Análisis

Las mentiras de Manuela: "Soy absolutamente independiente"

Cuando se lanzó su candidatura, los problemas de Juan Carlos Monedero con Hacienda y el escándalo de la 'pasta' recibida de Venezuela estaban en su apogeo y era evidente que ello podía dañar las posibilidades electorales de Ahora Madrid.

Manuela Carmena durante un acto de la campaña electoral.
Manuela Carmena durante un acto de la campaña electoral. GTRES

El domingo se descubrió el pastel. Un reportaje innecesariamente largo tirando a farragoso, redactado con ese espíritu militante que distingue a algunos jóvenes periodistas encandilados con la izquierda, relataba cómo Manuela Carmena, la bella abuela de la izquierda madrileña, fue captada por Podemos muchos meses antes de la jornada electoral del 24 de mayo para encabezar las listas de Ahora Madrid a las municipales de la capital del Reino. Relataban los reporteros que la señora se resistió con determinación hasta en media docena de veces, hasta que al final terminó cediendo. Aunque no hacían ninguna alusión al asunto, parece evidente que en el compromiso iba la promesa, acuerdo previo mediante, de ocultar la presencia de Pablemos y sus chicos tras las bambalinas del Ahora Madrid.   

Y la señora se empleó a fondo en desmentir cualquier posible relación entre las partes. Los problemas de Monedero con Hacienda y el escándalo de la pasta recibida de Venezuela estaban en su apogeo y era evidente que ello podía dañar las posibilidades electorales de la candidatura. Maduro, qué le vamos a hacer, no goza de buen cartel por estos pagos. El caso es que en una comparecencia en el programa Un tiempo nuevo de Telecinco, la cadena amiga, emitida el 4 de abril, Manuela aseguró con rotundidad que "nunca hubiera aceptado liderar un partido. Y aunque en Ahora Madrid hay gentes de otras formaciones políticas, es una agrupación de ciudadanos, una candidatura de personas que no está vinculada a ningún partido". Manuela insistió en que Ahora Madrid no tenía "ninguna vinculación orgánica con Podemos", y ella mucho menos: "No tengo nada que ver con Podemos. No estoy próxima a esta organización política. Me encantará que me apoye la gente, pero desde mi condición de absolutamente independiente".

Lenin decía que la mentira es un arma revolucionaria. También decía que una mentira repetida muchas veces termina convertida en una gran verdad. Tú te has esforzado lo tuyo

No fue la única vez en que doña Manuela reafirmó su condición de "independiente", y siempre con esa determinación, ese desparpajo que la feligresía de la izquierda radical emplea a la hora de proclamar su doctrina como la única verdadera. Es verdad que todo estaba claro desde el principio, y que bastaba mirar a vuela pluma la lista de integrantes de la misma para entender enseguida de que iba la vaina de un Ahora Madrid trufado de viejos y jóvenes militantes del PCE. Quienes engrosamos las filas del camarada Carrillo en vida del general Franco conocemos bien el paño. Aquellas huelgas generales culminadas con éxito rotundo a las que acudían cuatro gatos, cuatro animosos militantes dispuestos a dejarse aporrear por los grises; aquellas manifestaciones multitudinarias de cien camaradas prestos todos a echar a correr en desbandada; aquellas memorables jornadas de la Junta Democrática del año 73, en la que se integraba una miríada de sindicatos, asociaciones vecinales y movimientos profesionales, todos, o casi todos, meros y minúsculos satélites del PCE, todos manejados con puño de hierro por el propio PCE.

La mentira como arma revolucionaria

De modo que sí, Manuela, conocemos bien la mercancía. Lenin decía que la mentira es un arma revolucionaria. También decía que una mentira repetida muchas veces termina convertida en una gran verdad. Tú te has esforzado lo tuyo. "Si yo estoy aquí es porque quiero mejorar la política, cambiar la forma de hacer política, olvidar la política-espectáculo. Gobernar es complicado y es muy importante escuchar y trabajar con los que se escucha para poder responder y preparar alternativas". Escuchar está muy bien, ¡ay Manuela!, pero engañar a la gente está mal, pero que muy mal. Un benefactor de los pobres como Paulo Freire te enseñó el camino, Manuela: "La verdadera revolución, tarde o temprano, debe instaurar el diálogo valeroso con las masas, porque en él radica su legitimidad y no en el engaño o la mentira". Porque es la verdad la que es siempre revolucionaria, de acuerdo con el célebre Gramsci, y tú, Manuela, has mentido, has utilizado la mentira con fines políticos, que es quizá el peor uso, el más despiadado, que se puede hacer de ella, la mentira como "la primera de las fuerzas que mueven el mundo", según constató Revel.

Estamos dispuestos a admitir, pelillos a la mar, que se trata de una mentirijilla, un pecado venial, porque solo a algún ingenuo o a alguien muy lerdo podías engañar con un montaje como el de Ahora Madrid. Te admitimos pulpo como animal de compañía. Pero aunque la progresía que te venera haya pasado de puntillas sobre el episodio (¡y hay que ver como se cabrea esa parroquia con las mentiras y los incumplimientos de Rajoy, y eso que ellos no le han votado!) deberías decir algo, Manuela, deberías explicar lo ocurrido y tal vez incluso pedir disculpas, porque aunque solo hayas engañado a una mínima parte de los que te han votado, esos pocos merecen ser tratados con todo el respeto del mundo por alguien como tú, tan dispuesta a "escuchar" y "entender" los problemas de la ciudadanía, tan presta a establecer una "estructura de escucha enorme" (sic) en el Ayuntamiento de Madrid. Te hemos tomado la matrícula, Manuela, mentirosilla, y será difícil que a partir de ahora te compremos no ya un coche usado, sino unos simples patucos en esa preciosa tienda tuya de Manuela Malasaña, aunque quizá Villar Mir esté dispuesto a comprarte la tienda entera, que él es hombre de parné.


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