Análisis

El patriotismo, último refugio de los canallas

La recurrida frase de Samuel Johnson nunca cobró mayor sentido que ahora, en este fin de semana en el que hemos asistido a la indecente comparecencia de Jordi Pujol, el gran evasor, que se dedicó a abroncar a los representantes del pueblo en sede parlamentaria, arrogante y fiero. 

La recurrida frase de Samuel Johnson nunca cobró mayor sentido que ahora, en este fin de semana en el que hemos asistido a la indecente comparecencia de Jordi Pujol,el gran evasor, que se dedicó a abroncar a los representantes del pueblo en sede parlamentaria, arrogante y fiero, con una petulancia indigna y lacerante. Y al tiempo, a Artur Mas, investido de gran conductor del proceso separatista, firmando el decreto de convocatoria para el plebiscito independentista e ilegal. "El patriotismo es el último refugio de los canallas" es la célebre frase, ahora perfectamente adaptable a una Cataluña adormecida, hipnotizada y abducida por los cánticos épicos de la secesión y la gloria.

Con Rajoy todavía en Pekín, el presidente de la Generalitat ha protagonizado una ceremonia que supone el primer paso de una Cataluña enaltecida rumbo a la secesión. El cronograma estaba perfectamente ajustado. El pomposo ceremonial estaba organizado para el momento preciso, milimétricamente diseñado para apagar los ecos de la atrabiliaria intervención de Pujol, en la que lejos de rendir cuentas, ofrecer datos y pedir disculpas, optó por reivindicar su catalanismo, el de su padre y el de su régimen. Refugio de canallas. La clase política que el sábado aplaudía el latrocinio, la inmoralidad y el delito, ovacionaba babeante el acto de la firma que abre el camino a la independencia. ¿Bye, bye Cataluña? Apenas las palabras de Albert Rivera en la Cámara intentaban un débil y minúsculo contrapeso. Treinta años de propaganda y mentiras no se pueden frenar en seco con apenas un par de autos del TC.

El Gobierno de Rajoy recurrirá, como está previsto, la convocatoria y la celebración del plebiscito. Y el Constitucional hará su función. Pero en la Plaza de San Jaume se pudo palpar este sábado el efecto de tanta desidia, dejación y hasta de colaboración y complicidad que los gobiernos de Madrid han dispensado al nacionalismo catalán. Estos son los lodos, la inmunda realidad en la que no hay un sólo culpable

Puede que política y judicialmente pueda ponerse coto al órdago separatista. Pero el mal ya está hecho. La cizaña ha crecido. El sentimiento antiespañol ha enraizado y nuestro país es ahora un poco más débil, un poco más difuso, un poco menos nación. Toca ahora responder con el vigor democrático del Estado, con la fuerza de la Constitución y de las leyes, con el imperio de las normas democráticas. Sáenz de Santamaría dio una lección de serenidad, firmeza y contundencia frente al exceso ornamental y mediático de la Generalitat. Recordó, sencillamente, que nada de lo que está haciendo Mas sirve de algo. Y Mas lo sabe. De ahí el ridículo estrepitoso de su manoteo delirante y falso. Pero, eso sí. Los canallas que saquearon las arcas de su patria durante décadas se han envuelto inmediatamente en la bandera y son aclamados como líderes prometeicos.


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