Análisis

Wert, Gomendio y la conciliación que trae de cabeza a Moncloa

A ella la ha fichado la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE); a él no se le conocen novias, pero quiere dejar la cartera de Educación para acompañarla por 'la cité de l'amour'. Ha pedido a Rajoy que lo nombre embajador ante el mismo organismo. ¿Qué fue de la estética?

Montserrat Gomendio y José Ignacio Wert.
Montserrat Gomendio y José Ignacio Wert. EFE

La exsecretaria de Estado de Educación Montserrat Gomendio sabe desde el pasado abril que su futuro inmediato pasa por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), donde ejercerá como directora general adjunta de Educación. Gomendio salió del Gobierno el pasado 29 de mayo y ya trabaja en su aterrizaje en este organismo internacional. Pero no sólo este cambio de aires figura en sus planes: también aparece el próximo enlace matrimonial que contraerá el 11 de julio, según algunos medios, con el que ha sido su jefe durante los tres últimos años, el actual ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert

La OCDE sería una salida por la puerta de atrás, pero demasiado agradecida para quien ha encadenado polémica tras polémica en su departamento

A ella, científica y rica (declaró en 2012 una fortuna de 14,5 millones de euros) la ha fichado la OCDE, con sede en París, por su "profundo conocimiento" del ámbito educativo y "tras un riguroso y exigente proceso selectivo". Sin embargo, a él no se le conocen novias, pero quiere dejar la cartera ministerial para acompañarla por la cité de l'amour. Wert ha pedido a Rajoy que lo nombre embajador ante el mismo organismo. La conciliación familiar de esta pareja trae de cabeza a Moncloa, donde altos cargos y algún ministro no ocultan su mosqueo ante lo inoportuno y lo desacertado que entraña el ruego de Wert, a estas alturas de la legislatura. ¿Qué fue de la estética?

En lugar de quedarse a dar la cara y defender su gestión en el poco tiempo que falta hasta las generales de noviembre, unos meses que se presumen complicados, el ministro puede dejar a sus compañeros en la estacada. La OCDE sería una salida por la puerta de atrás, pero demasiado agradecida para quien ha encadenado polémica tras polémica en su departamento. De la controvertida Lomce y el real decreto 3+2, que originaron sucesivas huelgas estudiantiles, y la rebaja de las 'becas Erasmus'a la criticada reforma de la Propiedad Intelectual, que puso en pie guerra a los internautas, pasando por la inacción ante la subida del iva cultural del 8% al 21% o ajustes demasiado severos en el área de Cultura.

En el cuerpo diplomático tampoco sentará nada bien que un "no profesional" como el exministro termine en la citada legación

Asimismo, en el cuerpo diplomático tampoco sentará nada bien que un "representante no profesional" como el exministro termine en la citada legación, recordando al gusto de Zapatero por nombrar embajadores políticos, algo que parecía haber sido superado, más allá del caso de Trillo (Arístegui sí es diplomático), con la Administración Rajoy.

Sin embargo, la hemeroteca deja episodios inmortales, reveladores, incontestables. Fue el propio Gustavo de Arístegui, quien en su etapa como portavoz de Exteriores del PP, allá por 2008, acusó al Gobierno socialista de utilizar las embajadas de España como "premios de consolación" para los ministros salientes. Y en aquella lista estaban la exministra de Educación María Jesús Sansegundo, nombrada representante de España ante la UNESCO, y la extitular de Medio Ambiente Cristina Narbona, embajadora ante la OCDE. Voilá, Wert como Narbona, Narbona como Wert. La política diplomática al servicio de los intereses del partido.

Una coincidencia nada casual

En el caso de Wert, lo indecoroso llega agravado por cuanto se utiliza al Estado como pretexto para placeres mundanos. ¿Acaso el ministro de Educación es un curtido economista para ocupar la embajada de la OCDE, donde el Ministerio de Economía también debe avalar al candidato? Esta escena no hace sino recordarnos a la de Horacio Oliveira, protagonista de Rayuela (1963), obra maestra de Julio Cortázar, cuando relata que "tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts…"

Así esperaba Horacio, intelectual como el ministro Wert pero algo más joven, a su media naranja, La Maga. Si Wert termina en París, pocas semanas después que su futura esposa, bien difícil tendrá disimular aquello de que "un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas...", como decía Horacio. Y Rajoy, que aguante su vela.


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