Balance del curso de Mariano Rajoy

Triunfalista en lo económico, implacable con la secesión

Rajoy se apoya en dos puntales para ganar las elecciones generales: la recuperacón económica, de que que se mostró orgullosos en su baance de final de curso, y el fantasma de la inestabilidad política si se repite lo ocurrido en las municipales.

El repaso del curso que culmina ha permitido a Rajoy exhibir un muestrario de datos económicos muy positivos en todos los frentes. Déficit, empleo, crecimiento, inversiones, turismo, industria... "Unos frutos que tan sólo estamos empezando a recoger". El presidente lo resumió con una expresión clara y contundente: "España ha entrado en un círculo económico virtuoso" que ya palpa la ciudadanía en aumentos de salarios a algunos colectivos, rebajas fiscales, nuevas inversionespúblicas. "Hay que devolver a la gente el esfuerzo que se les ha reclamado estos años", es el nuevo mantra de la Moncloa en estos meses previos a las elecciones. Y adelantó algunos puntos que suenan muy bien en un programa electoral: Ayudas a las familias, a los dependientes, más becas, más I+D, más infraestructuras. Toca arrinconar los recortes y los sacrificios porque estamos creciendo, y eso facilita la posibilidad de actuar con medidas que benefician directamente a la gente, a su bolsillo y sus familias.

Las cifras del desempleo

Muy orgulloso y ufano por lo conseguido hasta ahora se mostró Rajoy en su comparecencia, apoyado en unos gráficos que subrayaban con datos sus explicaciones. Incluso uno de este mismo viernes, del Eurostat, que destaca que el 56 por ciento de quienes han abandonado el desempleo en Europa son españoles.

Tocaba sacar pecho y exhibir los logros obtenidos. Ha sido el balance del curso más optimista desde que el PP llegó a la Moncloa

Tocaba sacar pecho y exhibir los logros obtenidos. Ha sido el balance del curso más optimista desde que el PP llegó a la Moncloa. Por eso, el presidente evitaba preguntas sobre 'el pasado', sobre errores cometidos, como en Cataluña, en el aborto, en la corrupción. No era el día para la autocrítica ni para los golpes de pecho. El PP representa la estabilidad, lo que se traduce en prosperidad. Ningún otro partido, no a insinuar, puede decir lo mismo.

Con cifras tan favorables, el presidente insistió en los peligros para el futuro de España. Nada nuevo, pero los subrayó en forma contundente. La incertidumbre política, y ahí se centró en el desafío independentista de Cataluña. La pérdida del crédito adquirido, y ahí denunció la actitud de la oposición que tan sólo pretende destruir las reformas aprobadas, lo que acabaría con los resultados hasta ahora obtenidos. Y todavía la sombra de Grecia, que, dijo, confía en que vaya por el buen camino.

Se explayó con contundencia en el órdago nacionalista catalán. No le asusta la lista electoral armada por Mas, de la que recordó que está encabezada por un antiguo comunista, ni cree en que los secesionistas se saldrán con la suya. Es imposible, "vamos a defender las leyes, es nuestra obligación, para que los siete millones de catalanes sigan siendo catalanes, españoles y europeos. Defendemos como siempre la unidad de España, la soberanía nacional y la igualdad de todos los españoles". Y apuntó que la respuesta del Gobierno ha sido la que tenía que ser, prudente, proporcional y sin ningún tipo de abdicación con lo que dicta la Carta Magna. "Habrá elecciones, por supuesto, pero no serán plebiscitarias porque tal cosa no existe, como tampoco existió el referéndum que hicieron pasar por tal".

Dio por sentado que con el presidente de la Generalitat es imposible hablar de nada en estos momentos, porque lo único que plantea es algo que no está en las leyes. "Su Gobierno debería prestarle más atención a la gente, a la gestión de sus necesidades".

El futuro político tras los comicios sigue siendo una incógnita. "Habrá que hacer números", dijo cuando se le plantearon posibles pactos en el ámbito de Cataluña con Ciudadanos o con Unió. "Todos saben más o menos con quienes podemos pactar" señaló. Más explícito se mostró cuando se le habló de una 'gran coalición' con el PSOE después de las generales, en aras de la estabilidad. Recordó los pactos de los socialistas en Castelldefels y en Badalona, de la mano con independentistas y radicales de izquierda. Y ahí entró en su otro argumento electoral: la incertidumbre que generan acuerdos o pactos que se están viendo en algunos municipios, con gobiernos tripartitos y cuatripartitos que no generan más que inquietud.

La corrupción fue un pasaje menor en su comparecencia, habló de 'actitudes poco edificantes' de gente de su partido, y enarboló las medidas legislativas aprobadas por su gobierno, como por ejemplo la devolución de lo robado por los corruptos o el portal de transparencia. "Pero miremos al futuro", insistía Rajoy, poco dado a escarbar en errores que considera agua pasada.


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