella un 27%, pasando de 1.686 a 2.133 millones, una cifra, con todo, que se antoja apenas el aperitivo de lo que necesitará Ay Manuela para cumplir su programa, de modo que los madrileños ya pueden ir preparando el bolsillo para lo que se les viene encima, porque la bella abuela de la izquierda ha dicho que “Madrid es una de las capitales de la pobreza de Europa”, tal cual, y que eso no se puede consentir.

Una reedición de la pelea Besteiro-Largo Caballero

Y esa va a ser la tónica allí donde gobiernen coaliciones de izquierda. Habrá que ver si Bruselas consigue parar el tsunami de gasto que se avecina. Porque todo son promesas de gasto. Ni una línea sobre cómo hacer crecer el PIB, cómo acelerar la creación de riqueza, cómo aumentar la aparición de nuevos empresarios y por ahí. Se trata de repartir, no de crear. Eso, en lo social, porque, en lo político, la izquierda que pretende liderar Sánchez parece dispuesta a extender el certificado de defunción del régimen de la Transición –pura evidencia-, para abrir en canal la Constitución del 78 sin una idea clara de qué es lo que se quiere hacer y en qué dirección caminar. El PSOE está a punto de dar uno de esos pasos de auténtica dimensión histórica, equiparables, salvadas todas las distancias, a la pelea que en los años 30 del siglo pasado enfrentó a Besteiro con Largo Caballero, un paso consistente en abandonar la senda constitucional por la que ha caminado en los últimos 40 años para embarcarse, del brazo de la izquierda radical, en otra cosa, lo que dejaría a un desprestigiado PP como el único representante del sistema constitucional.   

Pero Mariano no se inmuta. Mariano se asustó mucho el martes cuando vio el desfile de barones amilanados y gallinas, y anunció unos  cambios que nadie logra avizorar. Lo más probable es que, pasado el momento de pánico, Mariano vuelva a fumarse un puro mientras contempla la etapa reina del Giro de Italia. Ayer anunció en Barcelona que naturalmente volverá a ser candidato a la presidencia en las generales de noviembre, y ya ha adelantado a los fondos de inversión que las va a ganar. ¡Olé tus cojones, Silvestre! La traslación de los resultados del 24-M a unas generales otorgarían al PP entre 115 y 120 diputados, una cifra claramente insuficiente para formar Gobierno ni siquiera con la ayuda de Ciudadanos. Es verdad que la oleada de fervor hacia la izquierda en las urnas ha sido más ficticia que real, pero el viento de la historia parece imparable. Habéis convertido al PP en un partido tan profundamente antipático, habéis cabreado tanto a tanta gente, Mariano, Sorayicaet altri, que vuestro destino está escrito en el viento. La pena es que el precio de vuestra fatal arrogancia lo vamos a pagar todos.


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