Análisis

Gala León, la opción más barata para la Federación y excusa perfecta para los tenistas sin compromiso

La nominación de Gala León como capitana de la Copa Davis tiene una explicación mucho más prosaica de la que se está deslizando por los medios: es la opción más barata. Sí, claro, lo normal es irse al sexo, a un extremo y otro y valorar desde ahí, pero el principal motivo para colocar a Gala como jefa es el dinero.    

Para la Federación Española de Tenis es un drama estar en segunda división masculina del tenis. Es un organismo acostumbrado a la élite y a los presupuestos de la élite. Las federaciones, incluso las que son fuertes, han sufrido mucho en el último lustro. Decayeron las subvenciones porque el Estado no tenía dinero. Desaparecieron algunos patrocinadores, que decidieron refugiarse con la crisis y no gastar en publicidad.

En el caso del tenis, cuando se ganaba, no había problema. La mejor manera que se ha encontrado para sacar dinero en el ente ha sido la Copa Davis. El objetivo era llenar el mayor estadio posible al precio más alto, es decir, maximizar los beneficios. Algunos se quejaban de lo que costaban las entradas, e igual tenían razón, pero el presupuesto federativo gravitaba alrededor de ese ingreso concreto, motivo suficiente para intentar optimizarlo. A eso se suma el atractivo para los pocos patrocinadores que aún ponen dinero en deporte, que difícilmente se acercarán a la Davis si España deambula por los desconocido.

Es labor imposible satisfacer todos los estratos de la federación sin la aportación que tiene la Copa Davis de los años buenos. La Fed Cup es deficitaria, el CAR cuesta dinero y a eso se suman también los numerosos gastos, no pocas veces superfluos, que tiene el deporte español, una partida que a nadie gusta (directivos, convites, viajes, promoción…) pero que está demasiado enraizada como para quitarla. Las elecciones, la espada de Damocles de los dirigentes, tienen mucho que ver con esos gastos y aunque todo trabajador de una federación sabría por donde cortar para que las cuentas saliesen mejor es difícil que sean esos los cambios que se hagan desde las directivas.

Gala León es, a buen seguro, la opción más económica entre todas las posibles. Ya trabaja en el ente y, aunque no está especificado, es posible que asuma las nuevas funciones solo a cambio de bonus por objetivos. Es, en todo caso, más sencillo que buscar una estrellona y ponerse a negociar un precio, algo altamente complicado, entre otras cosas porque acostumbran a cifras que un puesto así, en segunda división, no alcanza.

No es el único motivo, por supuesto. En el tiempo de esta junta directiva siempre se ha mostrado una gran sensibilidad por hacer cosas que nadie había hecho antes, especialmente en cuestiones con raigambre social. Gala León es el último escalón después de la firma de tratados y convenios varios para mostrarse modernos, progresistas y abiertos a la sociedad. Ninguna crítica a esto, siempre que sea una cuestión de principios y no cosmética.

La próxima temporada será difícil para España. A nadie le interesará lo que haga el equipo, pues es difícil acostumbrar a la casquería a quien se mueve entre delicatessen. La federación perderá dinero donde tenía que ganarlo y los jugadores, casi todos ellos poco comprometidos, igual se hacen los locos y evitan acudir a salvar al equipo. Buena excusa han encontrado con el nombramiento de Gala León, que tiene muy escasa relación con la mayoría de ellos, como han reconocido todas las partes. La otra excusa, el formato de la competición, ya lleva formulada mucho tiempo y ha sido recurrente para unos cuantos.

El compromiso de los deportistas con la selección (y por extensión, con España) es más bien escaso, aunque haya algunos tenistas que siempre salgan indemnes de cualquier crítica. Rafa Nadal, el más grande de todos ellos, tiene especial renuencia a jugar en pistas duras fuera de España. Son varios los casos en su carrera en los que ha elegido otros caminos que no eran la selección. Visto en perspectiva se puede entender, juega por sí mismo, pelea por ganar el mayor dinero posible pues es su carrera y mira por su futuro. En buena lógica, como deportista profesional, su tiempo no será eterno. Sus decisiones, a pesar de que muchos siempre salvaguarden su imagen, son también discutibles. Es extraño como se elogia su compromiso cuando en su historial hay varias ausencias notables en la Copa Davis. Y, como de él, del resto, que en muy pocos casos (¿Granollers?) se salvan.

Será difícil el próximo año cuadrar los presupuestos de la RFET, que se encontrará con recortes de toda clase y condición. Y eso también repercute en las elecciones próximas, pues si el actual gestor se quiere presentar no tendrá buenas perspectivas con un agujero en los números. Todos necesitan que España suba al Grupo Mundial y que en el siguiente año juegue en casa y con éxito. De conseguirlo todo irá bien, pero es solo una de las muchas posibilidades que se abren en el futuro. Habrá que esperar a que se sucedan los hechos.


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