Análisis

Una Infanta de España apunta y dispara contra la Casa Real

   

La infanta Cristina con su esposo.
La infanta Cristina con su esposo. EFE

Una estrategia de defensa previsible pero no por eso menos estudiada. Cristina de Borbón y Grecia ha dejado este jueves una cosa muy clara ante el tribunal que la juzga: ella confía a ciegas en su marido Iñaki Urdangarin.

Durante los veinticuatro minutos que ha respondido a su abogado no ha dudado ni un sólo segundo de la honorabilidad de su esposo quien se enfrenta, nada más y nada menos, que hasta 19 años y medio de prisión al coleccionar la imputación de casi de una decena de delitos relacionados con la corrupción. De hecho, pensar que Urdangarin se va a librar de entrar en prisión es desconocer el Código Penal.

Sin embargo, la hermana de Felipe VI ha afirmado con rotundidad ante las magistradas de la Audiencia de Palma y ante España entera -pendiente del momento histórico que supone ver a una Infanta sentada en el banquillo de los acusados- lo siguiente: "Confío plenamente en mi marido, estoy convencida de su inocencia y de que siempre ha estado bien asesorado".

La Infanta ha señalado que si entró a formar parte de la mercantil Aizoon es porque previamente lo consultó con García Revenga

De esta afirmación se desprenden dos ideas que reflejan el sentir de Cristina de Borbón y Grecia. Una, que la Infanta sigue siendo una mujer muy enamorada, pese a la deshonra que ha vivido debido a las aventuras empresariales de Urdangarin, como estar exiliada fuera de España o ser despojada de su título de Duquesa de Palma; el mismo que le concedió su padre el día que se casó con el jugador de balonmano. Y, dos, que indirectamente la Infanta culpa a la Casa Real de los negocios ilícitos llevados a cabo por su esposo en torno al Instituto Nóos. La relación de Cristina de Borbón con su hermano y su cuñada Letizia está rota y eso ha quedado reflejado en su interrogatorio. Ella "estaba convencida de que su marido siempre ha estado bien asesorado". Esta palabras son todo un dardo envenadado ya que el propio Urdangarin ha declarado que él hacía todo con la supervisión del secretario de las infantas, es decir, de la Casa Real.

"Yo no daba un paso en mi vida sin consultarlo con García Revenga", dijo el ex Duque de Palma sobre el secretario personal de las infantas Cristina y Elena. Ella hoy ha apoyado esa tesis. Ha señalado que si entró a formar parte de la mercantil Aizoon es porque previamente lo consultó con García Revenga y éste, a su vez, con el asesor fiscal de la Casa Real, Federico Rubio. Nadie apreció ningún problema y por eso ella fue copropietaria al 50 por ciento de la empresa pantalla por la que este jueves se ha sentado en el banquillo de los acusados. Además, cuando su abogado Pablo Molins le ha preguntado que en quién confiaba ella en la época de la constitución de Aizoon, Cristina de Borbón ha nombrado como una de las personas de su máxima confianza al conde de Fontao, José Manuel Romero Moreno, junto con su secretario personal.

Es verdad que la Infanta se ha acogido a una estrategia de defensa bastante común: una esposa ignorante -que no tenía conocimientos contables, ha dicho-, que estaba al margen de los negocios de su esposo y centrada en la educación de sus hijos pequeños. Si esta estrategia resulta creíble o no para la justicia, es algo que deberán determinar las tres magistradas que la juzgan. De momento, resulte inocente o culpable, la hermana de Felipe VI ha lanzado un mensaje muy claro a los actuales Reyes: estará hasta el final con su marido.


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